Por: Psicópata bien Orientada | Exclusivo para Factos
El candidato presidencial Johannes Kaiser —orador de micrófono, general de salón— ha manifestado que, de repetirse las circunstancias de 1973, apoyaría “sin dudar” un golpe de Estado. Así, sin tapujos. Lo que no dice, pero se sobreentiende, es que para él la democracia es un capricho… hasta que los más desfavorecidos votan “incorrectamente”, los estudiantes se organizan, o el presidente no encaja en su visión ideológica.
Luego intentó suavizar su declaración, afirmando que no respalda las violaciones a los derechos humanos. Qué bien. Un golpista altruista, parece. Le gustan los tanques, pero ecológicos. No desea torturas, solo una versión ‘bonita’ del quiebre institucional. Como si se pudiera pedir un “golpe a la medida”: sin bajas y con una suave banda sonora de Wagner mientras los militares ocupan La Moneda. Qué delicia.
Pero la historia —esa cruel maestra— no se deja reducir a frases de redes sociales. En Chile no hubo un golpe quirúrgico ni una dictadura aséptica. Hubo más de 40.000 víctimas, con desaparecidos, ejecutados, torturados y exiliados. Fue un horror institucional respaldado por civiles con apellidos conocidos y patrimonio. No fue un mal necesario, sino un crimen premeditado. Y cada vez que alguien como Kaiser dice que lo replicaría, está sugiriendo que ese crimen valdría la pena otra vez.
Y hablando de recordar: no olvidemos a otros entusiastas de aquel pasado glorioso. Evelyn Matthei, quien estuvo presente en los jardines del poder militar mientras otros eran arrojados al mar, alguna vez justificó las violaciones a los derechos humanos porque, según ella, “eran inevitables”. Lo expresó como quien justifica un simple error tipográfico. Tales afirmaciones no son opiniones: son negacionismo con guante blanco.
Y José Antonio Kast, el patriarca alternativo, también tiene sus raíces en suelo manchado. Su padre, miembro del partido nazi en Alemania y colaborador del régimen chileno, vivió plácidamente en Paine, donde campesinos sospechosos de izquierda fueron ejecutados. En esa área, 70 personas fueron asesinadas. ¿Y el silencio de la familia Kast? Impecable. La misma pulcritud con la que intentan convencernos de que la libertad se construye con mano dura, pero limpia. Pero la mano no queda limpia cuando se sumerge hasta el codo en sangre.
Kaiser marca cuatro puntos en las encuestas. No es mucho. Pero Hitler también empezó con poco. El verdadero peligro no es que ganen mañana, sino que cada declaración de Kaiser empiece a sonar menos escandalosa, más aceptable. Más… “comprensible”. Que alguien encienda la radio y diga: “Tiene un punto”. Ahí reside el virus: la justificación histórica. La amnesia como proyecto político.
El problema no es que Kaiser sostenga esas ideas. El verdadero problema es que no está solo. Y ya sabemos lo que sucede cuando los tontos se sienten apoyados: fundan partidos.
Con Información de factos.cl