El silencio puede ser más dicho que las palabras. Cuando Guillermo Ramírez, presidente de la UDI, evitó responder en CNN a las declaraciones de Juan Sutil —quien minimizó el carácter dictatorial del régimen de Pinochet—, evidenció que parte de la derecha chilena continúa sin querer enfrentar su propia historia.
Por Claudia Molina B.| FACTOS – Opinión
Imagen de portada: LVDLQS
El 21 de agosto, el empresario Juan Sutil, figura clave en la campaña de Evelyn Matthei, declaró que el régimen de Pinochet fue un “gobierno dictatorial”, pero no una dictadura, ya que “las dictaduras no entregan el poder”. Esta reinterpretación histórica, más allá de su contradicción, ofende la memoria de las víctimas.
En el programa Tolerancia Cero de CNN Chile, la periodista Mónica Rincón confrontó a Ramírez, quien no solo evitó esclarecer la postura de su partido, sino que buscó maneras de esquivar el tema, creando un silencio incómodo que, lejos de aclarar, profundizó el debate.
El disfraz de centro que no convence
Más preocupante aún es que, en su intento por proyectarse como una derecha moderna y “centro”, la UDI recurra al negacionismo. Minimizar el pasado autoritario y relativizar sus crímenes no es un acto de moderación, sino una falta de honestidad política y moral.
Una deuda con la historia
El silencio de Ramírez no es un hecho aislado. Refleja una deuda pendiente que el partido, fundado en 1983 durante el régimen militar, aún no está dispuesto a saldar: reconocer sin ambages su relación histórica con un gobierno que violó sistemáticamente los derechos humanos.
Quienes buscan liderar desde el poder no pueden seguir minimizando la historia. La memoria no es negociable y, en democracia, blanquear los hechos no solo provoca división; también erosiona la confianza pública.
Silencio que se convierte en complicidad
En política, el silencio también implica tomar partido. Al evitar este debate, la UDI envía un mensaje claro: no está dispuesta a incomodar a quienes aún justifican el autoritarismo. Esto no es solo un problema de Guillermo Ramírez; es de toda una colectividad que, mientras condena violaciones a los derechos humanos “vengan de donde vengan”, se aferra a discursos que relativizan las propias.
Memoria para el futuro
Para lograr una democracia plena, no basta con que el poder se entregue de forma ordenada. Es crucial reconocer cuándo y cómo se vulneraron los derechos y honrar a quienes sufrieron las consecuencias.
El silencio no es prudencia, es una herida que se reabre. Y la UDI, si realmente busca posicionarse como una fuerza moderna y dialogante, deberá decidir si desea enfrentar su historia o seguir llevándola como un peso del negacionismo que, hasta hoy, los persigue.
La errónea interpretación del concepto de “dictadura” por parte de Juan Sutil ya había generado revuelo en los partidos que apoyan la candidatura de Evelyn Matthei —al punto de que algunos señalaron que “el mismo Sutil sepultó la carrera de la presidenciable”—, y lo que dijo —o mejor dicho, lo que no dijo— Guillermo Ramírez no hizo más que revivir un cadáver político que para muchos ya estaba siendo velado.
Con Información de factos.cl