Ex concejal y ex director laboral del Banco del Estado.
Entre los cuatro candidatos del progresismo y la izquierda, solo uno pudo disfrutar de la “dulzura de la victoria”. Así funcionan estos procesos; aunque todos desean ganar, al final sólo uno se alza con el triunfo.
En esta reciente contienda, caracterizada por la deliberación abierta y honesta, la indiscutible ganadora ha sido Jeanette Jara. Aunque mi preferencia era diferente, celebro su triunfo.
Ahora, es momento de honrar el pacto que permitió llevar a cabo este acto democrático, lo que implica respaldar a la ganadora y definir un programa de gobierno progresista, unificador y que convoque a diversas fuerzas sociales y políticas, orientado a ganar las elecciones presidenciales y parlamentarias en noviembre próximo.
Si bien hay distintas maneras de emprender la campaña, como incluir al centro progresista agrupado en la DC, creo que lo crucial será el proceso social y político que trascienda las estructuras partidarias.
Lo que caracteriza el estilo político de Jeanette Jara es su capacidad de atravesar su militancia y actuar como líder que articule mayorías, especialmente al reconectar con los sectores que se sienten abandonados por la política y el Estado, que representan cerca de la mitad del padrón electoral.
En pocas palabras, la clave es que Jeanette Jara mantenga su esencia. Esto le permitirá ser vista desde una perspectiva horizontal, un rasgo que ha desaparecido en la política progresista, atrapada en logros e instituciones que ayudó a establecer.
Continuar por este camino podría intensificar la desafección ciudadana hacia la política y sus instituciones, afectando especialmente a los sectores populares y las clases trabajadoras, y revitalizando a la derecha en su intento de conectar con las emociones del pueblo.
Sin embargo, hay motivos para creer que esta tendencia puede revertirse. Los resultados de las urnas muestran que, por cercanía, apertura y diálogo, Jeanette Jara tiene la capacidad de cerrar la brecha entre la sociedad y la política, un desafío estructural largo y complicado.
Sin embargo, acortar estas brechas no depende solo de habilidades personales, sino de poner en el centro cuestiones esenciales de igualdad y justicia social: dignidad y reconocimiento del trabajo, salud, vivienda y participación política, que deberán estar presentes en el programa de gobierno que surja de esta fase de negociaciones.
Esto no significa ignorar los desafíos actuales y futuros. Existen al menos tres obstáculos:
Primero, el rechazo al gobierno que supera el 70% y la intención de ciertos sectores de convertir la primaria en un plebiscito sobre la administración actual;
Segundo, el volumen de votación que fue menor que en la primaria anterior entre Jadue y Boric, y que se podría evaluar sin considerar la desafección con la política que afecta a todos los sectores por igual;
Y tercero, el anticomunismo que se siente en la sociedad, explotado sin piedad por la derecha y algunos sectores del centro, y que, lamentablemente, también es alimentado por militantes del propio sector comunista.
Adicionalmente, podemos observar el fortalecimiento de la alianza entre la derecha política y empresarial, que en conjunto concentran un gran poder e influencia, apoyados por un contexto internacional favorable.
A pesar de estos elementos que son cruciales en el análisis, para alcanzar el éxito, la clave radica en representar los dolores y esperanzas profundamente arraigados en la sociedad chilena.
Jeanette, sigue siendo fiel a ti misma; el pueblo chileno lo reconocirá.
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