La figura de la mujer vampiro: una exploración entre la fantasía y la realidad.

¿Qué pasaría si los vampiros primordiales no fueran los clásicos caballeros con capas oscuras, como el conde Drácula de Bram Stoker, sino que existieran mujeres igualmente bellas y seductoras, aunque también malévolas e inmortales?

Juan Antonio Sanz, un investigador y periodista español nacido en 1966, se especializa en Historia Militar y Servicios de Inteligencia. Su fascinación por el folclore y los viajes le ha llevado a investigar leyendas a nivel mundial. En su libro ‘Vampiras’, defiende y documenta esta hipótesis.

Esta obra es una extensión de su análisis sobre el fenómeno de los no-muertos, presentado anteriormente en ‘Vampiros, príncipes del abismo’, donde ofreció una visión global del tema.

Sanz propone una revisión profunda del arquetipo femenino del vampiro, esa figura enigmática que se alimenta de la energía y la sangre de sus presas para perpetuar su existencia siniestra.

Vampiras legendarias y literarias

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La condesa Erzsébet Báthory, una de las vampiras históricas más renombradas, cuya historia fue investigada por Juan Antonio Sanz en los Cárpatos. Foto: retrato de Elizabeth Báthory, de dominio público. Wikimedia Commons.

En su análisis de estas figuras misteriosas y fascinantes, Sanz menciona deidades demoníacas de la Antigüedad, como la hebrea Lilith, madre de todos los vampiros, y la egipcia Sekhmet, junto con empusas griegas, nügui chinas y lamias mitológicas, entre otras criaturas sombrías.

También examina a vampiras históricas que han dejado una marca en la literatura, como Carmilla, Clarimonde y Erzsébet Báthory, quienes encarnaron el mito del vampirismo a través de la magia negra y la invocación de la sangre.

Para investigar la figura femenina del vampirismo, Sanz emprendió un extenso recorrido por varios continentes, abarcando desde manuscritos hebreos hasta el Japón feudal, pasando por Cárpatos, China y América, explorando sitios históricos como la fortaleza de la condesa Báthory en la actual Eslovaquia.

En una entrevista con EFE, Sanz analiza las características más intrigantes de las vampiras que las distinguen de sus contrapartes masculinas y reflexiona sobre cómo el mito, que originalmente era femenino, ha evolucionado hacia una figura masculina predominante.

Colmillos afilados y seductores

“La capacidad de seducción es el rasgo más marcado en la representación literaria del mito de la mujer vampiro, especialmente en el siglo XIX, cuando la literatura sobre vampiras llegó a su auge”, comenta Sanz.

Destaca obras como ‘Carmilla’ de Joseph Sheridan Le Fanu y ‘La muerta enamorada’ de Théophile Gautier como ejemplos fundamentales de esta seducción vampírica.

“En la mitología vampírica, desde las islas británicas hasta Japón, existen numerosos ejemplos de vampiras legendarias que utilizan la seducción como técnica de caza”, añade.

Las vampiras seducen no solo por su belleza, sino también por su astucia, llevando a sus presas a un estado de deseo incontrolable que conduce a su perdición. A diferencia del vampiro masculino, que frecuentemente recurre a la violencia y al terror, las vampiras juegan con la astucia y desafían el pensamiento patriarcal tradicional.

Sanz enfatiza que la aparentemente “frágil” mujer vampira es en realidad un depredador letal, comparable a una mantis religiosa o a una araña hipnótica que devora a su presa sin compasión.

El amor en el mundo de los ‘no muertos’

Otro aspecto notable de muchas vampiras en la literatura, el cine y la mitología es su capacidad de enamorarse de sus víctimas, buscando llevarlas al mundo de los “no-muertos” para compartir una eternidad condenada.

Además, “la destrucción de las vampiras a manos de sus ‘amados’ también representa una condena para ellos, renunciar a un amor incomparable a cambio de no perder su alma”, reflexiona Sanz.

Vampiras y también brujas

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Seductoras, malignas, inmortales, bellas y letales. Así son las mujeres vampiro según Sanz. Foto: Freepik.

“Una característica interesante de las vampiras históricas es su conexión con la brujería”, menciona Sanz.

“Hay muchos más ejemplos de brujas y hechiceras que han utilizado el derramamiento de sangre en rituales oscuros que de hombres cuyas prácticas hayan dado lugar al vampirismo”, precisa.

Historia vampírica manipulada por el hombre

Sanz sostiene que la imagen masculina del vampiro ha prevalecido porque, históricamente, han sido los hombres quienes han narrado y moldeado el folclore. Sin embargo, la esencia más profunda del mito del vampiro es femenina.

Asimismo, señala que “el cristianismo medieval asoció muchos rasgos de los demonios con los vampiros masculinos”.

En Europa del Este, las diferencias entre vampiros y demonios fueron más marcadas que en Occidente, donde ambos conceptos se confundieron y adquirieron características diabólicas propias de las acciones de los hombres.

Por otro lado, en Grecia y el Mediterráneo se preservó la esencia femenina del vampirismo, con raíces en Mesopotamia y más allá, en Oriente.

Ellas y ellos ante el festín de sangre

A principios del siglo XIX, se intentó otorgar al vampiro masculino una seducción que hasta entonces había sido exclusiva de las vampiras, aunque a menudo carecía de atractivo genuino más allá de su apariencia, como se observa en ‘El Vampiro’ de John William Polidori.

En contraste, la mujer vampiro se revelaba como un depredador perfecto, utilizando su belleza como cebo. Mientras que el vampiro masculino era considerado malévolo desde el principio, la vampira ocultaba su malignidad hasta que era demasiado tarde, frecuentemente conduciendo al hombre hacia su fatal destino.

Según Sanz, no todo lo relacionado con las leyendas sobre vampiras es romántico; su sed de sangre podía provocar un terror mayor que cualquier vampiro masculino, pues sabían cómo vulnerar las defensas más sutiles.

El artículo Mujeres vampiro: imaginación y realidad fue publicado inicialmente en El Rancagüino.

Con información de www.elrancaguino.cl

Con Información de chilelindo.org

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