Publicidad encubierta y elecciones: ¿Cuál es el impacto de la intervención de marcas en el debate democrático?

Durante la noche del debate presidencial en Chilevisión, entre los discursos políticos y las interacciones entre los candidatos, un anuncio no pasó desapercibido. Una marca de pisco llamada «Republicano» concluyó su comercial con la frase: «yo elijo Republicano», justo cuando José Antonio Kast, candidato del mismo nombre, comenzaba a acaparar la atención en el ámbito político.

¿Fue esto un movimiento intencional o simple casualidad? ¿Publicidad o propaganda? ¿Un acto de comunicación audaz o una táctica que raya en lo ilegal? Estas interrogantes se han multiplicado en redes sociales y entre especialistas en marketing, ética y legislación electoral.

El pisco de Schrödinger: entre marketing y política

El gerente general de la marca, Pedro Bastidas, explicó la controversia afirmando que el comercial no está relacionado con el partido Republicano ni con su candidato. Sin embargo, admitió que el objetivo del anuncio fue «generar un misterio que se viralizara», utilizando a propósito el contexto político y la frase ambigua. Además, en declaraciones anteriores, Bastidas había indicado que la marca es un homenaje a las ideas republicanas y los deberes cívicos.

La reacción fue inmediata. La marca se volvió viral, pero también generó dudas y críticas. En redes sociales, expertos en comunicación cuestionaron la coherencia del mensaje: «¿es posible ser y no ser al mismo tiempo?», se preguntaban. ¿La marca se posiciona o se esconde tras un doble sentido?

¿Toda publicidad es beneficiosa?

«Se viralizó. Objetivo logrado», escribe un usuario en una columna crítica en LinkedIn, que recoge imágenes de la campaña y comentarios del gerente. No obstante, añade: “Suele pensarse que la recepción no fue del todo positiva, dada la necesidad de aclaraciones posteriores”. Y concluye irónicamente: “No aclares que oscurece. ¿El que explica se complica?”.

El trasfondo del debate va más allá del pisco. La pregunta central es si estamos ante un nuevo uso de la publicidad como herramienta de influencia electoral en un contexto donde la ley limita estrictamente los espacios para la propaganda política.

¿Laguna legal o infracción?

En Chile, la legislación electoral establece espacios específicos para la propaganda política durante las campañas: la conocida “franja electoral” en televisión, publicidad en espacios públicos, anuncios radiales y digitales, todos regulados por el Servicio Electoral (Servel).

Emplear un anuncio que, aunque no mencione directamente a un candidato, se transmita durante un debate y contenga frases ambiguas como “yo elijo Republicano”, podría considerarse publicidad encubierta con fines electorales, abriendo la puerta a posibles infracciones de la normativa.

“El espíritu de la ley busca igualdad y equidad informativa durante los procesos electorales”, señala un experto en derecho público. “Si permitimos que marcas comerciales se apropien del contexto político para influir en la opinión pública bajo la apariencia de marketing, estamos abriendo la puerta a una manipulación peligrosa del voto”.

¿Qué pasaría si esto se extiende?

Analistas advierten que este tipo de estrategias podría convertirse en común. ¿Qué sucedería si otras marcas comienzan a emitir mensajes codificados o ambiguos, utilizando colores, nombres o frases relacionadas con campañas políticas? ¿Podría un detergente lanzar un “limpia como Boric”? ¿O un auto publicitarse como “el más libre, el más Kast”?

En ese escenario, la franja electoral perdería su propósito y se convertiría en uno más de los variados canales de persuasión política, empañando la transparencia del proceso democrático.

Publicidad con valores… ¿o con intereses?

Algunos defienden que las marcas deben expresar su opinión, incluso sobre temas políticos, siempre que lo hagan con transparencia. “Si te gusta, bien. Si no, también”, comentó un analista del caso. En países como EE. UU., el «activismo de marca» ha ganado impulso, con empresas apoyando causas o ideologías.

Sin embargo, en elecciones la situación cambia. En épocas electorales, la neutralidad en la publicidad se convierte en un recurso cívico. No se trata de silenciar ideas, sino de garantizar que todas las voces políticas tengan las mismas oportunidades para ser escuchadas.

¿Y ahora qué?

El caso del “Pisco Republicano” ofrece una lección sobre los límites de la publicidad política y la necesidad de actualizar las normativas electorales en un contexto donde la frontera entre publicidad comercial y propaganda política se vuelve cada vez más difusa.

El Servel aún no se ha pronunciado oficialmente sobre el comercial. Si no lo hace pronto, podría establecer un precedente que cambie la forma en que se desarrollarán las campañas electorales en el futuro.

Mientras tanto, la pregunta sigue presente: ¿puede una marca decir “yo elijo Republicano” en horario prime sin ser parte de la campaña?

Porque al final, el consumo es una decisión individual, pero la democracia es un ejercicio colectivo.

Con Información de www.elperiodista.cl

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