Tendencias Estratégicas Emergentes
Tercera semana de noviembre
La última semana ha evidenciado un rápido reordenamiento del panorama geoestratégico global. Medio Oriente avanza hacia una posguerra inestable, con la creación de una fuerza internacional para Gaza y nuevos conflictos entre Israel y Hezbolá. Estados Unidos ha incrementado significativamente su presencia en el Caribe, implementando la Operación Southern Spear, mientras la guerra en Ucrania intensifica su enfoque en ataques de largo alcance y un desgaste industrial prolongado. Al mismo tiempo, China y Estados Unidos están desarrollando mecanismos de “gestión de riesgos” en el Indo-Pacífico, y América Latina enfrenta decisiones críticas en términos de autonomía estratégica y cooperación militar. En Chile, el debate sobre el papel de las Fuerzas Armadas en la seguridad interna está interconectado con ajustes en la dirección conjunta y una agenda legislativa densa en materia de uso de la fuerza, infraestructura crítica e inteligencia.
América Latina y Chile
La semana pasada, Ecuador celebró un referéndum nacional donde la población rechazó la posibilidad de permitir bases militares extranjeras y la convocatoria de una asamblea constituyente.
En Brasil, el presidente Lula da Silva activó el uso de las Fuerzas Armadas para operaciones de Garantía de la Ley y el Orden (GLO) desde el 2 hasta el 23 de noviembre, a fin de asegurar la Cumbre de Líderes y la COP30 en Belém. Esta acción refuerza el papel del ejército en la protección de eventos climáticos y diplomáticos, además de llevar a cabo la Operación Atlas 2025, que movilizó cerca de 10.000 efectivos, 500 vehículos y diversas aeronaves.
Perú continúa deliberando sobre la elección entre cazas Rafale o F-16 para renovar su flota de combate, una decisión que impactará el equilibrio de poder en la región. También están progresando en acuerdos para coproducir drones, adquirir radares y desarrollar un sistema de defensa antiaérea.
México, en este contexto de alta sensibilidad política, ha realizado ajustes en los dispositivos y rutas de los desfiles militares del 20 de noviembre, y el Senado aprobó recientemente más de 300 ascensos en sus fuerzas armadas. Además, en el reciente proceso electoral, cerca de 26.000 efectivos militares fueron desplegados para garantizar la seguridad de los locales de votación a nivel nacional.
La Armada también anunció cambios en la Dirección de Operaciones y Conducción Conjunta, con el contraalmirante Óscar Manzano siendo reemplazado por el capitán de navío José Miguel Rozas, lo que refuerza la rotación en mandos cruciales para la coordinación de operaciones conjuntas.
A nivel de alta dirección, el presidente Gabriel Boric nombró al general Pedro Varela como próximo comandante en jefe del Ejército, quien asumirá en 2026. Esta decisión forma parte de un proceso de modernización del servicio militar y de ajuste doctrinario respecto al papel del Ejército.
El Ministerio de Defensa subrayó, a mediados de mes, el avance en la colaboración con España, centrada en ciberdefensa, formación, operaciones de paz y seguridad marítima. Chile también destacó al ser sede, a principios de noviembre, de la X Reunión de Ministros de Defensa del Pacífico Sur (SPDMM), lo que fortalece su rol como un país tricontinental y puente entre América, Oceanía y la Antártida, enfocándose en la seguridad marítima, el combate al crimen transnacional y los efectos del cambio climático.
En el ámbito político, el debate sobre el uso de las Fuerzas Armadas en la seguridad interna continúa, especialmente en el contexto de la segunda vuelta presidencial. El sistema de defensa se encuentra operacional en tres niveles: mantenimiento de actividades en la frontera norte y apoyo al orden público, modernización de la dirección conjunta y renovación de altos mandos, y fortalecimiento de la inserción internacional en el Pacífico Sur y Europa (España), lo que afecta directamente la capacidad y el posicionamiento geopolítico a largo plazo.
Se espera que la comisión combine sesiones de discusión normativa con sesiones informativas, convocando a autoridades del Ministerio de Defensa y del Estado Mayor Conjunto para actualizar sobre el despliegue en la frontera norte y la cooperación en el Pacífico Sur, siguiendo el reciente énfasis del Ejecutivo en ambos temas.
Hasta el cierre de esta edición, en el Senado no había citaciones a la comisión, pero todo indica que seguirá enfocándose en al menos tres grandes líneas: el proyecto de ley sobre protección de infraestructura crítica (Boletín 16.143-02), que establece un marco para proteger instalaciones esenciales y crear instrumentos de planificación y respuesta ante amenazas físicas y cibernéticas; la modernización del sistema de inteligencia del Estado, cuyo informe fue aprobado a mediados de año y que pasará a Comisión Mixta; y el seguimiento presupuestario y control político, especialmente en ciberseguridad estatal y protección de la Red de Conectividad Segura del Estado.
OTAN, Ucrania y Rusia
En la última semana, se destacan tres vectores: el apoyo a largo plazo a Ucrania, donde la OTAN continúa ofreciendo un amplio paquete de asistencia militar, financiera y de capacitación, enfocándose en defensa aérea, munición, reparaciones de equipos y ciberdefensa. Políticamente, la alianza reitera que Ucrania será miembro cuando se cumplan las condiciones necesarias, manteniendo “la puerta abierta” sin fijar plazos, lo que alimenta el debate sobre garantías de seguridad intermedias. El segundo vector es el reforzamiento de la arquitectura de inteligencia aliada, evidenciado por la reunión del secretario general de la OTAN con jefes de inteligencia de los 32 aliados en Bruselas, consolidando una red de intercambio informativo con la guerra en Ucrania como prioridad. Finalmente, se menciona el despliegue y las maniobras en el flanco oriental, incluidas las operaciones “Eastern Sentry” y otros ejercicios en Europa Oriental, con el Reino Unido confirmando la extensión de la contribución de la RAF hasta finales de 2025, reforzando la disuasión ante incursiones rusas.
La OTAN está reforzando su papel como “sistema nervioso” del conflicto, a través de inteligencia, logística y disuasión, evitando un enfrentamiento directo pero dejando claro que no tolerará una expansión del conflicto hacia territorio aliado. En el ámbito político, el expresidente estadounidense Donald Trump presentó un plan de 28 puntos para “terminar la guerra”, el cual incluye cesiones territoriales a Rusia en Donbás y limitaciones en el tamaño de las Fuerzas Armadas ucranianas. El presidente Zelenski describió la situación como “uno de los momentos más difíciles” para Ucrania: aceptar el plan significaría perder dignidad; rechazarlo podría resultar en la pérdida de un socio clave.
Como contra propuesta, Ucrania exigiría un sistema de garantías de seguridad con EE.UU. que equivaldría a un “Artículo 5” bilateral, además de que los activos rusos congelados se utilicen para financiar la reconstrucción. Junto a sus aliados europeos, Ucrania insiste en que cualquier discusión sobre ajustes territoriales solo podrá iniciar una vez que se establezca un cese al fuego, rechazando la idea de ceder territorios que Rusia aún no controla.
La Asamblea Parlamentaria de la OTAN ha reiterado la necesidad de mantener sanciones robustas y apoyo militar para consolidar la posición de Ucrania en la comunidad euroatlántica. Así, el conflicto entra en una fase donde el campo de batalla y las negociaciones se entrelazan. La pregunta no es solo quién controla qué territorio, sino qué garantías de seguridad definirán la arquitectura de seguridad europea en las próximas décadas. Mientras tanto, Rusia continúa ganando terreno y mantiene en alerta a los países europeos, que están profundizando su escalada armamentista, beneficiando a la industria de defensa.
Estados Unidos
La operación Lanza del Sur sigue en aumento: el portaaviones USS Gerald R. Ford y un grupo de 12 buques con alrededor de 12.000 efectivos están activos en el Caribe bajo el pretexto de combatir el “narco-terrorismo”, con efectos disuasivos claros sobre el régimen de Nicolás Maduro. En este contexto, el Comando Sur ha llevado a cabo ejercicios de fuego real en la región, y se espera que Estados Unidos continúe con ejercicios militares en la zona. De este modo, el Caribe se convierte nuevamente en un área de alta densidad militar, con implicaciones directas para la seguridad hemisférica y para países como Chile como socio extra-regional y actor del Pacífico Sur.
Indo-Pacífico
Se llevaron a cabo nuevas conversaciones sobre seguridad marítima entre China y Estados Unidos en Hawái, caracterizadas como directas y constructivas. Esto ocurre en un contexto de creciente competencia en el Mar de China Meridional, el Mar de China Oriental y el Mar de Japón, donde China ha aumentado su presencia naval y aérea, generando preocupaciones en Japón y otros aliados. El diálogo militar, actúa como mecanismo de “gestión de riesgos”, sin revertir la tendencia de fondo hacia un aumento en la presencia y los roces navales entre las dos potencias, con el riesgo constante de incidentes.
Medio Oriente
Tras la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU para establecer una fuerza internacional de estabilización en Gaza, surge la posibilidad de una solución de dos Estados, con la abstención de Rusia y China. Sin embargo, el cese al fuego no ha sido efectivo, y siguen las denuncias de ataques a civiles, aunque la ayuda humanitaria ha mejorado según la ONU, que alerta sobre una situación crítica. En Líbano, Israel llevó a cabo su primer ataque en meses contra Hezbolá en Beirut, subrayando que el “frente norte” sigue activo y con potencial de escalada.
Mientras tanto, los hutíes en el Mar Rojo anunciaron la suspensión de ataques a buques marítimos, diciendo que levantarían el bloqueo sobre puertos israelíes. A pesar de esto, marinas y aseguradoras mantienen un alto nivel de alerta por posibles incidentes y reanudación de hostilidades.
Se observa que Medio Oriente entra en una fase de “posguerra inestable”: aunque se avanza hacia acuerdos políticos y mecanismos de estabilización, persisten diversos focos de tensión (Hezbolá, milicias proiraníes y seguridad marítima en el Mar Rojo) que pueden reactivar el conflicto o expandirlo a otros frentes.
África
El continente africano enfrenta un panorama marcado por la inestabilidad estructural, manifestada en tres aspectos: insurgencias yihadistas en el Sahel y el Cuerno de África, conflictos interestatales en los Grandes Lagos y África Central, y un déficit de integración en defensa y autonomía estratégica continental. La débil integración en defensa revela que las alianzas militares africanas están inmersas en múltiples desafíos. Este escenario presenta el creciente peligro de que actores externos, tanto potencias globales como compañías militares privadas, aprovechen los vacíos de gobernanza.
Con Información de desenfoque.cl