Andrés Kogan Valderrama, Sociólogo, Diplomado en Educación para el Desarrollo Sustentable, Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea
En un contexto donde el patriarcado define relaciones sociales, económicas y culturales, la idea de establecer un Día del Hombre se presenta no solo como absurda, sino también como un riesgo. Su origen es cuestionable, pues ha sido usado por grupos negacionistas y de ultraderecha en la actualidad.
El concepto de un Día del Hombre surgió de Thomas Oaster en 1991, con la intención de reivindicar los derechos masculinos como respuesta a las demandas feministas, ignorando la desigualdad estructural y promoviendo una masculinidad hegemónica que perpetúa la violencia, incluso hacia los propios hombres.
Un hecho similar ocurrió con Jerome Teelucksingh en 1999, quien designó el 19 de noviembre como Día del Hombre, enfatizando la victimización masculina y cuestionando al feminismo, negando la existencia de un sistema patriarcal y la violencia histórica contra las mujeres.
A diferencia de Oaster y Teelucksingh, Ingeborg Breines, de la UNESCO, apoyó el Día del Hombre desde una perspectiva crítica al patriarcado, reconociendo la importancia de las demandas feministas y ofreciendo una mirada más estructural.
Teelucksingh definió los objetivos del Día del Hombre, que poco contribuyen a una sociedad equitativa, como promover modelos masculinos positivos y resaltar las contribuciones de los hombres, enfocándose en la salud y bienestar masculinos, así como en mejorar las relaciones de género.
No obstante, esta fecha ha sido reivindicada por ciertos sectores de ultraderecha que la utilizan para desacreditar el movimiento feminista y negar derechos a las mujeres, evidenciado por figuras como Manuel Jorge Gorostiaga y otros que se reunieron en México en 2024 para celebrarlo.
Estos encuentros son peligrosos, ya que actúan como plataformas para difundir discursos misóginos que minimizan problemas graves como la violencia de género y el acoso, argumentando que los hombres son las verdaderas víctimas de un “feminismo radical” que supuestamente amenaza su masculinidad.
Esta perspectiva patriarcal pone énfasis en atributos tradicionales masculinos como la fuerza y el liderazgo, sugiriendo que deben defenderse frente a ideologías «progresistas». En eventos como el de México, se hace un llamado a «restaurar el orden tradicional», ignorando las alarmantes estadísticas de feminicidios y perpetuando roles rígidos que justifican la dominación.
A su vez, esto victimiza a los hombres mediante una narrativa antifeminista que busca invisibilizar las violencias contra las mujeres, utilizando consignas que abogan por una “igualdad real” sin reconocer las diferencias de privilegio de género.
Los grupos ultraconservadores han apropiado este día y lo utilizan en redes sociales para deslegitimar iniciativas feministas. Estos discursos, además, atraen a jóvenes descontentos que rechazan la autocrítica cultural, en lugar de reflexionar sobre el impacto negativo de la masculinidad hegemónica en la salud mental masculina.
En lugar de perpetuar la idea de un Día del Hombre que sea una excusa para el negacionismo, los hombres deberían unirse a las luchas feministas para construir masculinidades alternativas basadas en el cuidado, la empatía y la responsabilidad colectiva. Solo así podremos avanzar hacia una sociedad que no requiera días «compensatorios», sino transformaciones significativas.
1: https://internationalmensday.com/about/objectives-of-imd/
3: Convocatoria a marcha en México
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