Un éxito destacado en el evento.

Por Víctor Gómez L.

El resultado de Jeannette Jara refleja diversos factores políticos, estratégicos y comunicacionales que, al operar juntos, limitaron el éxito de su candidatura.

En primer lugar, la falta de propuestas que resonaran con la mayoría dificultó la creación de un eje temático central que guiara la campaña. Esto se evidencia en la escasa diferencia de 359 mil votos con José Antonio Kast. La reforma de pensiones, que se propuso como uno de los pilares programáticos, resultó ser un tema de nicho que no logró movilizar votantes, especialmente porque su principal competidor prometió desmantelarla y, sin embargo, tiene opciones reales de triunfar en el balotaje.

El relato personal y político de la candidata no logró generar un amplio respaldo ciudadano; incluso en comunas de menores ingresos, los votantes se inclinaron por Kast, lo que revela una desconexión entre su narrativa y las inquietudes del electorado. Además, la mala evaluación del gobierno entre los votantes se convirtió en un lastre negativo difícil de superar, pese a los esfuerzos de defensa pública del Frente Amplio y su agrupación.

En términos estratégicos, la candidatura no logró establecer temas propios y terminó reaccionando ante una agenda mediática centrada en seguridad, economía, migración y crisis sectoriales. Esta situación se vio complicada por una coalición cuyos partidos priorizaron sus enfrentamientos parlamentarios —y, en el caso del FA, su proyección hacia 2029— por encima de la campaña presidencial. La estructura territorial tampoco resultó de apoyo: alcaldes, concejales y líderes locales no lograron movilizar contingentes competitivos.

Asimismo, se replicaron métodos de campaña del voto voluntario, a pesar de que el voto obligatorio había demostrado pautas distintas, como un electorado más pragmático, despolitizado y renovado, con un creciente peso de nuevos residentes como la población venezolana. Votos que probablemente habría captado Franco Parisi. A esto se suma el impacto negativo de intervenciones del presidente Gabriel Boric, que terminaron favoreciendo a su oponente de ultraderecha y relegando a Jara en plena campaña. La incapacidad para romper con la percepción de ser una candidata oficialista y continuista —a pesar de los intentos de distanciamiento del gobierno— también limitó su alcance electoral. La decisión de no confrontar directamente a Kast desde un principio privó a la campaña de Jara de un posicionamiento claro en contra del populismo y autoritarismo conservador de su rival, una estrategia que solo se activó en la fase final, cuando la ventana de oportunidad se cerraba. Además, la escasa participación de actores sociales relevantes —sindicatos, gremios, organizaciones estudiantiles y comunitarias— que históricamente movilizaban apoyos, también afectó la campaña.

Desde una perspectiva más amplia, las campañas dependen de múltiples factores: candidato, estrategia, mensaje, imprevistos y la dirección del péndulo político. Desde 2022, este último factor se ha inclinado de manera sostenida hacia la derecha tras el plebiscito constitucional, configurando un panorama adverso donde varios elementos actuaron simultáneamente, sin un desempeño óptimo.

El balotaje ofrece la posibilidad de cambiar la situación para Jara, aunque esto requerirá realizar cambios profundos en la estrategia de campaña.

Con Información de desenfoque.cl

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