
Andrés Kogan Valderrama, Sociólogo, Diplomado en Educación para el Desarrollo Sustentable, Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea
Es innegable que el nazismo representa una de las manifestaciones políticas más atroces de la historia; una ideología racista y de muerte que, en un corto periodo, llevó a la persecución y asesinato de millones de seres humanos de manera fría y despiadada.
Por esta razón, son escasas las personas que hoy en día defienden las acciones de Adolf Hitler. Sin embargo, muchos recurren al término «nazismo» para descalificar otros movimientos políticos contrarios, lo que tiende a generar confusión más que claridad sobre los puntos que intenta resaltar.
La utilización del término «nazi» para descalificar sectores políticos opuestos es común, empleándose tanto en la derecha como en la izquierda, por conservadores y progresistas, con el objetivo de avanzar en sus agendas y representar una realidad distorsionada.
En diversas partes del mundo, diferentes corrientes de izquierda etiquetan como «nazi» a cualquier expresión de la derecha debido a su carácter reaccionario, mientras que algunas derechas realizan lo mismo con las izquierdas, tratándolas de autoritarias. Esta práctica genera una equivalencia que, en la práctica, resulta poco útil.
Los ejemplos de dictaduras en América Latina y totalitarismos en los socialismos reales evidencian el mal uso del término, así como su degradación en significado tanto por parte de la izquierda como de la derecha, que las equiparan al nazismo.
En el contexto actual, se puede observar el uso del nazismo como un recurso para descalificar a adversarios, tanto en el caso de la colonización de Israel en Palestina como en la invasión de Rusia a Ucrania, sin profundizar en la escasa consistencia que tiene este argumento.
Es importante mencionar la equiparación entre sionismo y nazismo que hace ciertos sectores opuestos a Israel, sugiriendo que ambas ideologías son prácticamente idénticas. Este fenómeno, conocido como antisionismo, utiliza la experiencia del Holocausto judío para compararla con el sufrimiento del pueblo palestino a lo largo de las décadas.
Por otro lado, quienes defienden al Estado de Israel frecuentemente descalifican cualquier crítica a sus políticas como «nazi» o «antisemita», argumentando que cuestionar a Israel es lo mismo que atacar a los judíos, lo que convierte el debate en un discurso puramente racista, similar al que empleó Hitler en Alemania en su época.
En el caso de Ucrania, el régimen ruso ha utilizado la narrativa de «desnazificación» para justificar su invasión de 2022, mientras que, desde el otro lado, se ha tratado de igualar a Putin con Hitler, como si no existieran diferencias en sus acciones, lo que da lugar a posturas que no conducen a ningún avance.
Todos estos ejemplos, a diferentes niveles, trivializan el nazismo, lo que reduce la importancia de los horrores perpetrados por Hitler y nos despoja de la capacidad de cuestionar lo que realmente debería preocuparnos: la desigualdad en todas sus formas, el fanatismo, la violencia y la concentración de poder, en cualquier contexto.
Es posible encontrar similitudes entre ciertas concepciones y prácticas del nazismo y las que se han llevado a cabo en diversas experiencias políticas, tanto de derecha como de izquierda, incluyendo nacionalismo, racismo, caudillismo, machismo, totalitarismo, y persecución y asesinato de individuos. No obstante, el verdadero problema va mucho más allá de estas comparaciones.
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