Entre parásitos y comportamientos irresponsables.



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Una de las posturas más llamativas de la derecha es su crítica hacia los funcionarios públicos, comenzando por el famoso “cerebro” de José Antonio

Kast,
quien los denominó
“parásitos”
, a lo que se suman las descripciones actuales del jefe de campaña de Evelyn
Matthei, Diego
Paulsen, al referirse al gobierno como uno de
“atorrantes”.
 

El término atorrante parece tener sus raíces en el americanismo, posiblemente asociado a las obras de saneamiento en Puerto Madero, realizadas por la empresa francesa A.
Torrant,
que se convirtieron en refugio para indigentes. 

Las expresiones como
“parásitos”
y
“atorrantes”
revelan un clasismo que se creía superado, exhibiendo una posición que contradice lo que la derecha ha defendido en años recientes.
 

Primero, han invertido mucho esfuerzo en criticar a la izquierda por su visión marxista que categoriza a la sociedad en clases sociales, sin reconocer que ellos perpetúan esa división.
Esto es abominable, tanto en la forma como en el fondo.
 

En lo que respecta a la forma, resulta ventajoso utilizar insultos para descalificar en lugar de confrontar ideas, creando un ambiente hostil. Y en cuanto al fondo, sugieren que existe una desigualdad social inmutable.
 

En segundo lugar, promueven el concepto de
“mérito”
como esencial para el progreso, sin reconocer que esos
“atorrantes”
nacen y mueren en las mismas condiciones, tal como lo observa Joseph
Stiglitz al señalar que la mayoría de quienes ingresan a la Universidad de Columbia son jóvenes privilegiados, con acceso por las oportunidades que recibieron.

Tales afirmaciones son sumamente problemáticas, ya que confunden desigualdad hereditaria con desigualdad merecida, como lo indica Carlos Peña, sosteniendo que algunos están destinados a ciertos roles según enseñan instituciones como las del Opus Dei.
 

Las declaraciones de la derecha suelen pasar desapercibidas, como si fueran inofensivas. Sin embargo, revelan su intención de gobernar solo para su clase social, obviando las necesidades del resto de la población, especialmente de aquellos que descalifican.
 

Al final, esto se convierte en un espacio fértil para la especulación del profesor
Artés,
quien prevé una posible revolución por parte de aquellos a quienes se menosprecia. Aunque pueda parecer difícil, la indignación por el desprecio puede generar reacciones significativas.

Con Información de pagina19.cl

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