La transformación trascendental que vive una sociedad moderna y orientada hacia el futuro exige un avance digital que proporcione al Estado una plataforma digital de alcance nacional, asegurando que tanto su gestión pública como privada se integre, sea interoperable y cooperativa. En un Estado que reconoce esta necesidad, la mayoría de sus procesos y decisiones deberían ser considerados como resultados digitales por defecto. Sin embargo, en Chile, este tema no ha sido parte del debate en la actual elección presidencial.
El cambio digital en los países bálticos, como Letonia, Lituania y Estonia, está ejemplificado por el sistema X-Road, que permite a las instituciones públicas y privadas intercambiar datos de manera segura, estandarizada y auditada. Este proceso se implementó rápidamente en medio de la complejidad que surgió tras la disolución del bloque soviético a finales del siglo XX, y ha tenido repercusiones en Finlandia, Islandia y gran parte de los países escandinavos. Este enfoque se aleja del concepto restrictivo de seguridad de corte militar, que aún persiste en las democracias occidentales.
El X-Road se presenta como el “sistema nervioso” del Estado Digital estonio y, en ciertos aspectos, es un nuevo paradigma para gestionar una sociedad moderna donde la aceleración digital de los procesos, el manejo de grandes volúmenes de información con computación cuántica y el uso de Inteligencia Artificial son cruciales. Aunque este avance podría insinuar un retorno hacia nuevos autoritarismos, debe resaltarse que las características políticas de cada Estado dependen del desarrollo efectivo de sus componentes democráticos y de cómo se articulan en su progreso moderno.
La seguridad se convierte en un elemento clave del naciente Estado Digital, alcanzando un estatus de ciberseguridad estratégica acorde a los tipos de intercambios y conectividades requeridas. Además de la tradicional noción de infraestructuras críticas, que se queda corta para abordar la realidad de la seguridad digital suficiente. Esto resalta la necesidad de una plataforma digital de ámbito nacional, como el X-Road estonio, que facilita a los diversos sistemas del entorno social la comunicación mediante un estándar común, permitiendo que cada entidad, que agrupa servidores y bases de datos, intercambie información sin necesidad de fusionar sistemas.
Esto garantiza un segundo aspecto crucial: la seguridad y trazabilidad, al establecer un cifrado de extremo a extremo que permite registrar y auditar cada consulta de datos, haciendo que cada institución sea responsable de autenticar su identidad bajo acordes normativos. Esta garantía no es aún una realidad en Chile, donde la falta de coordinación entre el Poder Judicial y el Ministerio Público compromete la seguridad de los ciudadanos.
Un sistema X-Road previene la duplicidad de bases de datos de manera innecesaria. Por ejemplo, en Estonia, el registro civil, el sistema de salud, la policía, las municipalidades y los bancos están interconectados a través de esta plataforma, permitiendo que cada dato o registro solo se ingrese una vez, algo que carecen las fuerzas policiales y Gendarmería en Chile.
El sistema es descentralizado, eliminando la necesidad de un servidor central gigante, ya que cada entidad puede conectar su propio sistema mediante un “servidor seguro” y, lo más importante, utilizando software abierto, lo que permite que cualquier persona revise, adapte o implemente el código conforme a las normas establecidas. Aunque la nueva legislación en Chile permite esta apertura, su avance es lento y presenta vacíos significativos en su regulación.
Las repercusiones son claras: en un “estado digital” se facilita la reducción de la burocracia, la automatización de trámites sin intervención humana, la mejora en la calidad y seguridad del manejo de datos, la disminución de la corrupción al evitar el intercambio ilegal de información y la oferta de servicios digitales avanzados (salud, impuestos, beneficios sociales, policía, justicia). En Estonia, más del 99% de los servicios públicos utiliza X-Road.
La experiencia muestra que incluso pequeñas naciones pueden convertirse en potencias digitales al combinar visión estratégica, interoperabilidad y ciberseguridad con una clara identidad nacional. Pero la transición hacia un Estado Digital exige una visión unificada que integre infraestructura, gobernanza, ciberseguridad y cultura digital. El éxito se materializa cuando el Estado actúa como un articulador, establece estándares obligatorios y asegura la interoperabilidad completa entre diferentes instituciones.
Entre los principales habilitadores se encuentra la identidad digital universal, que permite a cada ciudadano, empresa o funcionario acceder a los servicios públicos mediante autenticación segura, así como un ecosistema de datos interoperables —ya sea mediante X-Road o similar—, que posicione el intercambio de información descentralizado, auditable y eficiente, minimizando la burocracia y aumentando la transparencia. Asimismo, una ciberseguridad robusta que depende de plataformas tecnológicas con arquitecturas resilientes, monitoreo continuo y centros de respuesta nacional, así como ejercicios permanentes de ciberdefensa nacional. En Chile, los organismos autónomos constitucionales, como el Poder Judicial, el Ministerio Público y las Fuerzas Armadas, están exceptuados de esta interdependencia, lo que crea una barrera considerable para la constitución de un Estado Digital.
Para que Chile pueda implementar un sistema de esta naturaleza, sería necesario contar con una identidad digital más sólida, junto con una legislación de interoperabilidad y estándares obligatorios aplicables a todos los poderes del Estado, ministerios, entidades autónomas del Ejecutivo, gobiernos regionales y municipios.
La principal enseñanza es, por tanto, la coherencia sistémica: digitalizar procesos no es suficiente; es esencial establecer capacidades estructurales que permitan un gobierno integrado, proactivo y seguro. La confianza de los ciudadanos se construye a partir de la transparencia en el uso de datos, auditorías abiertas y una política de “digital por defecto, papel como excepción”.
Para finalizar, queremos señalar que no hemos abordado aspectos como la ciberseguridad de ataque y ciberseguridad de borde, que son elementos esenciales en la operación de la ciberseguridad, especialmente en términos preventivos.
Como dato adicional, un informe de FortiGuard Labs de Fortinet, especializada en esta área, señala que Chile, como otros países, enfrenta un alarmante incremento de los intentos de ciberataques, pasando de 6.000 millones en 2023 a 27.600 millones en 2024, con un creciente uso de automatización e inteligencia artificial (IA) por parte de los cibercriminales, causando daños incalculables a ciudadanos y naciones por igual.
Por tanto, las respuestas a los incidentes de ciberseguridad serán meramente paliativos si no se aborda de manera integral la necesidad de formar un Estado Digital sólido, un tema que esperamos analizar en futuras columnas.
(Extracto de Elradar.cl)
Con Información de desenfoque.cl