Claro, aquí tienes el contenido reescrito:
¿Existen dos izquierdas? Esta cuestión surge tras el encuentro del viernes, donde el PS, la DC y otros manifestaron una distancia tácita del Frente Amplio y el PC.
Sin embargo, la cuestión no tiene una respuesta sencilla.
Una de estas izquierdas ha liderado la modernización de Chile durante tres décadas, mientras que la otra ha considerado esa modernización como un fraude; una ha sido históricamente universalista, enfocándose en intereses comunes de la clase trabajadora, mientras que la otra se ha centrado en identidades étnicas, sexuales y de otro tipo; una de ellas fue marcada por una generación cuya vida se vio interrumpida por el Golpe, y la otra estuvo compuesta por quienes nacieron en medio de la modernización; una renunció a las utopías y se aferró al principio de realidad, mientras que la otra luchó contra este principio hasta ser vencida; cuando reflexionaba sobre su pasado, una reconocía sus errores y buscaba corregirlos, mientras que la otra solo veía su propia infancia.
No hay duda: al analizarlas, parece que sí hay dos izquierdas.
Aun así, también existen argumentos sólidos para pensar que, en realidad, hay una sola.
La razón más contundente es que la primera izquierda, la que impulsó la modernización, llegó a creer que había vivido durante esos treinta años una falsificación de su esencia. Convinieron que su verdadera identidad se alineaba con la otra izquierda, la del Frente Amplio. Desde finales del segundo gobierno de la presidenta Bachelet, esa primera izquierda empezó a dudar de sí misma y a pensar que, en lugar de promover el bienestar, había estado sometida al neoliberalismo, sirviéndole inadvertidamente. De ahí que considerara que no había una clara diferencia con la otra izquierda que había llegado al poder.
Sin embargo, esto era una ilusión: ante la frustración por su desempeño y la dificultad de aceptar el éxito de casi tres décadas, se dejó llevar por el romanticismo de sus orígenes y sus líderes se vieron reflejados, aunque de forma patética, en liderazgos más jóvenes y enérgicos que actuaban sin la carga de la responsabilidad.
Pero las ilusiones siempre terminan confrontándose con la realidad.
Esto es lo que ha sucedido recientemente con un incidente aparentemente trivial: la Ley Naín-Retamal.
Al igual que los actos fallidos revelan el inconsciente, hay ciertos eventos que despiertan o evidencian una ruptura subyacente que la rutina diaria había ocultado. A veces, las parejas que parecen unidas son desafiadas por un momento de ocio inesperado, lo que les hace experimentar una distancia; lo mismo puede pasar en los partidos políticos.
Así que la reunión del viernes y el anuncio de distanciamiento no son más que un reconocimiento de una realidad previamente encubierta por fantasías. Sí, existen efectivamente dos izquierdas, pero una de ellas, la que promovió la modernización, necesita reencontrar su autoconfianza, su respeto por su historia, la que ha desperdiciado a lo largo de este tiempo.
Si lo hace, tal vez la otra izquierda, más joven, comience a respetarla. Quizás entonces se abra la posibilidad de construir una nueva alianza, no para manejar el Estado como en el gobierno que está decayendo, sino para embarcarse en el trabajo paciente y necesario de un auténtico proyecto socialdemócrata. (El Mercurio)
Carlos Peña
Con Información de www.nuevopoder.cl
