Trump y Putin: Una relación compleja entre líderes mundiales.

Por Carlos Fazio* – La Jornada

Ha comenzado un deshielo. En un ambiente profesional y constructivo, después de que Rusia fue reconocida como potencia nuclear (según Marco Rubio), Washington y Moscú parecen encaminarse hacia una «normalización» de sus relaciones, mutuamente beneficiosas. Se sugiere que tras el encuentro entre Donald Trump y Vladimir Putin en la base militar Elmendorf-Richardson, en Alaska, la guerra proxy de EE. UU. y la OTAN contra Rusia en Ucrania está en su fase final.

Trump ha convocado a Volodymir Zelensky a Washington y este lunes le comunicará las condiciones para poner fin a lo que él denomina “la guerra de Biden”. Como adelantó The New York Times, Trump considera que un reconocimiento por parte de Kiev de las regiones de Donbás (las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk) como parte de Rusia, aceleraría un acuerdo de paz. A cambio, y para mantener el control del corredor terrestre que conecta Crimea con la región rusa de Rostov, Moscú congelaría la línea del frente en Jersón y Zaporiyia, comprometiéndose a no atacar a ningún país europeo ni violar su soberanía. Según Trump, ahora depende de Zelensky llegar a un pacto.

Después de haber proferido una serie de amenazas contra Rusia, típicas de su estilo de negociación, incluyendo ultimátums y sanciones, Trump envió a Steve Witkoff a Moscú para solicitar a Putin su ayuda. Esto sugiere que el presidente estadounidense llegó a la cumbre en una posición debilitada.

La desfavorable situación del frente para Kiev indicaba que Trump, atrapado por el caso Epstein y presionado por su base MAGA, necesitaba conversaciones con Putin, no por un deseo genuino de paz, sino por las realidades del conflicto. Como ha afirmado el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, Rusia “ha ganado” el conflicto. Esto podría desviar recursos de la estrategia de EE. UU. en relación con China, y la distensión con Moscú podría servir para crear divisiones entre Rusia, China e India (BRICS). Un reflejo inverso de Nixon y Zhou En Lai.

En un principio, la postura rusa se basa en lo expresado por Putin el 14 de junio de 2024, que exige la retirada completa de las tropas ucranianas de las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, así como de las provincias de Zaporozhie y Jersón (incorporadas a Rusia tras consultas populares en 2022). También requiere que se reconozcan estos territorios, además de Crimea y Sebastopol, como parte de la Federación Rusa, así como garantizar la neutralidad y la desnuclearización de Ucrania.

Para Moscú, el objetivo no es solo alcanzar una solución política pacífica, sino establecer un compromiso firme y vinculante que garantice su seguridad a largo plazo, firmando documentos reconocidos internacionalmente. No obstante, la deslealtad se ha vuelto práctica común, ya que el derecho internacional parece haber sido ignorado. Putin ha enfatizado la necesidad de abordar las «causas profundas» del conflicto y basarse en las “realidades sobre el terreno”, las cuales muestran una expansión de la zona de control militar ruso.

La afirmación de Orbán de que Rusia ha triunfado en el campo de batalla remite a la génesis de la fase activa del conflicto: el plan de la Rand Corporation de 2019 que fomentó la guerra proxy en Ucrania para debilitar al régimen de Putin. Sin embargo, en enero de 2023, ante la posibilidad de un conflicto prolongado, la Rand sugirió cuatro opciones para que EE. UU. cambiara la dinámica: aclarar los planes de apoyo a Ucrania, comprometerse con su seguridad, garantizar la neutralidad de Ucrania y establecer condiciones para aliviar las sanciones a Rusia. Dado que un cambio drástico era políticamente imposible, recomendó desarrollar estos instrumentos y comunicarlo a Ucrania y aliados de la OTAN, para ayudar a catalizar un proceso hacia un acuerdo negociado que atendiera los intereses de Washington.

El 17 de noviembre de 2024, The New York Times publicó un editorial de Megan Stack, recordando cuando el secretario de Defensa de EE. UU., Lloyd Austin, mencionó que Washington utilizaría el “patriotismo” de los ucranianos en una guerra prolongada, aunque probablemente no ganara, para debilitar el poder de resistencia de Putin y buscar una «derrota estratégica» sin enfrentarse directamente. “Creo que es correcto calificar este conflicto como una guerra por delegación”, afirma Stack. La soberbia de EE. UU. y la OTAN llevaron a pensar que bastaba con sancionar y aislar a Rusia para que colapsara. Cuatro días después, Rusia envió un misil hipersónico como “señal” de que estaba dispuesta a enviar «mensajes adicionales».

En la coyuntura actual, Trump es lo suficientemente astuto como para entender que las circunstancias son desfavorables, y desea reivindicarse por el cese de las muertes en el conflicto. Existen razones para anticipar cierta flexibilidad respecto a las condiciones básicas que Putin estableció en junio de 2024. Si Moscú desea evitar crear su propio «Vietnam», podría haber suficiente flexibilidad para permitir que Trump declare haber «resuelto el conflicto». Sería una «solución negociada», dándole un matiz a la derrota del eje EE. UU./OTAN/Ucrania.

*Carlos Fazio, periodista, escritor y analista uruguayo-mexicano, columnista de La Jornada.

Con Información de desenfoque.cl

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