Aquí tienes el contenido reescrito:
Guillermo Williamson Castro, Doctor en Educación y Académico en la Universidad de La Frontera.
He recorrido diversas instituciones educativas en el sur de Chile, donde desarrollo cursos de formación continua para directivos y docentes a nivel nacional. Durante mi observación, registro y diálogo, he identificado las grandes dificultades que enfrentan día a día tanto directores como educadores. Se ven presionados por la burocracia, los conflictos en convivencia, así como desafíos curriculares y pedagógicos. Deben adherirse a lineamientos que, en muchas ocasiones, no comparten pero que aceptan al ser políticas públicas. Un claro ejemplo es la necesidad de trabajar competencias que, en la práctica, son puramente cognitivas, desdibujando la integridad del desarrollo humano y educativo. Se ven limitados a indicadores distantes de la realidad estudiantil y de los procesos de enseñanza, les exigen una evidencia que desestima las subjetividades, todo dentro de una estructura curricular que responde a intereses centralistas y a una clase media occidentalizada, con una perspectiva de educación que no fomenta la cooperación. Lamentablemente, muchas de las propuestas educativas carecen de sustento teórico y se presentan de manera ambigua, lo que dificulta su comprensión para quienes están inmersos en la labor educativa. Sin embargo, también soy testigo de su esfuerzo, escucho sus risas y los acompaño en sus presentaciones de fin de año, mientras buscan maneras creativas para que sus estudiantes aprendan, progresen y contribuyan a la sociedad y sus familias. A pesar de las adversidades, hay numerosas experiencias valiosas y creativas en este contexto de confusión actual.
Denuncia y Anuncio: señales de los tiempos.
Paulo Freire, en un momento de su obra, afirmaba que la concientización emerge de la interacción entre la denuncia de injusticias y el anuncio de un nuevo horizonte educativo y social, que se manifiesta en la Utopía como una posibilidad aún por realizarse: lo que no es, pero puede ser si luchamos por ello.
La denuncia es patente y constante, al igual que el anuncio: compartimos un sueño colectivo de sociedad y educación. La esperanza es lo que nos anima a seguir adelante. Pero, ¿cómo sostenemos esa esperanza? ¿Es suficiente con creer en ella? Según la cosmovisión cristiana, como decía San Pablo, entre la fe, la esperanza y la caridad (el amor concreto hacia los más vulnerables), lo fundamental es la caridad: la solidaridad, la fraternidad genuina que se traduce en acciones prácticas, el acto de despojarse para ayudar a quienes han sido excluidos y explotados. Todo lo demás queda para la otra vida. Por lo tanto, ¿cómo mantendremos la práctica transformadora si la fe en un mundo nuevo y la esperanza de alcanzarlo no son suficientes? La única opción es basarse en la acción transformadora: en la conciencia social y política, en la ayuda mutua, la cooperación y la fraternidad en el camino. En el trabajo de los desposeídos, los trabajadores, los jóvenes y las mujeres, aquellos que demandan educación universal y la reivindicación de su propia formación, junto a sus educadores de diversas tradiciones.
Esto significa aprender a observar, reconocer, sistematizar y fundamentar las señales del futuro presente en el hoy, para aprender de ellas y multiplicarlas: la utopía como fe en que un mundo diferente ya está aquí entre nosotros. La Conferencia Episcopal Latinoamericana de Medellín en 1968 acuñó esta idea con gran acierto: el futuro ideal que anhelamos, la sociedad por la que luchamos, ya existe, en forma embrionaria, como una semilla viva en proceso de maduración, visible en actos de ayuda mutua y solidaridad en múltiples áreas, incluida la educación. Sin embargo, cuando afirmo esto, muchos preguntan: ¿Dónde se encuentran hoy esas señales? No es sencillo en un sistema capitalista hegemónico, con sus valores y cultura neoconservadora, y sus relaciones de explotación. Sin embargo, al asumir nuestra labor como educadores subversivos, se torna más accesible: basta escuchar las voces alegres de descubrimiento y aprendizaje, de participación y amistad, que surgen en escuelas, liceos, centros de educación de jóvenes y adultos, en la educación popular y tradicional. Se trata de descubrir, con sensibilidad y una visión amplia del mundo, la fuerza crítica, amorosa y transformadora que se expresa en la conexión entre «denuncia-señales de tiempos-anuncio».
La educación justa, democrática y liberadora ya está presente.
No se trata de idealismo ni de ignorar la realidad de explotación y agotamiento de los docentes, sino de reconocer que en el ámbito educativo existen miles de experiencias cotidianas, personales o grupales, que viven un mundo educativo libre, lleno de alegría, compañerismo y aprendizajes significativos. Hay docentes que no se encasillan en la burocracia, que no solo resisten, sino que reconstruyen, cooperan y no compiten, que se ayudan mutuamente y no se enfrentan; que comparten recursos y distribuyen justos beneficios, que gestionan sus proyectos de manera autónoma, fundamentados en teorías coherentes y principios éticos de liberación personal y colectiva, desafiando las hegemonías de grandes corporaciones mundiales. Se crea así un espacio de co-protagonismo entre docentes y estudiantes, donde las comunidades educativas tienen voz, donde todos son incluidos y acogidos con amor, donde se trabaja la tierra, la madera, el metal y el papel, con un enfoque en la creatividad de estudiantes y educadores, donde el juego y la destreza física guían el desarrollo personal, y nadie queda fuera o se vuelve invisible.
No nos dejemos llevar por la narrativa de que el mundo se desmorona y todo colapsa. Seamos subversivos: identifiquemos los conceptos, fuerzas y prácticas transformadoras que nos permitan vislumbrar el mundo que aspiramos. No aceptemos que nos digan «no se puede» o «soñamos imposibles». La nueva sociedad ya está entre nosotros, en cada práctica educativa, escolar, popular o intercultural, cuyo objetivo práctico y activo es construir el mundo que comprendemos como posible. A pesar de lo que digan las hegemonías del poder, esa realidad existe y la seguimos construyendo, generación tras generación.
Relacionado
Con Información de pagina19.cl
