Durante cerca de ochenta años, el mundo se habituó a una singularidad histórica. El comercio global navegó resguardado, escoltado y garantizado por una única potencia… los Estados Unidos. Independientemente del color de su bandera o de las alianzas políticas, millones de barcos cargados de alimentos, petróleo, gas, medicinas y materias primas cruzaron vastos océanos con la certeza absoluta de que ningún buque de carga sería atacado… sin nunca cuestionarse quién aseguraba la ruta. La respuesta siempre fue la misma, aunque rara vez se pronunciara en voz alta: la Marina de Guerra de los Estados Unidos, sus 11 portaviones nucleares, 2.000 aeronaves embarcadas, 55.000 tripulantes desplegados y casi 600 buques de combate patrullando los siete mares, día y noche, sin cobrarle un centavo a nadie. Esa era ha llegado a su fin.
¿Piratas del Caribe? La Nueva Guerra Naval del Siglo XXI.
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