La posición de la derecha en Estados Unidos respecto a la política tributaria.

Claro, aquí tienes el contenido reescrito:



Foto de Jon Tyson en Unsplash

Si la derecha en Chile no está dispuesta a aumentar los impuestos para financiar su programa de gobierno, además de lo que pueda recaudar con un posible crecimiento económico, una primera interrogante para sus candidatos presidenciales es si aceptarían reducir la evasión tributaria, lo que permitiría incluso bajar las tasas actuales si se recaudara parte del 40 o 50 por ciento de los impuestos no pagados. ¿Qué medidas implementarían para lograrlo?

Investigaciones serias sobre la evasión tributaria indican que los porcentajes superan el 40%, y algunos incluso llegan al 50% de la totalidad de los tributos en Chile. En nuestro país, el fraude al Fisco se ha normalizado a gran escala, lo que permite que el Estado solo recaude poco más de la mitad de los impuestos establecidos por ley, sin incluir la elusión, que busca aprovechar vacíos legales para pagar la menor cantidad posible de impuestos.

En el año 2024, los impuestos recaudados en Chile representaron poco más del 17% del PIB, con 7,3% en impuestos a la renta, 8,6% en IVA y el resto en otras categorías impositivas. Con estas cifras, podríamos concluir que, si las estadísticas del SII incluyeran la evasión como un dato oficial, no habría razón para aplicar severas sanciones a este delito, incluyendo prisión para los evasores. Entonces, ¿por qué persiste una cultura tributaria resistente a cambios y mejoras observadas en países con los que nos comparamos?

Resulta incomprensible que nuestra sociedad no reaccione ante el insistente deseo de la derecha de reducir impuestos, presentándolo como un requisito para fomentar la inversión y el crecimiento. ¿Es necesario incrementar las ganancias mediante más inversión si se puede lograr lo mismo evadiendo impuestos, dado lo laxa que es la aplicación de las leyes contra la evasión y la elusión?

No hay suficientes pruebas que demuestren que simplemente reducir impuestos incrementaría las inversiones como un factor clave para fomentar el crecimiento. Sin embargo, ¿cómo justificar que la evasión forme parte de las prácticas empresariales en Chile, donde la carga impositiva es inferior a la de la OCDE, y en comparación con la zona europea, la evasión es menor?

El desarrollo económico de países del primer mundo empezó con altos impuestos que en su momento llegaron a representar más del 80% del PIB. Luego, con el aumento del PIB per cápita, estos pudieron bajar sin sacrificar las exigencias de un país desarrollado, especialmente en bienes públicos, como se observa en la carga tributaria de algunas naciones que alcanza el 50% del PIB.

En busca de respuestas

Ahora es pertinente plantear nuevas interrogantes: ¿Qué espera nuestra sociedad para alcanzar los niveles de bienestar y progreso de los países desarrollados? ¿Qué define a nuestro país, su clase empresarial y sus gobiernos? ¿Por qué, a pesar de conocer la experiencia de naciones que han pasado por procesos extensos y difíciles de acumulación de capital y desarrollo de bienes y servicios, no lo consideramos como un modelo a seguir? ¿Es posible que haya un camino más simple y rápido?

Aunque pueda parecer inverosímil, los datos empíricos de las estadísticas tributarias y de desarrollo que poseemos demuestran lo contrario. La respuesta radica en el núcleo del modelo productivo y empresarial, evitando el término «ADN empresarial», que podría provocar reacciones adversas.

Si muchos países desarrollados tenían, hace cinco décadas, un PIB per cápita más bajo que el de Chile, y hoy nos triplican, es una cuestión que debemos abordar. Es crucial identificar los factores que nos han mantenido en el grupo de países periféricos de economías industriales avanzadas, y que no lograron salir del modelo primario exportador, añadiendo valor a sus cadenas productivas.

El modelo primario exportador fue impulsado por capital internacional en busca de oportunidades de negocio fáciles. Los granos, carne, bosques, frutas y minerales llegaron con escasa inversión, obteniendo múltiples retornos, especialmente en recursos no renovables mediante la explotación minera. Así, empresarios locales, de latifundistas, se convirtieron en propietarios de empresas mineras e industriales, asociándose nuevamente con capital extranjero.

Este modelo de negocio, cómodo y con bajo riesgo, se basa en garantizar certeza y facilidades por parte del Estado, a menudo con impuestos mínimos para “estimular” el crecimiento. Así, mantenemos una economía extractivista, con características monopólicas y sin proyección hacia el desarrollo de las cadenas de valor. Esto garantiza un espacio en los mercados internacionales, pero nos deja a merced de las fluctuaciones de precios de los escasos productos con los que competimos, vulnerables ante ciclos económicos globales.

Finalmente, ¿qué ha sucedido en la economía global con el auge del proteccionismo en el país que solía liderar el libre comercio? Trump busca devolver el liderazgo a EE.UU. al aumentar impuestos que llevaron al país a una deuda insostenible, cercana al 140% del PIB. Para recuperar su dominio en los mercados, ha decidido estimular la inversión interna con menores impuestos, al mismo tiempo que aplica aranceles a importaciones, argumentando que otros países «robaron» a EE.UU. durante años. Además, está negociando la intervención estatal en las ganancias de empresas estratégicas. Este es un giro de 180 grados en el modelo económico, donde el gobierno establece direcciones para rescatar a la economía estadounidense, enfocándose en que los consumidores subsidien dicho rescate a través de precios, lo que incluye IVA, un impuesto regresivo que afecta a quienes dependen de sus salarios.

La derecha en el sur de EE.UU. se encuentra confundida, pero también atraída por este cambio, que les permite justificar gobiernos autoritarios para extender su influencia, sin necesidad de desarrollar nuevas formas de intervención económica. La regla dictada por Trump es clara: reduce los impuestos a los empresarios, a cambio de aumentar aranceles para restaurar lo que se deja de recaudar internamente. Si Trump impone un arancel a tu país, acéptalo, y si ofrece invertir en Chile, impón la menor tasa impositiva, elimina regalías y evita represalias por interactuar con naciones que no se alineen con EE.UU. Sumétete a sus condiciones, porque al menos contarás con la protección del imperio que lucha por sobrevivir y recibirás la bendición del autoproclamado monarca global.

Si necesitas más cambios o ajustes, házmelo saber.

Con Información de pagina19.cl

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