Un equipo de científicos se enfrenta al cambio climático, informa el New York Times. Han zarpado hacia el infame «Glaciar del Juicio Final» en la Antártida para estudiar de cerca este fenómeno.
El inmenso glaciar Thwaites, aproximadamente del tamaño de Florida, alberga suficiente agua para elevar los niveles del mar en más de dos pies si se derritiera por completo. Investigaciones indican que ya está experimentando un derretimiento acelerado; sin embargo, su futuro, que podría determinar el destino de nuestro planeta, es incierto.
El sábado, un grupo de casi 40 investigadores partió en un barco desde un puerto en Nueva Zelanda en busca de respuestas. Tienen planeados varios experimentos interesantes, aunque todos son conscientes de que no todo saldrá según lo previsto.
“Habrá un Plan A hasta un Plan F”, dijo Chris Pierce, glaciólogo en la Universidad Estatal de Montana, quien espera utilizar radar aéreo para ‘radiografiar’ el hielo de Thwaites.
No hay duda de que Thwaites se está derritiendo rápidamente. Sin embargo, la velocidad de este proceso y sus posibles consecuencias son las preguntas que inquietan a los científicos.
Temen que el derretimiento del glaciar pueda desencadenar el colapso de la mayor capa de hielo de la Antártida Occidental. Si esto sucediera, el nivel del mar podría aumentar hasta 15 pies, lo que sumergiría prácticamente al planeta en varios siglos. Este sería el peor de los escenarios, pero es una posibilidad demasiado grave para desestimar; algunos estudios sugieren que un evento similar pudo haber ocurrido hace unos 120,000 años.
Investigaciones recientes han indicado que Thwaites es más vulnerable al calentamiento de lo que se pensaba. Uno de los descubrimientos más alarmantes es que su vasta parte inferior, antes considerada aislada del calentamiento por estar en contacto con el fondo marino, ahora se expone a aguas cálidas que se infiltran a medida que las mareas elevan el glaciar, provocando un “derretimiento vigoroso”.
“Thwaites realmente se ha desmoronado ante nuestros ojos”, comentó Doug Benn, glaciólogo de la Universidad de St. Andrews en Escocia.
Uno de los experimentos más intrigantes se basa en una fuente de ayuda inesperada: las focas. En lugar de utilizar robots para recopilar datos, los investigadores colocarán sensores en estos mamíferos, que recolectarán información sobre la temperatura y salinidad del océano, la cual será transmitida a satélites.
Los datos que recojan las focas no serán tan aleatorios como podría pensarse, dijo Lars Boehme, ecólogo de la Universidad de St. Andrews. “Las focas van donde está la comida”, explicó Boehme. “Y a menudo, ese es un lugar donde, en términos de medio ambiente y oceanografía, están sucediendo cosas.”
Más sobre el cambio climático: Ríos se tornan de un brillante color naranja en Alaska.
Con información de https://futurism.com/science-energy/scientists-doomsday-glacier