Desde Madrid
El miércoles 6 de agosto de 2025 se conmemoraron 80 años del lanzamiento de la primera bomba atómica sobre Hiroshima, un artefacto de cuatro toneladas, tres metros de largo y 50 kilos de uranio enriquecido. Este ataque provocó la muerte instantánea de 70 mil personas y otras 70 mil en los meses siguientes debido a quemaduras y radiación. En aquel entonces, Hiroshima contaba con unos 300 mil habitantes, y de los 90 mil edificios, aproximadamente solo 20 mil sobrevivieron. El presidente de Estados Unidos, Harry Truman, autorizó el lanzamiento de este devastador arma, convirtiéndolo en un hito trágico en la historia de la humanidad.
Solo tres días después, el 9 de agosto de 1945, se lanzó una segunda bomba, esta vez de plutonio, sobre Nagasaki, que en ese momento tenía alrededor de 400 mil habitantes. Este nuevo ataque causó 40 mil muertes de inmediato y otras 30 mil hasta el final del año, a causa de los efectos de la radiación.
Para entonces, Japón había continuado una escalada bélica, sintiéndose perjudicado por las secuelas de la Primera Guerra Mundial. Ocupó Indochina, lo que resultó en un severo bloqueo de suministros por parte de Estados Unidos, que afectó drásticamente su vida diaria. La situación llevó a Japón a declarar la guerra a Estados Unidos tras el ataque sorpresivo a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941.
En paralelo, ese mismo año, el presidente Franklin Delano Roosevelt impulsó el “Proyecto Manhattan”, donde científicos como Enrico Fermi y Leo Szilard descubrieron el potencial del uranio como fuente de energía. Bajo la dirección de Robert Oppenheimer y en colaboración con científicos de Canadá y el Reino Unido, se fabricó la bomba atómica utilizada en Hiroshima y Nagasaki.
Las devastadoras explosiones llevaron a Japón a rendirse el 2 de septiembre de 1945, marcando el fin de la Segunda Guerra Mundial mediante una acción militar extremadamente desproporcionada.
A pesar de esta trágica experiencia, hay quienes hoy amenazan con el uso de armas nucleares en conflictos, ignorando las terribles implicaciones para la humanidad. Actualmente, se estima que existen más de diez mil bombas nucleares, y con solo un tercio de ellas se podría eliminar la vida en el planeta. Nueve países, incluidos Estados Unidos, Rusia y China, poseen arsenales nucleares y continúan perfeccionando sus capacidades destructivas, a menudo cediendo este poder a otras naciones a cambio de dinero.
Expresamos nuestro sincero deseo de que prevalezca el sentido común y la racionalidad para poner fin a la carrera armamentista. Estamos enfrentando guerras absurdas y genocidios que deshonran a la especie humana. Es urgente detener a quienes perpetúan la amenaza violenta, ya que solo buscan su beneficio económico.
La humanidad debe recuperar su sentido común y su inteligencia para eliminar armas mortales y revalorizar la vida humana como lo más valioso. La historia debe servirnos como lección, y debemos ser capaces de aprender de ella.
Podemos crecer y avanzar hacia un mundo en paz y sin condiciones.
Con Información de desenfoque.cl