La ultraderecha en el poder: análisis de escenarios, riesgos y desafíos para el movimiento popular – Factos.cl: Últimas Noticias de Chile.

Con un apoyo electoral sin precedentes y un programa lleno de vacíos, el próximo gobierno enfrentará un dilema estratégico que definirá el futuro del país y la reestructuración de la oposición social.

Por Hugo Catalán Flores. Columnista de FACTOS

El resultado de la segunda vuelta presidencial era más o menos previsible según varios analistas. Era uno de los dos escenarios más probables; el otro, que las fuerzas de derecha ganaran por menos del 10%. A partir de ahora, comienza un proceso de ajuste mental para preparar lo que se iniciará en marzo: una fase histórica única en Chile, que no hemos visto en casi setenta años —dejando de lado la dictadura civil-militar y los gobiernos de Piñera, que triunfaron en un contexto de contención programática y se desenvolvieron dentro del pacto transicional del duopolio—.

El gobierno de Kast se caracterizará por no tener que rendir cuentas políticas ni programáticas a ningún pacto con el centro. Además, posee varios elementos narrativos significativos: los millones de votos que recibió constituyen el mayor respaldo electoral logrado por un presidente en la historia de Chile, lo que dificulta aún más cualquier intento de contenerlo desde el ámbito progresista y popular.

Se abren así dos alternativas para la consolidación y desarrollo del primer año de un gobierno de derecha. En primer lugar, el modelo Meloni: un avance pragmático, centrado en la negociación y la búsqueda de acuerdos legislativos, en respuesta al delicado equilibrio de fuerzas en el Senado. En segundo lugar, el modelo Milei: medidas radicales y un enfoque de choque, destinados a abordar una crisis que se armó comunicacionalmente durante la campaña, la cual serviría como justificación para implementar las primeras medidas.

Recientemente, el medio especializado The Economist —en un artículo reproducido por El Mercurio— advertía, de manera crítica, algo que también había señalado la campaña de Jara: gran parte de lo prometido por el ganador de esta elección es complicado de llevar a cabo sin poner en riesgo el crecimiento económico. Se menciona, por ejemplo, la reducción de US$6.000 millones en gasto público, destacando que muchas de las iniciativas en materia de migración y delincuencia “requieren políticas sofisticadas” que Kast nunca detalló en su programa. Este será un desafío que deberá afrontar, bajo la atenta mirada de los más de siete millones de votantes que lo apoyaron.

Con el volumen de votos obtenido, en una primera etapa el gobierno podría gozar de un margen de maniobra. Sin embargo, si opta por el enfoque de la motosierra, figuras de la ultraderecha —como Axel Kaiser— ya le han señalado que debe utilizar ese capital político para implementar las medidas más “urgentes”, probablemente bajo la potestad reglamentaria del Ejecutivo y a través de decretos, dando inicio a una fase de choque, tal como se sugirió en el cierre de campaña del jueves pasado.

En el ámbito progresista y popular, los retos no serán menores. La reorganización del tejido social se convertirá en una prioridad. Pese a la derrota —por compleja y contundente que haya sido—, es un resultado circunstancial que debe ser revertido mediante una expresión organizada de oposición a las medidas que la derecha pretende promover.

Desde el entorno de las organizaciones sociales y las comunidades populares, este tipo de situaciones forma parte de una experiencia histórica prolongada; no son novedad. Además, ante el vacío programático que inevitablemente presentarán las propuestas reactivas, surgirán formas de resistencia y oposición activa. Este escenario ha sido anticipado por la misma derecha, que incluso lo ha reconocido públicamente. No es casual que voceros como Rodolfo Carter hayan evitado explicar qué programas sociales serían eliminados, argumentando explícitamente la necesidad de no “alertar” a una posible oposición social.

Es momento de prepararse para una etapa excepcional en la historia reciente: un gobierno de ultraderecha que accede a la presidencia mediante elecciones, con un programa que se basa en una “crisis” más comunicacional que real, y que nos exige trabajar activamente en la defensa de la democracia.

Con Información de factos.cl

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