Por Cristian Álvarez / Fotos: Universidad de Chile
La relación de una universidad con la comunidad en la que está inserta es fundamental en muchos aspectos. Genera impacto, proporciona apoyo y permite a profesores y científicos compartir sus conocimientos, lo que a menudo trae reconocimiento y contribuye al avance social. Los medios de comunicación desempeñan un papel crucial en esta difusión.
Pero, ¿cuál ha sido la historia de esta relación entre la universidad y la sociedad en Chile? En particular, en un contexto donde existen numerosas instituciones de educación superior, y cómo ha evolucionado con el tiempo, especialmente en las universidades más antiguas. Esta es la narrativa que se presenta en el libro “Historia de la Extensión en la Universidad de Chile (1842–2022): Un compromiso con la sociedad”. Este proyecto, coautorado por Matías Flores, sociólogo con un doctorado en Sociología y Desarrollo por la Universidad de Cornell, y Ariadna Biotti Silva, doctora en Historia por la “École des Hautes Études en Sciences Sociales” (París) y la Universidad de Chile, se lanzó a finales de octubre y relata los procesos de democratización del conocimiento en los 180 años de la histórica “Casa de Bello”. A pesar de los desafíos políticos y sociales, su misión de educar más allá de sus fronteras se mantiene firme.
En un cuestionario respondido por correo electrónico, ambos autores compartieron sus reflexiones, abarcando desde el origen del libro hasta cómo han enfrentado su desarrollo en estos tiempos tumultuosos y qué acciones deben tomarse en el futuro para seguir promoviendo la ciencia y la cultura en todas sus dimensiones.
¿Cómo surgió la idea de escribir este libro?
– “El libro nació de múltiples factores. Su genesis se remonta a un manuscrito inédito de 2014 titulado ‘La Extensión en la Universidad de Chile. Una mirada histórica (1905-2000)’, creado por un equipo liderado por el profesor Francisco Brugnoli, junto a Carla Meir y Javiera Ruiz. Este texto capturó un momento clave para nuestra universidad: la reapertura de la Vicerrectoría de Extensión en 2006, tras la promulgación de nuevos estatutos que concluyeron el legado autoritario del régimen instaurado en 1981 por la dictadura.
El profesor Brugnoli resaltó la importancia del trabajo de memoria, ya que constituye el sustrato cultural para articular el trabajo de extensión contemporáneo. Además, vale la pena mencionar el aporte de la Séptima Serie de la Revista Anales de la Universidad de Chile, cuyos artículos no solo han contribuido al país, sino que también han ayudado a rescatar el patrimonio a través de dossiers históricos elaborados por el Archivo Central Andrés Bello, desde donde surge esta investigación.
Con estos antecedentes y el apoyo de la actual Vicerrectora Pilar Barba y la Directora del Archivo Central Fernanda Vera, surgió la necesidad de construir un relato unificado que explique el desarrollo histórico de la extensión ante los nuevos desafíos. Esta administración ha impulsado el diálogo sobre el sentido de la labor de extensión y vinculación con la sociedad, abriendo programas culturales al público a través de conciertos transmitidos por televisión y la organización de escuelas de verano.
Recuperar la historia de la extensión ha sido un desafío, ya que nos encontramos en un contexto donde se han intentado superar conceptos a través de nociones como la vinculación con el medio o la responsabilidad social universitaria, a menudo reduciéndolo a un ejercicio ‘unidireccional’ y considerado irrelevante. Ante esto, seguimos la visión de Boris González López, quien entiende la extensión como una ‘práctica sobreviviente’: una práctica que supera el legado de la dictadura y las lógicas del estado subsidiario, convirtiéndose en sinónimo de resistencia, persistencia y rechazo a desaparecer.”
¿Cómo fue la labor de extensión en los primeros años de la universidad?
– “En el libro mencionamos que la extensión nació con la creación de la Universidad de Chile en 1842, empezando con el discurso inaugural de Andrés Bello, quien propuso que la universidad debía ser un ‘cuerpo eminentemente expansivo y propagador’, encargado de relacionarse con la realidad nacional. Esta realidad se hizo más compleja hacia el final del siglo XIX, cuando los movimientos sociales comenzaron a demandar respuestas a las crecientes necesidades económicas, sociales y culturales de una sociedad cada vez más desigual, conocida como la ‘cuestión social’.
En 1906, Valentín Letelier abordó estos problemas y promovió conferencias de extensión y conferencias populares en la universidad, estableciendo una política de compromiso hacia la gran mayoría afectada por un sistema económico desigual, enfrentando serios problemas de salud, miseria y hacinamiento.
¿Qué actividades se realizaban para los sectores más desfavorecidos?
– “En 1907, bajo la dirección del rector Valentín Letelier, la Universidad de Chile comenzó a organizar conferencias populares junto a la Asociación de Educación Nacional, un grupo de maestros que abogaban por la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria. Esta asociación colaboraba en las conferencias con grupos de trabajadores y mujeres que veían en el conocimiento universitario una vía para mejorar su calidad de vida.
En 1935, se establecieron las Escuelas de Temporada bajo el liderazgo de la educadora y feminista Amanda Labarca. Estas escuelas, que se llevaron a cabo en todo el país, buscaban democratizar la universidad, promover la capacitación de profesionales y ofrecer espacios de formación general y técnica a quienes no podían acceder a la Universidad de Chile. También fueron un punto de encuentro latinoamericano, ofreciendo becas a estudiantes y profesores de todo el continente. Figuras destacadas como Margot Loyola, Pablo Neruda, Nicanor Parra, Marta Brunet y Olga Poblete formaron parte de estas escuelas.
Los Institutos de Extensión Artística y de Extensión Musical incluían el Museo de Arte Contemporáneo, el Museo de Arte Popular Americano, el Teatro Experimental, la Orquesta Sinfónica de Chile, la Orquesta de Cámara, el Coro Universitario, el Cuarteto de Cuerdas, la Escuela de Danza y el Ballet Nacional Chileno, llevando exposiciones y presentaciones a lo largo del país.
A partir de la década de 1970, la Universidad de Chile definió la extensión universitaria como una función centrada en desarrollar una conciencia crítica para transformar la sociedad, guiada por principios de justicia y dignidad. En este contexto, destaca la creación del Centro de Estudios Sindicales (CESCO), que colaboraba con la Central Única de Trabajadores en escuelas sindicales y publicaciones.
¿Quiénes son algunos de los personajes destacados en la extensión universitaria?
– “Sería injusto destacar solo a algunas personas, ya que todas han sido esenciales en la historia de la extensión universitaria. Sin embargo, además de Valentín Letelier y Amanda Labarca, es importante mencionar a otros como Domingo Piga, fundador del Teatro Experimental, y Víctor Barbieri, presidente de la Comisión Nacional de Extensión y Comunicaciones, quien fue uno de los principales redactores del libro ‘Aspectos doctrinarios y políticas de Extensión Universitaria’ (1970). Este texto definió esta función académica como un medio para proporcionar a la sociedad los conocimientos necesarios para desarrollar una conciencia crítica que facilite la toma de decisiones sobre su futuro personal y colectivo.
Ambos profesores fueron perseguidos y exonerados de la universidad durante la dictadura. Nuestro trabajo y esfuerzo están dedicados a ellos y a todos quienes han sido perseguidos por pensar diferente y por sufrir el autoritarismo.
También es relevante mencionar al profesor Francisco Brugnoli, quien falleció recientemente y asumió la compleja tarea de liderar la nueva Vicerrectoría de Extensión en 2006. Su labor se centró no solo en la historia, sino también en promover el valor académico de la extensión universitaria y su reconocimiento en los procesos de jerarquización docente.
¿Qué papel jugó la creación del canal de TV en la promoción de actividades universitarias?
– “En nuestro libro exploramos cómo la Universidad de Chile impulsó sus proyectos audiovisuales; en 1960, lanzó su canal de televisión y, un año después, creó la Cineteca. A diferencia de muchos países latinoamericanos, en Chile, la televisión surgió como una iniciativa pública vinculada al ámbito universitario, marcando desde su inicio un enfoque educativo y cultural.
Canal 9, estabilizado en 1960, se concibió como un proyecto científico, tecnológico y pedagógico con el objetivo de ampliar la acción cultural de la Universidad. Su primera transmisión reunió expresiones artísticas y literarias, producto del trabajo de jóvenes ingenieros en electrónica. La iniciativa cobró forma definitiva durante el mandato de Juan Gómez Millas, quien consideraba la televisión como un medio eficaz para fortalecer la educación pública.
A pesar de ciertas resistencias por parte de algunos decanos, temerosos de que la universidad asumiera funciones propias de una ‘Corfo cultural’, otros académicos defendieron la idea como un pilar de la extensión universitaria. Eugenio González, en particular, consideraba que la televisión universitaria debió priorizar su carácter cultural. Así, el canal de la Universidad de Chile se estructuró bajo una dirección institucional sólida y con una programación rigurosamente planificada para fines educativos y culturales, a diferencia de la propuesta de la Universidad Católica, que tenía un enfoque más comercial.
Durante el período de la Unidad Popular, la universidad fomentó programas de educación sindical y cooperativa, además de iniciativas culturales innovadoras, como la Cineteca y el propio Canal 9. Sin embargo, el régimen militar y la intervención norteamericana buscaron eliminar la influencia de estos programas; primero recortaron la programación social y educativa y luego, tras una crisis económica, reestructuraron el canal alineándolo con el mercado y los intereses del régimen.
¿Cómo impactaron los cambios políticos en los objetivos de la extensión?
– “Sin duda. Esta investigación demuestra que la extensión ha sido siempre una expresión directa de los contextos políticos y culturales del país. Por lo tanto, es un tema en constante cambio, ya que la Universidad de Chile refleja las realidades socioculturales de su época. A comienzos del siglo XX, la extensión estaba vinculada a quienes buscaban resolver la ‘cuestión social’. En las décadas de 1940 y 1950, se relacionó con esfuerzos de democratización del Estado, y en las décadas de 1960 y 1970, con visiones orientadas a transformar profundamente a Chile. Incluso durante la dictadura, la extensión fue utilizada como herramienta de propaganda, enfocándose en la capacitación técnica para el mercado laboral.
Esta complejidad de perspectivas y objetivos plantea interrogantes actuales: ¿Qué buscan hoy las universidades en su vinculación con el medio? ¿Cómo se relacionan esos esfuerzos, ahora obligatorios por ley, con los cambios en la sociedad? En el actual contexto electoral, ¿cómo variará esta labor en los próximos años?
¿Qué rol jugaron el teatro y el cine en la difusión de la universidad?
– “La extensión permitió el desarrollo del teatro antes de la creación de la Escuela de Teatro, con estudiantes fundando el Teatro Experimental en 1941. Este teatro realizaba funciones en cárceles, escuelas, hospitales, barrios y sindicatos, buscando construir una mirada cultural propia del país. No solo se trataba de difundir la universidad, sino de recuperar y recrear la cultura nacional a través del teatro.
El cine, a través del Departamento de Cine, la Cineteca y el Cine Club, también desempeñó un papel importante en la educación durante el siglo XX. Esto se intensificó con la apertura de la Cineteca Universitaria a comienzos de la década de 1960, encargada de conservar, producir y difundir el patrimonio audiovisual, además de establecer nuevos vínculos con la realidad social, desempeñando un papel clave durante la Unidad Popular.
Es esencial recordar que las instituciones de cine fueron cerradas tras el golpe de Estado y todos sus integrantes fueron expulsados, pudiendo retomar sus actividades recién en los años 2000. Desde entonces, la Cineteca ha continuado su misión de conservación y difusión del patrimonio cultural, recuperando su objetivo extensionista.
¿Los avances tecnológicos han contribuido a promover las obras universitarias?
– “La Universidad de Chile fue pionera en la primera transmisión radial desde su sede. La televisión también se integró como una herramienta educativa y de extensión. Internet, que tuvo su primera transmisión desde la universidad, ha permitido la creación de plataformas como la Universidad Abierta, que ofrece cursos en línea gratuitos sobre temas relevantes para la sociedad actual. Hoy, los proyectos de extensión emplean redes sociales, videollamadas y recursos audiovisuales para colaborar con actores de todo el país de una manera más ágil. Será interesante observar cómo se incorpora la inteligencia artificial para democratizar aún más el conocimiento.”
¿Cuáles son los futuros desafíos para la extensión universitaria?
– “La extensión universitaria, o vinculación con el medio, ha crecido substancialmente. Todas las universidades, centros de formación técnica e institutos profesionales cuentan actualmente con programas y políticas dedicadas a esta labor. Sin embargo, parece haber mayor preocupación por obtener acreditaciones en vinculación con el medio que por realmente poner a las universidades al servicio de la sociedad. Un desafío es que estas instituciones encuentren su propia voz ante los retos del Chile actual. ¿Cómo se posicionan frente a la crisis climática, las migraciones, el empleo, el desarrollo regional y los riesgos para la democracia? ¿Qué métodos y programas son más necesarios y urgentes? ¿Cómo colaborar entre instituciones en lugar de competir por ver quién brilla más?
Como mencionaba Faride Zerán, el principal reto es no encerrarse en una Torre de Marfil; es fundamental considerar la realidad que nos rodea. Debemos evitar que las universidades caigan en el aislamiento o se refugien en un discurso excelentista y académico, ya que ese no debe ser el propósito de una universidad. En la actualidad, más que nunca, la universidad debe hacerse presente ante el avance de gobiernos autoritarios de ultraderecha que amenazan los derechos sociales conquistados a lo largo del tiempo. Esta situación ha colocado a las universidades en la mira, retirándoles financiamiento público e interviniendo en la investigación y la enseñanza. Deben resistir y no ceder ante los embates autoritarios; deben abanderar la libertad académica y los derechos humanos, estableciendo un mensaje claro en defensa de la democracia y los derechos sociales junto a la sociedad.”

Con Información de chilelindo.org