Reconocida como la escritora viva más leída de habla hispana, Isabel Allende Llona visitó la casa central el martes 23 de septiembre para recibir una Medalla Rectoral, un homenaje otorgado por la Universidad de Chile en reconocimiento a su extensa trayectoria y contribuciones a la literatura. Sus 28 obras, traducidas a más de 40 idiomas, narran historias profundamente latinoamericanas, tratando temas como la memoria nacional y la igualdad de género.
La ceremonia, que tuvo lugar en el Salón de Honor, fue presidida por la rectora de la Universidad de Chile, Rosa Devés. Entre los asistentes estuvieron la prorrectora Alejandra Mizala; el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Blanco; las ministras Macarena Lobos y Carolina Arredondo; la contralora universitaria, Magdalena Gandolfo; vicerrectores Claudio Pastenes, Pilar Barba, José Correa y Josiane Bonnefoy; así como decanas y decanos, senadoras y senadores universitarios, miembros del Consejo de Evaluación, rectores de otras universidades y del cuerpo diplomático.
“En un momento en que la libertad de expresión y la palabra auténtica enfrentan crecientes riesgos, mientras la tecnología nos brinda más canales de comunicación que nunca, queremos destacar el hablar y contar libremente de Isabel Allende, que siempre se manifiesta con una humanidad inagotable”, afirmó la Rectora Devés al iniciar el evento. “Su escritura, que siempre coloca a las mujeres como protagonistas y transforma lo cotidiano en algo trascendente a través de la imaginación y la creatividad, es un antídoto ante la tentación de guardar silencio por miedo a los agravios. Con humor, ternura y una mirada crítica, sus obras son ejemplos de valor en la expresión”, añadió.
La rectora resaltó cómo la obra de Allende se alinea con la misión de la U. de Chile en la conmemoración de los 50 años del golpe de Estado, que busca profundizar la educación sobre los Derechos Humanos y la democracia. “Isabel Allende nos guía, ya que ha sabido conectar con las experiencias ajenas, especialmente con las de las mujeres. Ha narrado las historias de aquellos que fueron silenciados, dignificando las vidas de los oprimidos mediante su escritura. Dar voz y ofrecer un espacio, eso es lo que su literatura logra con fuerza y belleza. Esa es también la responsabilidad de nuestra universidad pública”, destacó.
“Agradezco sinceramente esta medalla inesperada que me honra y alegra”, dijo la escritora, quien también compartió su motivación para escribir: “Respondo a preguntas que me hacen constantemente: por qué escribo y por qué continúo haciéndolo a mi edad”. “Resultan preguntas peculiares, porque si fuera panadera, a nadie le interesaría por qué hago pan, ni por qué sigo amasando. ¿Por qué escribo? Porque si no lo hago, se me seca el alma y me muero. Porque hay infinitas historias en el aire. Cada persona tiene una vida que quiero conocer y narrar. Y porque nada me da más placer que entrelazar palabras”, explicó.
Su presentación estuvo a cargo de la directora del Departamento de Literatura de la U. de Chile, Carolina Brncic, quien aseguró que “su obra es una expresión de las desigualdades sociales de nuestro continente, de las atrocidades de las dictaduras en el Cono Sur y del drama del exilio, utilizando recursos que la crítica ha asociado con la nueva novela histórica, como la ficcionalización de la historia y el registro de identidades marginadas”. “Isabel Allende utiliza cartas, crónicas y diarios para reconstruir historias personales, ofreciendo perspectivas subjetivas, casi siempre desde la voz de mujeres, recuperando memorias de personajes muchas veces ignorados por la historia convencional”, agregó.
Brncic afirmó que “las ficciones de Isabel Allende se nutren de la realidad y abren la puerta a la imaginación. En sus relatos, presenta las experiencias y luchas de sus personajes por alcanzar autonomía, desafiando las normas sociales y contextos opresivos”.
Escribir para vivir, vivir para escribir y escribir hasta el final
Isabel Allende comenzó su carrera en el periodismo con la Revista Paula, donde, a través de su columna “Civilice a su troglodita”, abordó de un modo pionero temas sobre feminismo e igualdad de género. Su primera novela, La Casa de los Espíritus, fue publicada en 1982, marcando el inicio de su exitosa trayectoria como escritora de ficción y no ficción.
Hoy, Isabel Allende es reconocida como una de las autoras más exitosas a nivel mundial. Entre sus distinciones se encuentra el Premio Nacional de Literatura 2010 y la Medalla Presidencial de la Libertad, la más alta condecoración civil de EE.UU., que le fue otorgada por el entonces presidente Barack Obama en 2014. También recibió en 2018 la Medalla de Honor del National Book Award, en reconocimiento a su contribución a la literatura estadounidense.
Luego de recibir el galardón, la escritora ofreció una conferencia magistral en la que abordó temas recurrentes en su obra: los motivos de su escritura, el feminismo y la equidad, la identidad local y la memoria, tanto mágica como nacional. Ella recordó sus inicios en Paula, donde a veces dudaban de la veracidad de sus artículos y en donde aprendió “el poder de la palabra”. “Descubrí que la escritura no es un fin en sí mismo, sino un medio de comunicación, un principio que nunca he olvidado. No escribo para mí, escribo para mis lectores”, confesó. “El ambiente en la revista era maravilloso. Informar, desafiar prejuicios, cambiar la cultura machista y reflejar la realidad de Chile. Todos mis planes para el futuro se desmoronaron en 24 horas el 11 de septiembre de 1973”, recordó.
No obstante, Isabel Allende afirmó: “No me quejo. Mi vida parece sacada de una novela. En general, la vida tiene momentos brillantes y otros muy oscuros, pero el tiempo entre ambos es gris y no deja huella. He vivido tanto bueno como malo, inesperados éxitos y amor constante, así como muertes, pérdidas, separaciones y lágrimas, desorden y confusión. He comenzado de nuevo en múltiples ocasiones y en cada ocasión he adaptado mi historia. Me presento, me explico y surge un nuevo yo. Elegir cómo relato mi vida, qué destaco y qué omito es una forma de ficción”, expresó.
Además, compartió el relato de La Casa de los Espíritus, que originalmente nació como una carta para su abuelo moribundo en Santiago, donde deseaba recordarle todas las anécdotas que él le había compartido. “La carta iba creciendo y se convertía en una criatura voraz, devorando todo a su paso. Ya no parecía una carta, era algo más. Mi abuelo no alcanzaría a recibirla, pero eso no me detuvo, me dio alas para escribir sin miedo a ofenderlo. La historia comenzó a tomar forma sin un plan, escribía en la cocina, de noche, disfrutando de una libertad absoluta que nunca he vuelto a experimentar. Finalmente, un año después, tenía más de 500 páginas listas: era mi primera novela”, compartió.
Para crear sus novelas, Allende investiga cuidadosamente el contexto histórico correspondiente y afirma que este proceso le ha permitido “comprender el presente desde una perspectiva más amplia e imaginar el futuro”. “A veces parece que la humanidad retrocede. Estamos en uno de esos momentos. La injusticia, la crueldad y la ignorancia son tan abrumadoras que perdemos la esperanza. Pero no es cierto que estemos dando vueltas en círculos, como un perro persiguiéndose la cola. Nos movemos en espirales. En cada vuelta aprendemos algo nuevo. Todo cambia, todo es temporal; el gran arco de la historia se inclina hacia más progreso, más conocimiento, más inclusión. La humanidad evoluciona, aunque de forma titubeante”, afirmó.
Al respecto de su futuro como escritora, Allende aseguró que “mientras tenga memoria y capacidad de atención”. “Aún puedo retener 360 páginas de mi novela en proceso y recordar exactamente dónde está la frase que busco. Puedo investigar una montaña de documentos con solo café. Tras casi medio siglo escribiendo, he aprendido de mí misma, porque cada libro es un ejercicio de introspección: mi curiosidad por el resto de mi vida aún persiste. No he completado la exploración de mi memoria y alma”, reveló, compartiendo que actualmente trabaja en un nuevo libro de memorias que abarcará la última década de su vida.
“A través de este proceso mágico de escribir mis memorias, espero convertir la desilusión de un divorcio en una aventura y el tenaz acecho de la vejez en liberación. ¿No es esa la magia de la literatura, como dijo William Gass? Transformar lo mundano y el dolor inevitable en verdad poética, mediante el paciente arte de narrar. Con un toque de imaginación y un trazo de la pluma, o unos golpes en el teclado, esperanzas y luchas cotidianas cobrarán brillo. Escribir para vivir, vivir para escribir y escribir hasta el final“, concluyó.
Isabel Allende, quien reside en Estados Unidos desde 1988, retornó a Chile después de seis años de ausencia. Durante su visita, presentará su novela más reciente, “Mi nombre es Emilia del Valle”, en el Teatro Oriente de Providencia, un evento gratuito que agotó entradas en menos de un minuto.
Con Información de www.lanacion.cl