Garín, autor de obras como El Fracaso, El Patio del Poder y Los Reemplazantes, criticó la Convención Constitucional, a la que describió como un “reality show de egos”, donde “cada constituyente se grababa como si estuviera en Gran Hermano”. Aseguró que el resultado final fue “pésimo” y que toda la clase política involucrada, desde la Lista del Pueblo hasta el Partido Socialista, “hizo el ridículo”.
La caída de Revolución Democrática
El exconstituyente centró sus críticas en Revolución Democrática, partido al que perteneció, indicando que fue la “vanguardia de la izquierda chilena” que terminó “degradándose de manera escandalosa”. Garín presenta un análisis incisivo del caso de Catalina Pérez, sosteniendo que es inverosímil que no conociera los actos de corrupción relacionados con la fundación Democracia Viva, sugiriendo que su situación ilustra un patrón extendido: “Ella no actuó sola. Existía una estructura. RD operaba creyendo en un grupo reducido y desconfiando del resto. Era una cúpula cerrada que hizo lo que quiso”.
Además, criticó a figuras como Maite Orsini, afirmando que sus conductas “rozaban lo delictual” y evidenciaban un problema estructural en el partido: “No se trataba de casos aislados. Era un modelo de operación donde se entremezclaban el poder político, los sentimientos mesiánicos, el amiguismo y la malversación de fondos públicos”.
Garín también sostiene que el Frente Amplio replicó y empeoró las prácticas clientelistas y elitistas de la antigua Concertación: “Se llenaron la boca criticando el poder económico, pero lo primero que hicieron fue canalizar dinero a través de fundaciones, mezclando fondos de Soros con los del partido. Hoy están en el gobierno y muchos terminarán en directorios de empresas, como ocurrió con el Mapu”.
Boric y Vodanovic: dos rostros del nuevo orden
Acerca del Presidente Gabriel Boric, Garín lo califica como “una figura profundamente contradictoria”, incapaz de abandonar la lógica de la campaña: “He visto muchas versiones de Boric. Es alguien que se reinventa según el momento. Puede pactar con cualquiera. Lo hizo con Tironi, con el PPD, con SQM. No es un hombre de ideología, sino de emociones. Y no puedo imaginarlo fuera del poder”.
Referente al alcalde de Maipú, Tomás Vodanovic, Garín lo describe como un representante de su generación: “Un católico de un colegio de Los Legionarios, Cumbres, que atrae votos de manera emotiva y combina lo millennial con lo religioso. Es el invento de Pablo Vidal, aunque lo ha superado. Su popularidad crece, pero si aspira a la presidencia, su principal obstáculo es Boric”.
Uno de los diagnósticos más alarmantes de Garín es sobre la preparación de la nueva generación política: “Hay un desprecio por el estudio y la disciplina. La ley de presupuesto, la más importante de todas, ni siquiera la leen porque no la comprenden. ¿Cómo podemos financiar políticas públicas si la mayoría de nuestros diputados tienen un promedio de 4 en matemáticas?”.
También critica el uso del tiempo en el trabajo: “No es que trabajen. Van a trabajar, pasan cosas, se van, regresan. Es un vicio generacional. Encontrar un político millennial que entienda la ley que vota es casi imposible”.
Los matinales como el nuevo epicentro del poder
Garín también cuestionó el papel de la televisión, especialmente los programas matinales: “Julio César Rodríguez y José Antonio Neme no son periodistas, son símbolos del nuevo poder. Se han adueñado de los canales. Hoy tienen más influencia que un diputado. Por eso la Lista del Pueblo buscó a Rodríguez, porque les otorga poder real”.
Finalmente, Garín reflexiona sobre la naturaleza del poder en Chile: “No se encuentra en el Congreso ni en el Gobierno. Está en los directorios de empresas como el grupo Luksic. Ellos imponen su voluntad sin ser elegidos ni rendir cuentas. La clase política actual, al dejar el gobierno, terminará buscando sillas en esos directorios. El poder ya no se bastará en la política, sino en el dinero”.
La entrevista completa está disponible en el canal de YouTube de El Periodista TV:
Con Información de www.elperiodista.cl