El temor y la pérdida de tres millones de votos.

Claro, aquí tienes el contenido reescrito:


Crédito foto: Patricio Muñoz Moreno
Crédito foto: Patricio Muñoz Moreno

Entre el 10% y el 20% de los votantes en el padrón electoral chileno aún no han decidido su voto para las elecciones del 16 de noviembre. Esta situación es especialmente marcada en la Región de La Araucanía, donde la cifra podría alcanzar hasta el 50%, según un análisis del diario La Tercera. Esto equivale a entre 1.5 y 3 millones de personas no decididas, considerando un padrón de 15.5 millones de votantes.

Este dato no es menor, ya que ofrece a los candidatos que lideran las encuestas la posibilidad de ganar. Incluso aquellos que no son los favoritos, como Evelyn Matthei, aseguran que serán los próximos presidentes, pese a estar a más de 10 puntos de distancia de otros competidores como Jeanette Jara.

Con entre 1.5 y 3 millones de votos en juego, es habitual que los votantes tomen su decisión en los últimos cinco días antes de la elección. Así, el destino de la primera vuelta se definirá entre el 10 y el 16 de noviembre.

Para captar esos votos, la derecha apela a emociones primarias. Dado que la candidata más fuerte tiene que enfrentar a tres rivales de su signo, se intenta generar temor al «comunismo», mientras Jara procura neutralizar esta poderosa emoción que frecuentemente conduce a decisiones poco racionales, como lo evidencian los casos de Milei y Trump.

El miedo funciona como una herramienta psicológica potente, ya que activa el sistema de alerta del cerebro, llevándonos a buscar seguridad y control. Las ideologías de derecha suelen ofrecer discursos que enfatizan la «restauración del orden» y la «protección de nuestras tradiciones».

Temores como la inseguridad y el cambio pueden hacer que los mensajes que prometen estabilidad sean más atractivos, aunque esa “estabilidad” y “protección” sean peligrosas al analizar los programas de gobierno de los candidatos de derecha.

Estudios en psicología política indican que las personas más susceptibles al miedo tienden a ser más conservadoras, buscando minimizar riesgos y apoyando políticas de “mano dura” frente a la delincuencia o defendiendo tradicionales modelos de trabajo y familia.

En contraste, las ideologías progresistas suelen apelar a la esperanza y al cambio, emociones que requieren un contexto de seguridad previa.

Las campañas de la derecha buscan amplificar el miedo mediante la exageración de amenazas externas, culpando a chivos expiatorios y presentando un futuro peligroso si el adversario gana. Esto busca hacer que votantes indecisos se inclinen hacia propuestas vistas como más «fuertes».

Sin embargo, el miedo también puede provocar respuestas solidarias, especialmente cuando el discurso colectivo se centra en empatía y derechos. La diferencia está en cómo se percibe la amenaza: si como un «enemigo externo», la respuesta suele ser conservadora; si como una injusticia estructural, tiende a ser progresista.

Para desactivar miedos irracionales en esta elección, es importante entender que el miedo no es un enemigo, sino una señal de alerta. A menudo, la alarma permanece activa incluso cuando ya no hay un peligro real, llevando a una vida en modo de alerta continua.

Superar el miedo implica reconocerlo sin juicios: “siento miedo, pero eso no significa que estoy en peligro”. Nombrar la emoción ayuda a trasladarnos del pensamiento emocional al racional. Muchas personas, atrapadas en el miedo, utilizan frases como “me asustan los gobiernos comunistas” sin ser conscientes de que han votado en el pasado por gobiernos que han incorporado a miembros del partido comunista.

La alerta activada desde la Guerra Fría se ha quedado con nosotros, incluso cuando el contexto actual es diferente. Es crucial calmar el cuerpo para poder calmar la mente; un cuerpo en modo defensa no puede pensar con claridad. Por ejemplo, en situaciones de miedo, controlar la respiración puede ayudar a restablecer la calma.

Al igual que con las fobias, como el anticomunismo, es necesario exponerse gradualmente a lo que nos causa miedo. Cada vez que enfrentamos esa emoción y lo hacemos con éxito, nuestro cerebro aprende y se adapta.

Informarse críticamente sobre las elecciones es clave para desactivar el miedo. Cuanto más informado estés y más participes, menor será el miedo que sientas y mayor será tu empoderamiento. La información y la cooperación pueden neutralizar el miedo, que frecuentemente se utiliza para dividir y controlar.

Ahora es el momento de aprender a vencer el miedo. Cuando cede el miedo, la persona busca el cambio en lugar de la protección. Su voto se orienta hacia lo que ofrece seguridad inmediata, a menudo en detrimento de sus valores. Pero, al reconocer y regular su miedo, puede volver a pensar con claridad y su voto se convierte en una decisión reflexiva.

Cuando comunidades se organizan, conversan y entienden el origen de su miedo, ese miedo pierde su poder político. En vez de reaccionar, participan. Esto transforma el voto en una elección consciente.

En conclusión, superar el miedo no solo cambia un voto, sino también la forma de abordar el proceso electoral. Los votantes ya no buscan quién los salve, sino en quién pueden confiar para construir un futuro.

Con Información de pagina19.cl

Previous Post
Next Post
Advertisement