La reciente aprobación del Subsidio al Dividendo por el Congreso ha generado expectativas en distintos sectores. Aquellos que buscan adquirir una vivienda para habitar, familias en busca de estabilidad e inversionistas atentos a oportunidades en un mercado afectado por altas tasas, están observando de cerca el impacto que esta medida podría tener a corto y mediano plazo.
Esta nueva política, impulsada por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, tiene como objetivo reactivar la compra de viviendas nuevas. El subsidio ofrece una reducción de 0,6 puntos porcentuales en la tasa de interés de los créditos hipotecarios, dirigido a personas que compren viviendas nuevas de hasta 4.000 UF. Es una propuesta fácil de comprender.
Desde nuestra perspectiva, consideramos este anuncio como un avance positivo, ya que disminuye el costo de financiamiento, mejora la accesibilidad y puede ayudar a reducir el exceso de stock de viviendas nuevas que afecta el mercado.
Para quienes buscan un hogar, esta medida puede marcar una diferencia significativa en su capacidad de compra, especialmente en un contexto donde el acceso al crédito ha sido una de las principales barreras. No obstante, es importante ser claros: este subsidio es temporal, cuenta con cupos limitados y no resuelve el problema de fondo.
En primer lugar, se trata de una solución provisional y restringida, ya que solo aplica a viviendas nuevas y personas naturales, excluyendo a inversionistas con estructuras jurídicas, así como la vivienda usada, que es fundamental en muchas comunas del país. Además, no considera modelos de compra más flexibles que están ganando relevancia.
Desde esta perspectiva, lamentablemente no aborda la raíz del problema: la necesidad de una política habitacional moderna, integral y sostenible en el tiempo, que articule la inversión privada, el crédito accesible y una planificación urbana efectiva.
Tomando como ejemplo a los inversionistas —nuestro enfoque—, su rol ha sido crucial en la ampliación de la oferta de arriendo, especialmente en áreas metropolitanas. Por lo tanto, creemos que es esencial repensar cómo incluir a este perfil en una estrategia nacional de vivienda y desarrollo urbano, con productos financieros específicos, normas claras y estímulos adecuados para todos.
Aunque esta política es un avance, es insuficiente. Valoramos la intención, pero instamos a que sirva como punto de partida para un diálogo más profundo que reconozca las diversas motivaciones detrás de la compra de una vivienda —vivir, arrendar, invertir o proteger patrimonio— y que proponga un ecosistema que brinde espacio y certidumbre a todos los actores involucrados.
Por Jacqueline Oportu, Gerente de Bancos de Activo Más Inversiones.
Con Información de hoysantiago.cl