La dualidad entre lo sagrado y lo profano en la naturaleza de Chile.

Lo sagrado se define como aquello que merece veneración debido a su estrecha relación con la divinidad o las fuerzas naturales (Durkheim). Desde tiempos inmemoriales, lo sacro ha sido un objeto de profundo respeto, y en cada cultura ha sido considerado intocable. En contraste, lo profano se refiere al ámbito común donde predomina la búsqueda de lucro y la indiferencia hacia otros seres humanos y formas de vida, que son considerados inferiores. Lo sacro transforma lo natural en algo que toca el espíritu, afectando a la cultura y la identidad de una nación. La sacralidad emerge de realidades excepcionales y, al establecerse, regresa al ámbito humano para enriquecerlo. Este concepto también se explora en «La Rama Dorada» de Frazer, donde se sostiene que los seres humanos han convivido con esta esencia maravillosa desde su llegada a la tierra.

La sacralidad presente en los espacios naturales de Chile tiene raíces antiguas y se basa en una dualidad entre naturaleza y espiritualidad. Este rasgo fundamental no se traduce en mercancía ni busca lucro, sino que forma parte de nuestra esencia humana. Su origen se remonta a nuestros pueblos originarios, quienes desde mucho antes de la actual Canalla Dorada neoliberal, ya incorporaban lo sagrado en su vida y cultura a través de sus deidades y cosmovisiones. Los espíritus del agua, los bosques sureños, los bofedales altoandinos y otros elementos naturales son manifestaciones de lo sagrado en su mundo. La llegada del Estado Leviatán chileno, en la temprana república, representó un momento crucial cuando ciudadanos agricultores lucharon por preservar la naturaleza ante la avaricia de la minería destructiva. Los propios mineros, quienes en Chañarcillo extrajeron riqueza, también dejaron tras de sí escoria y un legado negativo para la tierra.

A lo largo del siglo XX, figuras notables del Estado trabajaron para conservar, a costa de sangre, esfuerzo y sacrificio, pedazos de nuestra sacralidad natural, dando lugar a una valiosa colección de parques nacionales que representan la Herencia Natural de Chile, disfrutada por todos. Esto ocurrió antes de que el capitalismo clásico y neoliberal comenzaran a saquear nuestros recursos. En ese contexto, los espacios naturales eran sagrados, y el papel del Estado era preservar lo que es esencial para la cultura nacional. Sin embargo, hoy vemos cómo la búsqueda desmedida de lucro ha llevado a la destrucción de nuestros ríos, bosques y mares, generando una profunda profanación de lo que alguna vez consideramos sagrado. La actual administración del Estado parece haber olvidado su deber de proteger lo sacro, cediendo constantemente ante intereses económicos.

En esta era de capitalismo neoliberal, el crecimiento económico que se presenta como beneficioso para todos está deteriorando rápidamente la sacralidad de nuestros espacios naturales, transformándolos en simples recursos explotables y despojándolos de su significado cultural y espiritual. La búsqueda de lucro como principal impulsor de la destrucción no deja lugar para la conexión con lo sagrado. La falta de reconocimiento de la importancia de lo sacro también se refleja en la cultura y la política nacional, erosionando así una parte valiosa de nuestro legado espiritual. Mircea Eliade menciona que entre lo sacro y lo profano hay una relación de complementariedad. La desacralización tiene un límite, y la humanidad no puede vivir en una constante inconsciencia. Este es un tiempo sombrío para el desarrollo espiritual, mientras que la ambición de la Canalla Dorada continúa imponiendo sus primitivos valores. Sin embargo, hay signos de que este ciclo no puede perpetuarse, ya que los recursos naturales se están agotando, pero todavía continúan destruyendo el país y el planeta, contribuyendo al cambio climático y comprometiendo el futuro de millones.

La recuperación de la sacralidad en los espacios naturales de Chile requiere un cambio fundamental en la estructura del Estado, así como en la conciencia de la sociedad. Un gobierno capaz de fomentar valores distintos, alejados del lucro, que apoye la creación de una cultura civilizatoria y restauradora, no extractivista ni especulativa. Es vital fortalecer la conexión espiritual entre la nación chilena y la naturaleza para que podamos ser mejores y eternos.

Con Información de pagina19.cl

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