Estados Unidos, el contexto global y nuestra relación en él



Desde que Trump asumió su segundo mandato, el mundo ha sentido una creciente incertidumbre, angustia y descontento. Cada día se va consolidando la imagen de un líder siniestro e impredecible. La humanidad se interroga acerca de cuándo terminará esta pesadilla que la mantiene en la oscuridad, sin perspectivas de paz y sin la esperanza de un futuro más dialogante y menos agresivo.

Las dinámicas impuestas por el liderazgo de Trump han desafiado gravemente la institucionalidad global, afectando tanto el comercio internacional como los principios fundamentales de derechos humanos y soberanía nacional.

De repente, Trump se autoproclamó como el monarca de la humanidad, un emperador global. Su comportamiento ha sido similar al de dictadores que buscan mantener y extender su poder, utilizando amenazas militares y económicas para dar forma a un nuevo orden mundial.

La situación de Estados Unidos podría caracterizarse como una enfermedad terminal respecto a su competitividad y salud financiera. La deuda pública está creciendo y se espera que alcance el 1,2 veces el PIB para finales de 2025. El crecimiento económico no ha sido suficiente para aliviar esta carga, ni se ha alineado con los ritmos de crecimiento de economías emergentes como China. El déficit comercial de EE. UU. se ha vuelto estructural, su deuda es insostenible y su crecimiento es frágil.

En su intento desesperado por mitigar su pérdida de liderazgo, Trump cree que reducir los impuestos a las corporaciones incentivará la inversión. Al mismo tiempo, busca bajar las tasas de interés, algo que la Reserva Federal no está dispuesta a hacer debido a la persistente inflación, lo que provoca una inflación global al aplicar aranceles unilaterales a otros países.

La idea de compensar la disminución de impuestos mediante aranceles a las exportaciones de otros países, incluso si la Reserva Federal cede a la presión de Trump, no resolverá la creciente deuda estadounidense, que no permitirá ni siquiera cubrir los intereses con los ingresos recaudados. La esperanza es el crecimiento económico, que no se materializa a corto plazo, debido al aumento de los costos por los aranceles que el mismo EE. UU. ha impuesto y la necesidad de transformar su matriz productiva para competir con éxito frente a países emergentes como China e India.

El futuro de EE. UU.

Trump está compitiendo contra el tiempo. Sin embargo, su estrategia se acerca al fracaso, ya que la recuperación supera su mandato y, durante ese tiempo, los competidores de EE. UU. seguirán aumentando su ventaja. El reordenamiento de mercados tenderá a reforzar la integración de Europa, Asia y América Latina, así como a preservar las reglas de libre comercio tanto como sea posible.

Además, el panorama geopolítico se vuelve sombrío para EE. UU. bajo el liderazgo de Trump. Su política de aislamiento está llevando al país hacia una crisis más profunda. Dentro de los republicanos y el movimiento MAGA, ya hay diferencias con este presidente, y un creciente movimiento social se opone a sus políticas migratorias, a la represión interna, a las intervenciones bélicas y a los recortes en programas sociales, sin que la inflación, el desempleo y una posible estanflación hayan mostrado aún todo su impacto.

Chile no es ajeno a las crisis globales, y siempre que enfrentamos amenazas, es crucial capitalizar las oportunidades que surgen para diseñar una estrategia que nos posicione mejor en la economía mundial. Debemos fortalecer nuestras políticas económicas y relaciones internacionales para eliminar barreras y abrir nuevos horizontes de crecimiento: forjar alianzas, explorar nuevos mercados y atraer más inversión a nuestras cadenas de valor, junto a compromisos de largo plazo en la colaboración público-privada, descentralizando el desarrollo e integrando organizaciones sociales y productivas en las regiones.

No buscamos conflictos con EE. UU. ni con ninguna nación. Nuestra vocación es la paz y el progreso con justicia social. Creemos en la unidad y la solidaridad de los pueblos, lo que nos motiva a fortalecer la cooperación con países que necesiten apoyo para su desarrollo. Podemos ser competitivos si actuamos de manera correcta y en beneficio de nuestra nación. Esto requiere que avancemos en nuestras competencias y capacidades productivas mediante una educación y capacitación laboral de calidad, aprovechando nuestros recursos humanos y naturales, y desarrollando un modelo sostenible que brinde esperanza y seguridad a las futuras generaciones.

Es imperativo impulsar nuestro desarrollo económico y social con plena autonomía y sin someternos a ningún dominio imperial ni oligárquico. El mundo necesita avanzar sin autoritarismos. El unilateralismo debe retroceder; es fundamental defender nuestra soberanía y fomentar el diálogo y la cooperación entre naciones. Un desarrollo que reconozca que la unidad de los pueblos es fundamental para sostener la paz y la democracia, distribuir la riqueza de manera más equitativa y cuidar el futuro de la humanidad y del planeta.

Con Información de pagina19.cl

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