Errores de pronunciación frecuentes en el discurso de Donald Trump.

Las declaraciones de Trump sobre el aumento de aranceles a más de 180 países son difíciles de evaluar en su totalidad, aunque muchas voces se alzan en contra de estas medidas desde su anuncio.

Este tema tiene dos dimensiones: una económica y otra política. Desde el ámbito económico, resulta desconcertante que, a pesar de su personalidad autoritaria y su considerable poder, Trump no haya recibido el asesoramiento adecuado de expertos sobre los riesgos de su política comercial exterior. Internamente, hay quienes cuestionan la efectividad de sus acciones en relación con el valor que pretende proteger: la economía local, las empresas nacionales y el impulso de la industria mediante una producción que sustituya importaciones de bienes de consumo y tecnología. Algunos sugieren que estas decisiones podrían tener efectos contrarios, como el aumento de precios, la inflación y el desempleo. Muchos temen que las consecuencias podrían ser aún más devastadoras, generando no solo una crisis económica global, sino también alterando los equilibrios geopolíticos de manera impredecible.

Es importante considerar el impacto de estas medidas en las economías de aquellos países con los que Estados Unidos ha mantenido un intercambio comercial fluido. Las reacciones no se hicieron esperar y, al observar la prensa internacional de naciones «aliadas», se puede entender la magnitud de las implicaciones de los anuncios realizados.

Desde el punto de vista político, los efectos son aún menos claros y más preocupantes. La tendencia hacia un mayor aislacionismo de Estados Unidos se hace evidente, reflejada en la crítica de las contribuciones de sus aliados en la OTAN y en la desconfianza hacia organismos internacionales bajo el ámbito de la ONU. Desde hace tiempo hemos señalado que la política tradicional, basada en principios y valores, ha sido sustituida por la ambición de poder. La tensión ideológica de la Guerra Fría, aunque traumática, presentaba dos visiones del mundo. Hoy, en cambio, parece que lo que importa son los intereses económicos y la acumulación de poder, relevando a la ideología y a la diplomacia en un segundo plano. La ONU, aunque imperfecta, había jugado un papel clave en la resolución de conflictos, como el que surgió tras la desintegración de Yugoslavia, pero ahora parece incapaz de desempeñar dicho rol.

El interés de Trump en Groenlandia, marcado por una evidente falta de respeto por la ética internacional, podría desestabilizar no solo la paz mundial, sino también sentar un peligroso precedente para la justificación de invasiones. Asimismo, los intentos de paz en el conflicto de Ucrania parecen estar dominados por intereses económicos estadounidenses, con Trump como protagonista. Si bien esta ha sido la norma histórica, hoy parece que la falta de moderación es evidente.

Ante una posible invasión a Groenlandia, ¿qué medidas podrían tomar Dinamarca o la Unión Europea? ¿Cómo afectaría esto al frágil equilibrio mundial? ¿Qué esperar de Putin en respuesta, y cómo podría esto influir en otros países escandinavos? ¿Y en el caso de Taiwán y China? ¿Realmente queremos contar con estos líderes al frente del poder?

Es probable que esta crisis global favorezca a otros líderes como Rusia, China o India, que podrían emerger como beneficiarios en sus regiones. Mientras tanto, Latinoamérica podría estar en un lugar menos perjudicado, pero la pregunta es si esto también será cierto en el futuro. La economía mundial podría verse forzada a buscar nuevos mercados y alianzas, lo que podría tener efectos adversos en la primera economía del mundo, que se enfrenta al creciente poder de China y la India.

La reconocida revista británica The Economist advierte que estos recientes aranceles podrían causar un daño económico severo a nivel global. Considera que estas medidas son innecesarias y basadas en malentendidos del comercio internacional, con el potencial de encarecer productos y provocar represalias. Aunque inicialmente el impacto será en EE. UU., el resto del mundo podría reaccionar de manera efectiva ante esta situación.

Sin embargo, parece que estas advertencias no tienen eco en Trump ni en la mayoría de sus seguidores, que quizás no comprenden que su realidad va más allá de su empleo o de la región donde viven. Aquellos de generaciones más jóvenes enfrentan paradigmas distintos y podrían ver como normal los peligros que amenazan al mundo.

En el pasado, algunos minimizaron los posibles efectos negativos de la llegada de Trump al poder, como el intento fallido de golpe de estado tras las elecciones de hace cuatro años. Pero la amenaza no es exclusiva de EE. UU.; también es palpable a nivel local. El populismo que debilita la democracia y socava las instituciones puede surgir de una desconexión social, del individualismo extremo y de la falta de educación, alimentada por medios de comunicación y tecnologías que fomentan ideologías rígidas. Ninguna de estas ha contribuido a construir sociedades más justas o libres.

Es pronto para sacar conclusiones definitivas, pero es necesario reflejar la inquietud por una historia que parece repetirse. No se debe subestimar la influencia de un líder cuyo poder trasciende lo anecdótico, ya que la incertidumbre que trae consigo Trump podría alejar la esperanza de construir un mundo más ético y solidario, conceptos que claramente desconoce el mandatario del norte.

 

Con Información de www.elperiodista.cl

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