Andrés Kogan Valderrama, Sociólogo, Diplomado en Educación para el Desarrollo Sustentable y Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea
Asociar la masculinidad con orinar de pie puede parecer absurdo hoy en día, en un contexto donde los roles de género han evolucionado. Sin embargo, muchos hombres todavía se adhieren a mandatos obsoletos.
Por ejemplo, en países como México y Estados Unidos, más del 20% de los hombres confiesa que se sienta a orinar regularmente, a pesar de los beneficios para la salud que esto conlleva, tanto para la higiene como para la vejiga y la próstata.
Este dato, que probablemente sea similar en otras naciones de la región, revela que un gran número de hombres se resisten a orinar sentados por temor a ser percibidos como menos masculinos, lo que puede parecer irracional.
De hecho, este tema sigue siendo objeto de burla, no solo en la educación infantil, sino también entre adultos, como se observa en ciertos programas de televisión. Reconocer que se orina sentado es visto como un signo de debilidad o falta de virilidad.
Así, orinar de pie se convierte en un acto que trasciende la comodidad; es un símbolo de una masculinidad rígida y falocéntrica, donde se considera una prueba de hombría.
Esto implica que el acto de orinar de pie se convierte en un marcador de masculinidad, representando conceptos de superioridad, rapidez, control, dominio, virilidad y la negación de lo femenino.
Mientras tanto, orinar sentado es visto como un acto pasivo, relacionado con el cuidado y la vulnerabilidad, y erróneamente asociado con lo femenino, lo cual evidencia cómo el patriarcado y los estereotipos de género penetran en actos tan cotidianos como ir al baño.
Es esencial que en diferentes espacios, como la familia, la escuela y los medios de comunicación, se cuestione esta masculinidad anacrónica y absurda, que incluso marca la forma en que orinar.
Además, es crucial que los hombres reflexionen sobre sus propias experiencias y los mandatos que a menudo perpetúan sin cuestionar.
Finalmente, a aquellos hombres que siempre han orinado de pie, les invito a probar hacerlo sentados. Esta simple acción no solo desafía un mandato de género irracional, sino que también beneficia nuestra salud y nuestro entorno más cercano.
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