Periodista y Comunicador Social
Este domingo tendrán lugar las elecciones presidenciales y parlamentarias en nuestro país. Un proceso que, a pesar de seguir sus patrones, proporciona una notable expectativa, análisis y especulaciones político-electorales de los diversos sectores.
Sin embargo, es crucial reflexionar y proyectar escenarios sobre cómo se ha movido este “ajedrez político”, donde las piezas, que oscilan desde reyes y reinas hasta peones estratégicos, pueden ser sacrificadas en pro de una jugada mayor o de un movimiento que altere el tablero.
El flanco oficialista
Jeannette Jara ha gestionado con astucia su ventaja aparente en los sondeos. Sin embargo, debe enfrentar dos peligros ineludibles ante un posible balotaje.
Por un lado, existe la falta de convencimiento y apoyo pleno por parte del llamado Socialismo Democrático, un bloque incómodo dentro del gobierno, que, aunque lo ha respaldado en momentos críticos, aún tiene reservas sobre no estar en la primera línea hacia La Moneda. Acompañar se vuelve complicado cuando se desea liderar.
El segundo factor preocupante para Jara es la búsqueda de votos para la segunda vuelta. Ni Eduardo Artés ni Marco Enríquez-Ominami parecen tener la capacidad de ofrecer un caudal electoral que incline la balanza o brinde un respaldo sólido para alianzas. Además, tras la reconfiguración del mapa parlamentario, el bloque PS-PPD podría enfrentar apatía o desinterés si el resultado oficialista es decepcionante.
El tablero de la derecha
Retomando la metáfora ajedrecística, queda por evaluar si la aparición de Johannes Kaiser fue una jugada espontánea o parte de un “Gambito de Dama”. Si este movimiento fue planificado, es tanto arriesgado como estratégico. En la elección anterior, José Antonio Kast se impuso por estrecho margen a Gabriel Boric en primera vuelta, quien lo utilizó hábilmente como parte de su dicotomía “yo o el fascismo”.
Hoy, el rol del “duro”, representante de posturas drásticas, cae sobre el candidato Nacional-Libertario. Esto coloca al líder Republicano en una posición relativamente conciliadora en comparación con la elección anterior, lo que podría permitirle sumar tanto su votación histórica como la de sus competidores de derecha y un porcentaje del electorado indeciso en un eventual balotaje.
El caso Matthei
La situación de Evelyn Matthei es también peculiar. A pesar de su extensa trayectoria pública y una gestión municipal bien valorada en Providencia, nunca logró satisfacer las expectativas de su sector, del establishment político ni de la ciudadanía. Su estrategia comunicacional fue errática, optó por enfoques que no destacaban sus fortalezas y tardó demasiado en reconocer que su verdadero rival no era Jeannette Jara, sino José Antonio Kast. Su comentario sobre el “vidrio blindado” utilizado por el exdiputado en un cierre de campaña evidenció este error de diagnóstico tardío.
Los candidatos del “tincómetro”
Excluyendo, solo por la probabilidad electoral, a Artés y MEO, es interesante observar qué sucederá con Harold Mayne-Nicholls y Franco Parisi. Ambos representan lo que en términos coloquiales se conoce como el “tincómetro”: opciones desechadas por optar por lo seguro, pero conservadas como un placer culpable detrás de las cortinas.
Mayne-Nicholls tiene atributos concretos y asociativos: su conexión con la llegada de Marcelo Bielsa y una época dorada del fútbol chileno, en contraste con el último lugar en la clasificatoria, además de su papel en la organización de los Juegos Panamericanos.
Por su parte, Parisi aprovecha el sentido común, atacando la corrupción y el clientelismo con la ferocidad de un boxeador que no tiene nada que perder y cree que, en una embestida ciega, puede dar un golpe al establishment. Sus propuestas concretas (“conmigo les alcanzará la plata”) explotan la voracidad y torpeza de la vieja política, esperando, como un zorro astuto, sacar ventaja en el momento adecuado.
Quo vadis, Chile?
Así, en pocas horas, el rumbo del país se definirá. Retomo, entonces, la pregunta de Jesucristo a San Pedro en la Vía Apia, que da título a esta columna: Quo
Vadis, Domine?
¿A dónde vas, Señor?
¿A dónde vas, Chile?
La ciudadanía tiene ahora la última palabra.
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