Por Claudia Molina B.| Factos – Derechos Humanos
La Corte Suprema ratificó la condena del empresario gastronómico y ex operador civil de la represión en Temuco, Jorge Chovar Aguilera, por el secuestro calificado de Luis Bernardo Maldonado Ávila, un estudiante universitario detenido y desaparecido en 1973. Chovar no fue meramente un colaborador; él conducía la camioneta del grupo represor y participó activamente en la captura.
Después de 52 años, el empresario y antiguo miembro del grupo fascista Patria y Libertad, Jorge Chovar Aguilera, enfrentará parte de su responsabilidad histórica. La Corte Suprema lo condenó a 12 años de prisión por su implicación directa en el secuestro de Luis Bernardo Maldonado Ávila, un estudiante de la Universidad Técnica del Estado, quien desapareció en septiembre de 1973 tras el golpe de Estado de Pinochet.
Chovar, que luego de su participación en la represión se dedicó al negocio gastronómico en el sur, era más que un colaborador: manejaba la camioneta Chevrolet que utilizaba la «comisión civil» de la Segunda Comisaría de Carabineros de Temuco, un grupo que actuaba como un aparato de inteligencia paralelo, persiguiendo a estudiantes, militantes o cualquier persona sospechosa para el régimen.
A pesar de sus intentos por evadir su responsabilidad a través de recursos judiciales, la Corte Suprema dejó claro que Chovar participó activamente en el secuestro de Maldonado Ávila y no existe justificación legal que lo salve. El fallo desmanteló su defensa, compuesta por argumentos débiles y contradictorios. Finalmente, su recurso fue rechazado y la condena se mantuvo firme.
¿Quién era la víctima?
Luis Bernardo Maldonado Ávila, joven estudiante de ingeniería mecánica, fue secuestrado el 22 de septiembre de 1973 mientras conversaba fuera de la universidad. Testigos afirmaron haber visto a Chovar al volante de la camioneta desde la que Maldonado fue interceptado por uniformados. Desde entonces, nadie lo ha vuelto a ver, y su familia nunca ha recibido información sobre su paradero, ya que los responsables, tanto civiles como uniformados, han guardado —y continúan guardando— silencio.

En esta causa también estaba implicado el ex subprefecto de Carabineros Gonzalo Enrique Arias González, pero la Corte no emitió un pronunciamiento ya que el ex uniformado falleció en 2023. Así de sencillo: mueren antes de afrontar su responsabilidad.
Mientras tanto, Jorge Chovar se reintegró a la democracia dedicándose a vender empanadas en la Carretera Austral, en Puerto Montt, en su local de Caleta La Arena. Esta es una forma en que los criminales de la dictadura se camuflan: transformándose de secuestradores en empresarios respetables.
Este caso ejemplifica cómo civiles comprometidos con la dictadura no solo actuaron como cómplices, sino que muchos participaron directamente en la represión y desaparición de personas. Lo que hizo Chovar no fue una colaboración secundaria: fue un agente activo de una maquinaria de terror que aún tiene cuentas pendientes con Chile. Que este fallo contribuya a abrir más espacios en el silencio que oculta la verdad y la justicia en nuestro país.
Con Información de factos.cl