Octubre siempre trae consigo un aire de terror. No solo porque se acerca Halloween y comienzan a aparecer brujas, esqueletos y máscaras que aterran a los niños, sino también porque en la política chilena este mes se llena de fantasmas: los del pasado, el miedo y la angustia electoral.
Las campañas se activan, revelando el ingenio —o la falta de él— de quienes aspiran a llegar al Congreso. Sin embargo, parece que este año los creativos se han quedado sin ideas. No hay propuestas nuevas, ni debates significativos, solo eslóganes repetidos, acusaciones y descalificaciones. El temor político ha reemplazado a la originalidad.
En las calles y en las pantallas, el miedo se convierte en el principal argumento. Miedo a lo que vendrá, miedo al otro, miedo a perder lo poco que se tiene o lo mucho que se cree tener. Como siempre, el miedo será el motor de la campaña: más efectivo que cualquier programa o promesa.
Evelyn Matthei lo usará —porque puede y sabe hacerlo— para infundir temor hacia Kast, aunque cada vez menos hacia Kaiser, ese competidor difícil que no desaparece, pero que le es útil. Jeannette Jara lo empleará para advertir sobre el regreso de Kast, Matthei, Kaiser y todo lo relacionado con la derecha. Y los anteriores harán lo mismo con el comunismo, ese fantasma eterno que nunca muere y que une a los que ya no pueden soportarse entre ellos.
Así, octubre se transforma de nuevo en el mes del miedo. No el miedo a los fantasmas, sino al desafío de pensar distinto, de debatir con seriedad, de ofrecer algo más que frases de campaña. Y la pregunta es inevitable:
¿votaremos por miedo o por ideas?
Porque si el miedo prevalece, ya sabemos lo que seguirá: más ruido, menos diálogo y la certeza de que, al final, los verdaderos monstruos no estaban disfrazados.
Con Información de www.elperiodista.cl