Por Valentina Alvear Obregón, Gestora de Innovación y Tecnología en Caligrafix. Profesora universitaria, experta en tecnología educativa inclusiva y madre de dos niños dentro del espectro autista, desde donde nace su compromiso con una educación más diversa e inclusiva.
La reciente agresión a una profesora por parte de un estudiante autista en un colegio de Ñuble ha generado un impacto profundo en la comunidad educativa y en muchas familias. Como madre de una niña y un niño en el espectro autista, docente y gestora de la innovación, me resulta imposible permanecer indiferente ante esta situación. Me angustia, me preocupa y, sobre todo, me impulsa a actuar.
No se puede justificar la violencia, pero tampoco debemos caer en juicios precipitados o titulares sensacionalistas. Detrás de cada conflicto complejo hay una historia no revelada, una necesidad no atendida y un sistema que, a pesar de sus buenas intenciones, no logra apoyar a quienes más lo requieren. Ha llegado el momento de abordar la inclusión de manera seria: no como un lema, sino como un compromiso real.
Cuando el aula no ofrece contención
Los docentes se sienten abrumados. Lo presencio cada día. Se les demanda diagnosticar, contener, incluir y enseñar simultáneamente, sin la formación, el tiempo ni el apoyo necesarios. Cuando un estudiante llega con un estilo de regulación diferente, que necesita anticipación o que se siente abrumado por los ruidos, es común que no sepan por dónde empezar. Esta incertidumbre impacta a todos: docentes, estudiantes y sus familias.
Con frecuencia, las normativas llegan antes que la capacitación. Se modifica una ley, se publica un decreto y luego se espera que las escuelas lo implementen con los recursos disponibles. Así fue como nuestras aulas comenzaron a abrirse a la inclusión, creando nuevas oportunidades para familias como la mía, que anteriormente solo conocían el rechazo.
No obstante, el sistema no estaba preparado: ni los espacios físicos, ni los equipos docentes, ni los recursos de apoyo. Todo se ha construido sobre la marcha, a menudo impulsado más por la voluntad que por las herramientas adecuadas. Esto ha sido, para muchos, una experiencia estresante, desgastante y profundamente dolorosa.
¿Es Chile un país inclusivo?
Chile ha realizado avances significativos en la inclusión educativa. La Ley de Inclusión Escolar (20.845) eliminó la selección y el copago en colegios subvencionados, promoviendo una mayor equidad en el acceso. Más recientemente, la Ley TEA (21.545) ha visibilizado y protegido los derechos de las personas autistas, estableciendo la obligación de implementar ajustes razonables, capacitar al personal y crear entornos que respeten la neurodiversidad.
Sin embargo, contar con leyes no garantiza condiciones adecuadas. En la práctica, la inclusión aún depende más de la voluntad individual que de una estructura sólida que la respalde. Muchos estudiantes son retirados del aula tras un episodio de desregulación, participan de manera limitada o no encuentran en la escuela un espacio seguro donde puedan ser ellos mismos.
Continuamos considerando las adecuaciones curriculares como algo excepcional, cuando en realidad deberían formar parte de una planificación habitual, flexible y diversa. Es necesario avanzar de las palabras a la acción: requerimos formación docente continua, recursos especializados, equipos de apoyo estables y tiempo para que la inclusión prometida en la normativa se haga realidad en el aula.
Porque la inclusión no puede ser solo un acto de buena voluntad: es un derecho. Y como tal, necesita garantías reales para su cumplimiento.
Enseñando para todos
A lo largo de mi trayectoria, he aprendido que no existe una única forma de enseñar ni de aprender. El Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) me ha enseñado a planificar desde la diversidad, no partiendo de un concepto ficticio de normalidad.
El DUA propone un enfoque simple pero poderoso: en lugar de realizar adaptaciones de último minuto, se debe diseñar desde el principio para todos, considerando diversas formas de acceder, expresarse y participar. No se trata de bajar las expectativas, sino de ofrecer múltiples caminos para alcanzar los mismos objetivos.
Cuando utilizamos apoyos visuales, anticipamos cambios, diversificamos las formas de participación y validamos diferentes estilos de aprendizaje, transformamos el aula en un lugar más equitativo y humano. Esto beneficia no solo a los estudiantes neurodivergentes, sino a todos.
Formación que acompaña, no que etiqueta
No es suficiente con comprender qué es la neurodiversidad. Se requiere una formación docente que trascienda lo técnico, que permita interpretar el comportamiento con empatía, distinguir una desregulación de una reacción inapropiada y acompañar sin infantilizar o romanticizar.
Incluir no es simplemente ser paciente; es estar preparado, comprometido y tener una visión ética. Es cuestionarnos a diario qué barreras podemos eliminar desde nuestro rol.
Dos perspectivas, una convicción compartida
Desde la experiencia como madre, entiendo la ansiedad que se siente al asistir a una reunión, temiendo el mensaje que recibirás. Las familias no llegamos a los colegios a imponer, sino a buscar apoyo, comprensión y colaboración en equipo.
Como docente, sé que cuando una escuela se abre al diálogo y valora lo que la familia tiene para aportar sobre su hijo, el impacto positivo es enorme. Muchas veces, no se requieren grandes cambios; lo esencial es escuchar con empatía y realizar los ajustes necesarios para que el niño se sienta seguro.
Vivir esta experiencia desde ambas perspectivas no ha sido sencillo, pero ha sido invaluable. He llorado en reuniones, he sentido impotencia, pero también he encontrado educadores que han marcado la diferencia con pequeños gestos. Que han visto a mis hijos como personas, no como diagnósticos. Y eso, para una madre, vale más que mil certificados.
¿Cómo apoya Caligrafix el aprendizaje inclusivo?
En Caligrafix estamos convencidos de que la inclusión no ocurre de manera accidental: se planifica con intención y compromiso. Por ello, desarrollamos materiales innovadores que buscan cerrar brechas educativas y tecnológicas, especialmente en contextos con menor acceso.
Nuestros recursos contemplan distintos estilos de aprendizaje, habilidades y formas de expresión. Incorporamos apoyos visuales, propuestas multisensoriales y contenidos que reflejan diversas culturas y realidades. No solo enseñamos conocimiento: enseñamos a convivir con la diversidad.
Un ejemplo de ello es nuestra línea Viaje Literario, que integra personajes y escenarios diversos para que cada niño y niña pueda verse reflejado y también descubrir otras maneras de estar en el mundo. Porque la representación no es un detalle: es fundamental para el aprendizaje emocional y social.
Desde la realidad aumentada hasta las experiencias en papel, trabajamos para que la educación deje de excluir y comience a pertenecer. Porque aprender no significa adaptarse al sistema: es sentir que el sistema también puede adaptarse a ti.
Hoy más que nunca, necesitamos cambiar el enfoque: no se trata de adaptar al niño, sino de transformar el sistema. Porque cuando un niño no puede aprender de la forma en que enseñamos, debemos enseñar de la manera en que ese niño aprende.
Construir una escuela inclusiva no es solo responsabilidad del aula; es un compromiso de toda la sociedad. Comencemos por escuchar, formarnos y transformar.
La entrada “Inclusión educativa: una urgencia compartida” se publicó primero en HoySantiago.
Con Información de hoysantiago.cl