Andrés Kogan Valderrama, Sociólogo, Diplomado en Educación para el Desarrollo Sustentable, Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea.
Con motivo de los 80 años de las Naciones Unidas, establecidas en 1945, es crucial reflexionar sobre los avances en derechos humanos, incluyendo la Declaración Universal, que fue respuesta a los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, persiste un profundo antropocentrismo que ignora el sufrimiento de los animales no humanos, perpetuando el especismo como forma de discriminación.
Por ello, aunque la Declaración Universal de los Derechos de los Animales fue proclamada por la Liga Internacional de los Derechos del Animal en la UNESCO en 1978, representando un avance al afirmar la igualdad ante la vida y prohibir la trata de animales como objetos, su impacto ha sido escaso.
Esto se debe a su carácter no vinculante y la falta de adopción por parte de la ONU, lo que la reduce a un simple símbolo, sin integración en agendas como los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Mientras tanto, el especismo capitalista agrava la crisis climática, la pérdida de biodiversidad y el sufrimiento masivo de animales no humanos en industrias como la ganadería intensiva, además de prácticas aberrantes que se justifican como tradiciones.
Esta falta de atención también se refleja en conflictos armados y desastres naturales, donde la ONU interviene en violaciones humanas pero ignora el sufrimiento de los animales atrapados en estos eventos, priorizando a los humanos y dejando a los no humanos sin ayuda, reafirmando la idea de que la especie humana es el centro del planeta.
Por ello, resulta contradictorio hablar de paz y sostenibilidad mientras persiste el especismo institucionalizado. En este aniversario, es esencial exigir la integración de los principios de 1978 en el derecho internacional, promover tratados contra el maltrato animal y fomentar una educación global que fomente la empatía hacia los animales no humanos.
De no hacerlo, estos 80 años de Naciones Unidas representarán una reflexión muy limitada, ya que la verdadera paz debe incluir a todos los seres sintientes en una red interconectada de empatía, justicia y dignidad.
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