En los últimos 20 años, Chile ha logrado importantes avances en el monitoreo de la calidad del aire, gracias a una creciente conciencia ambiental, la implementación de nuevas normativas y la adopción de tecnologías avanzadas. El país ha realizado inversiones en la modernización y expansión de su red de estaciones de monitoreo, además de contar con el Sistema de Información Nacional de Calidad del Aire (SINCA), una plataforma del Ministerio del Medio Ambiente que ofrece datos en tiempo real sobre contaminantes atmosféricos en distintas estaciones. Esto permite a los ciudadanos y autoridades acceder a información actualizada sobre la calidad del aire, facilitando decisiones informadas.
Asimismo, se ha establecido un marco normativo sólido, con límites para varios contaminantes que buscan proteger tanto la salud humana como el entorno. A través de los Planes de Prevención y Descontaminación Atmosférica (PPDA) se han implementado medidas específicas en zonas críticas del país, orientadas a reducir las emisiones contaminantes.
A pesar de que aún queda camino por recorrer, iniciativas como los PPDA, el recambio de calefactores, subsidios para mejorar el aislamiento térmico de viviendas y el control en la venta de leña han marcado una diferencia. En la Región Metropolitana, por ejemplo, se ha observado una reducción del 50% en los episodios críticos de contaminación en comparación con hace una década. Valdivia y Temuco también han reportado disminuciones en los niveles de material particulado fino.
Sin embargo, hay sectores que, debido a su significativa contribución a las emisiones o a la complejidad de su seguimiento, necesitan mayores inversiones en tecnologías limpias, regulaciones más estrictas y una transición hacia fuentes de energía menos contaminantes. Específicamente, el sector minero, las fundiciones, la agricultura, el transporte, las termoeléctricas y la calefacción a leña en el sur requieren intensificar sus esfuerzos en el monitoreo y la reducción de la contaminación. La colaboración entre el sector público, privado, la academia y la ciudadanía será esencial para avanzar en este desafío.
En Pacto Global hemos observado un incremento en la preocupación y la aparición de soluciones, pero enfrentar el problema exige una visión integral que contemple la ampliación y modernización de la infraestructura técnica, un marco normativo más ambicioso y una fiscalización efectiva, así como la consideración de aspectos socioeconómicos y la promoción de la participación ciudadana. Es crucial aumentar la inversión en inspecciones y aplicar sanciones más contundentes a quienes incumplen la normativa. Además, integrar datos sobre calidad del aire con otras variables relevantes como las condiciones meteorológicas, el tráfico, la salud pública y las emisiones industriales ofrecerá una visión más completa para entender las interrelaciones. Positivamente, el proceso de descarbonización que Chile está implementando avanza de manera firme, posicionándose como líder en América Latina. También se está promoviendo una mayor educación y conciencia ambiental, motivando a las empresas a adoptar tecnologías menos contaminantes y a los ciudadanos a participar en prácticas sostenibles, todo con el objetivo de garantizar un aire más puro y mejorar la calidad de vida de la población.
Con Información de www.elperiodista.cl