Marcela Rodríguez: Activista y testigo de la traición a la democracia en Chile – Factos.cl: Últimas Noticias de Chile

El cuerpo de Marcela Rodríguez, marcado por la represión y el exilio, resiste a través de su voz. “¡Vivan las mujeres subversivas!”, proclamó. Esa consigna aún resuena, a pesar de su agonía y del olvido institucional.

Por Claudia Molina B.|FACTOS – Crónica

En una humidísima ciudad del norte de Italia, Marcela Rodríguez enfrenta su final. Su cuerpo, desgastado por las balas y el exilio, ya no tiene la fortaleza de antes. Sin embargo, su voz, sus recuerdos y su compromiso político se mantienen inquebrantables.

Los medios chilenos la llamaron “la mujer metralleta”, un estigma destinado a deshumanizarla. Ella insistió en aclarar constantemente: no era una asesina ni una figura violenta, sino una militante política, una madre separada de sus hijas, una mujer que se negó a aceptar la derrota y las migajas de la transición.

“Me pusieron un apodo para infundir miedo”, afirmó. “Soy Marcela Rodríguez, una revolucionaria”.

Infancia y Rebeldía

Nacida en Villa Sur, Pedro Aguirre Cerda, en un Chile impregnado de fervor popular, se unió a la Juventud Comunista en su adolescencia, convencida de que la justicia debía ser conquistada. Repartía panfletos, pintaba paredes y aprendió que el miedo era parte de la vida bajo la dictadura.

El 11 de septiembre de 1973 dividió su generación. Marcela no se sumió en la nostalgia, sino que continuó luchando en las calles, en la clandestinidad, rodeada de panfletos y grafitis. Esa fue su escuela de resistencia.

En los años 80, a medida que la dictadura se extendía y la represión intensificaba, se unió al Mapu Lautaro, un grupo que apostaba por la rebelión armada. Allí encontró un sentido de comunidad y una forma distinta de hacer política: no solo luchas armadas, sino también solidaridad en los barrios, fiestas clandestinas y organización social.

Los medios la convirtieron en un mito y un demonio, pero no hablaron de que su lucha también significaba amor, ollas comunes y cuidado colectivo.

La Bala y la Cárcel

El 15 de noviembre de 1990, en un intento por rescatar a Marco Ariel Antonioletti, un disparo la dejó parapléjica. Su cuerpo quedó atrapado, al igual que ella. Lo que ocurrió después desveló la falacia de la transición democrática: en lugar de justicia, solo cárcel; en vez de reparación, castigo.

Marcela pasó por la Penitenciaría y la Cárcel de Alta Seguridad, destinada a quienes no aceptaron la “democracia pactada”. Allí sufrió operaciones, humillaciones, aislamiento y la indiferencia de una sociedad que prefería olvidarla.

“Nos castigaron por no aceptar la transición”, afirmaba. “Querían que nos sintiéramos derrotados, agradeciendo migajas de libertad. Nunca pedí perdón, porque no tenía nada de qué arrepentirme”.

Exilio Forzado

En 2002, debilitada y sin movilidad, el Estado chileno la expulsó del país. Forzada a ir a Italia como condición para su liberación, vivió un exilio dentro del exilio, un castigo extra por su inquebrantable resistencia.

En Italia, aunque en silla de ruedas, nunca dejó de alzar la voz. Denunció la impunidad, recordó a sus compañeros caídos y criticó, con agudeza, el pacto de la Concertación y la continuidad de los poderes económicos y represivos que sostuvieron la dictadura.

Homenaje y Legado

Marcela Rodríguez se debate entre la vida y la muerte lejos de su patria, pero su historia no se reduce al apodo que le impusieron ni a los registros judiciales. Su nombre representa la memoria de quienes se negaron a aceptar una transición pactada que convirtió a los rebeldes en criminales y a los verdaderos criminales en líderes, empresarios y presidentes.

Su legado es uno de dignidad, no de derrota. “Sigo siendo revolucionaria”, afirmó en una de sus últimas entrevistas. Y ese es el grito que perdura:

“¡Vivan las mujeres subversivas!”

Marcela no es la mujer metralleta; es la mujer que nunca se arrodilló. En esa rebeldía vive, a pesar del desgaste de su cuerpo y el intento de olvido oficial. Vive en las comunidades, en las memorias insurgentes, en cada mujer valiente que desafía lo impuesto.

Con Información de factos.cl

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