Lucas Silva Didier, Investigador en Educación en Lirmi.
Un profesor explica una ecuación en la pizarra. Ante él, una multitud de veinte estudiantes: la mitad está más interesada en TikTok que en Matemáticas. No es una exageración. Según PISA 2022, Chile se encuentra entre los tres países de la OCDE con mayor distracción en las aulas debido a los celulares.
¿Quién puede aprender algo cuando la atención está cautiva por notificaciones y vídeos de 30 segundos?
Los celulares están diseñados para captar nuestra atención y, por ende, la de los estudiantes: notificaciones, vídeos cautivadores, likes, comentarios… todos son mecanismos que desvían la atención de los estudiantes. Existe evidencia contundente sobre los efectos negativos del uso de celulares en la etapa escolar. Por ejemplo:
- Recibir un smartphone antes de los 13 años está relacionado con problemas de salud mental.
- Dedicar más de 3 horas diarias a redes sociales se relaciona con un menor bienestar.
Por otro lado, un experimento reveló que prohibir el uso de celulares disminuye interrupciones y mejora el aprendizaje (Sungu et al. 2025).
El proyecto de ley que avanza en el Senado tiene como objetivo precisamente eso: proteger la atención. No se trata de una prohibición sin sentido, sino de brindar a los estudiantes un espacio donde concentrarse, aprender y relacionarse sin la constante distracción del celular.
La tecnología, si se utiliza adecuadamente, puede aportar: tablets, notebooks y plataformas educativas pueden enriquecer el aprendizaje. El problema no es la tecnología en sí, sino el uso específico del celular. Un smartphone personal, con Instagram a un clic, difícilmente puede ser un aliado pedagógico. La atención es un recurso valioso en las aulas. Cuidarlo es garantizar el derecho a aprender.
Lucas Silva Didier, Investigador en Educación en Lirmi
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