
El miedo es una de las emociones fundamentales del ser humano, y su función primordial es proteger nuestro bienestar físico, psicológico y social ante situaciones de riesgo. Se trata de una respuesta adaptativa que activa nuestro organismo para hacer frente a peligros reales. Sin embargo, más allá de los ruidos o movimientos abruptos que asustan a los bebés, la mayoría de nuestros temores son aprendidos.
Por esta razón, el miedo se ha convertido en una herramienta poderosa de control y manipulación en los ámbitos social, político, económico y cultural. En el campo político, es común usar el miedo como estrategia para lograr resultados deseados. Los regímenes autoritarios son muy conscientes de esto, utilizando el miedo como un mecanismo para generar sumisión, y esta táctica se encuentra presente incluso en sociedades que se consideran democráticas.
Un claro ejemplo de ello es Estados Unidos, especialmente en épocas donde el liderazgo es ejercido por figuras con rasgos psicopáticos que, a través de comunicados desestabilizadores, intentan controlar y desestabilizar a la población, que queda paralizada por el terror. Esta utilización del miedo es un fenómeno que precede a la llegada del actual presidente del país. Mientras en Estados Unidos la gente busca armarse hasta los dientes frente a los miedos inoculados, en Canadá, la vida cotidiana es diferente, donde las personas suelen dormir con las puertas sin asegurar. En este sentido, queda claro que las autoridades canadienses mantienen una relación distinta con sus ciudadanos.
En Chile no estamos tan mal, ya que somos una copia triste de la sociedad emblemática del capitalismo. Las encuestas revelan cifras alarmantes sobre el miedo a la delincuencia, comparadas con el número real de personas que han sido víctimas de estos delitos. Esto no es sorprendente, dado que los noticiarios chilenos inician sus emisiones con una secuencia aterradora de sucesos delictivos, día tras día. ¿Cómo puede alguien protegerse ante esta avalancha mediática? ¿Quién se atreve a contrastar esas imágenes con los datos estadísticos reales?
Como resultado, observamos una sociedad que ha modificado radicalmente sus costumbres, más allá de los cambios provocados por la pandemia. Hoy en día, las personas tienden a quedarse en casa tras las 6 de la tarde (algo que se refleja en las ventas de los malls, que podrían cerrar a las 19:00 sin problema); propiedades en áreas anteriormente consideradas seguras se están vendiendo a gran velocidad; y muchos evitan el centro de Santiago a menos que trabajen allí. En definitiva, estas son transformaciones de comportamiento impulsadas por el miedo. Aunque se presenta un aumento real en el peligro, este no es tan elevado como se busca hacer creer.
Una vez que se inyecta el miedo, este tiende a operar de manera autónoma. Por ello, es crucial ser conscientes de que en 2025, un año electoral en el que las fuerzas políticas que se oponen al gobierno lucharán por recuperar el control de su territorio perdido, el miedo se utilizará ampliamente.
En momentos como este, veremos un uso intensificado del miedo para manipular a las personas y acercarlas a las ideas de quienes saben que el miedo puede moldear conciencias, adormecer ideales pasados y borrar anhelos. En esencia, se trata de extinguir nuestros sueños y suprimir nuestras voces.
Serán meses de campañas de terror, estrategias comunicativas perversas y una búsqueda incesante de métodos para convencer a los votantes y sus familias de que un «Bukele chileno» es la solución a la delincuencia, que el modelo de ultra derecha es la respuesta a todos los problemas que enfrentan los chilenos.
El miedo ha sido una constante en la historia de la humanidad, utilizado para someter a pueblos vulnerables ante fuerzas opresoras. Ha servido para construir imperios y reinos a costa de millones, perpetuando apartheid raciales, ideológicos, religiosos, económicos y culturales. Es un instrumento de control para aquellos que se ven amenazados por quienes no les son funcionales.
Esta situación se repite día a día. Quien no pertenece a tu barrio es visto como un peligro, un posible enemigo, mientras el verdadero verdugo actúa en las sombras.
Miedo e ignorancia
El miedo se alimenta de la ignorancia y la marginalidad, de la incapacidad de reconocer el poder de quienes lo manipulan. Los líderes globales dictan el guion. En la Guerra Fría, el enemigo era la Unión Soviética; desde los años 90, los árabes son la nueva narrativa del miedo.
En Chile, la gente tiene miedo de todo, y la desconfianza que caracteriza a nuestro país es el caldo de cultivo perfecto para el miedo. Nadie es digno de confianza a menos que posea un respaldo. Si alguien proviene de tu entorno, tus raíces, tu barrio o tu ciudad, se considera confiable. De lo contrario, es un posible peligro. Es improbable que alguien de Las Condes se relacione con alguien de La Pintana. Si este último es rubio y de ojos azules, es «gente como uno»; si no lo es, se teme acercarse.
El miedo es una trampa mortal. Te incapacita para defenderte de los peligros reales y luchar por lo que realmente importa. En este sentido, el miedo busca manipular tu corazón. Te obliga a dudar de tus creencias, a aceptar lo que te dicen que creas y a seguir la corriente, ya que oponerse puede tener consecuencias severas.
El miedo atenta contra la verdad y la lógica más básica. Puedes advertir que hay inconsistencias y contradicciones en tus líderes, pero se te impone la orden de no cuestionar, no investigar, y no hacerte problemas. En resumen, se espera que aceptes sin protestar.
Día tras día, quienes se atreven a dudar enfrentan consecuencias. Con un mundo sumido en la tecnología y la desconfianza, la difusión de «fake news» se ha vuelto común, los «bots» establecen creencias y la inteligencia artificial produce verdades manipuladas a voluntad.
El miedo, en la actualidad, adopta muchas más formas. Personas como Elon Musk o Mark Zuckerberg controlan las comunicaciones en el mundo, creando un entorno a su medida. Te acechan con algoritmos, te atrapan en sus redes y te derrotan con su hipocresía. Si piensas en alzar la voz contra los abusos, las matanzas o los crímenes que asolan la humanidad, puedes enfrentarte a un castigo como ser eliminado de sus plataformas: «Estás suspendido de Facebook por compartir contenido violento», cuando solo intentabas informar sobre una nueva masacre en Medio Oriente.
El miedo roba tu libertad, mientras quienes lo imponen afirman que eres libre. Te dejan libre únicamente para seguir sus pautas.
Este año, seremos testigos de una aceleración en el despliegue de tácticas de miedo. Por tanto, es crucial reconocer que los humanos poseen herramientas para enfrentar el miedo. Primero, debemos entender que esta emoción es generalmente irracional y que es esencial informarse para no caer en las trampas de quienes intentan inocularlo.
Además, es importante recordar que nuestro organismo produce sustancias que nos ayudan a luchar contra el miedo, como la oxitocina, una hormona segregada en el hipotálamo cuya función es inhibir el miedo. Esta actúa sobre la amígdala, donde se origina el temor, y solo se libera en contextos de afecto intenso, como entre madre e hijo. De esta manera, fomentar vínculos significativos y sentirnos parte de algo es fundamental para protegernos de los efectos del miedo. Como siempre, aunque esto se ha desestimado, la unidad es la verdadera fuerza, y es un sentimiento que debemos cultivar para enfrentarnos a un sistema que constantemente busca someternos a través de realidades distorsionadas.
Es momento de unirnos, de reconocer que la estrategia del “divide y vencerás” está diseñada para derrotarnos. Es hora de transformar nuestro lenguaje y no despedirnos diciendo «cuídate», sino «arriésgate». Debemos arriesgarnos a desafiar las mentiras imperantes, la hipocresía y la explotación despiadada. Cambiar nuestro relato de vida, reconstruir nuestra fuerza y revitalizar los lazos afectivos que aún nos quedan, afirmando que otro mundo es posible. ¿Es fácil? No, no lo es. Pero la humanidad ha superado desafíos peores al plantar cara a la injusticia, uniendo corazones y formando redes en momentos que parecen oscuros. Esa es la única forma de ayudarnos a nosotros mismos y a los demás.
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