La diputada del Partido Republicano y candidata a la reelección por el Distrito 6, Chiara Barchiesi, vuelve a estar en el ojo del huracán político. La semana pasada, ella fue una de más de 100 parlamentarios que no asistieron a una sesión del Congreso, lo que obligó a suspender la actividad por falta de quórum. El episodio fue calificado de bochornoso por autoridades y medios, reavivando las críticas sobre su compromiso con la labor legislativa.
Pero esta no es la primera vez que Barchiesi se ve envuelta en la polémica. En 2024, mientras la región de Valparaíso enfrentaba graves incendios forestales que destruyeron viviendas, obligaron a la evacuación de cientos de familias y movilizaron a bomberos, autoridades y equipos de emergencia, la diputada decidió celebrar su matrimonio en el Club Naval Las Salinas de Viña del Mar.
La decisión generó indignación entre ciudadanos y líderes locales, quienes cuestionaron la sensibilidad de la parlamentaria al priorizar un festejo personal en medio de una crisis que afectaba directamente a su propio distrito. La imagen de la celebración, en contraste con la emergencia que vivían miles de vecinos, se convirtió en un símbolo de desconexión y falta de empatía, alimentando críticas que aún persisten.
A esto se suma su respaldo público al presidente argentino Javier Milei, a quien ha señalado como ejemplo de modelo económico para Chile. Este apoyo ha sido duramente criticado en redes sociales, considerando la complicada situación económica que atraviesa Argentina y los riesgos de replicar políticas similares en nuestro país.
Otro de los episodios que más controversia le ha generado a Barchiesi es el uso de recursos públicos para gastos en bencina en 2022. Según registros oficiales, la diputada recorrió más de 9.000 kilómetros con vehículos financiados por el Congreso, un gasto que muchos consideran excesivo y poco justificado.
La polémica no solo apunta al monto, sino también a la efectividad de estas movilizaciones, cuestionando si realmente contribuían a su trabajo legislativo o eran desplazamientos innecesarios que podrían haberse optimizado. Este hecho, sumado a sus recientes ausencias en sesiones clave, ha reforzado la percepción de una gestión legislativa cuestionable, donde la dedicación a sus funciones queda en entredicho.