La dimisión de Michelle Bachelet – Claudio Hohmann



Un regalo griego (Ascanio Cavallo),
Un regalo envenenado (Daniel Mansuy),
Una candidatura inviable (Gonzalo Cordero),
Una emboscada diplomática (Jorge Ramírez),
Una jugada maestra (Max Colodro), y
La política de la “encerrona” de los hechos consumados (Jorge Schaulsohn) son algunas de las críticas expresadas por columnistas sobre la candidatura de Michelle Bachelet para la Secretaría General de la ONU.

Estas opiniones no son meras percepciones personales; representan un problema más amplio que merece atención, dado que se refiere a un asunto de Estado en lugar de uno netamente político. La viabilidad de la candidatura de Bachelet es cuestionable, y a menudo se menciona el poder de veto que Estados Unidos podría ejercer ante candidatos no deseados, lo cual incluye el caso de Bachelet. Sin embargo, se ignora que China posee el mismo poder y podría usarlo si así lo cree necesario. Las posibilidades de Bachelet dependen, inevitablemente, del contexto geopolítico y de los líderes de las superpotencias, en un mundo que se encuentra en constante reconfiguración.

Además, estudios de opinión indican que solo una minoría de los chilenos apoyaría su candidatura a la ONU, lo que refleja la erosión de su imagen tras haber sido una de las figuras más populares en la política chilena. Cuando las encuestas mostraron que su candidatura a la presidencia en 2025 no era competitiva, Bachelet optó por retirarse, considerando que el costo de una derrota sería muy alto para su imagen tras haber ganado dos elecciones y gobernado durante ocho años. Si hubiera mantenido su candidatura, dicha derrota podría haber sido tan significativa como la sufrida por Jeannette Jara en diciembre pasado.

“La expresidenta no se ha inscrito para perder”, escribió Ascanio Cavallo en La Tercera. Si realmente lo que se avizora es una derrota, ya sea a manos de un veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, es posible que Bachelet considere renunciar a su candidatura. No solo por el riesgo de fracasar, sino porque la forma en que se ha presentado su candidatura carece de la formalidad que requiere un asunto de Estado, pareciendo más bien un movimiento político de la izquierda local, respaldado por los gobiernos de Brasil y México, lo que limita seriamente el apoyo que podría recibir.

Si esta iniciativa es efectivamente “una jugada maestra” del actual oficialismo para causar un daño político al Presidente electo, como argumenta Francisco Covarrubias —“si me lo quitas, me muero; si me lo dejas, me mata” —, entonces la estrategia se ha despojado de su propósito inicial de beneficiar a la nación y se ha convertido en una maniobra política, un “regalo envenenado” que podría resultar costoso tanto para Bachelet como para el sistema político en general (El Líbero).

Claudio Hohmann

Con Información de www.nuevopoder.cl

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