En un contexto electoral donde las propuestas y discursos proliferan, surge una pregunta fundamental: ¿qué factor tiene mayor impacto al momento de votar, los argumentos racionales o las emociones? Según René Bernal, director académico del Diplomado en Neuromarketing de Unegocios FEN UCHILE, la respuesta es clara: las emociones tienen un papel central.
Bernal sostiene que “el 95% de las decisiones que toman las personas son emocionales, e incluso podría ser más. Los seres humanos son completamente emocionales, aunque tratemos de ocultarlo tras un discurso lógico”. Este fenómeno es especialmente observable en campañas presidenciales, donde se diseñan estrategias para provocar reacciones emocionales en los votantes.
Dentro de las emociones que juegan un papel crucial, el miedo se destaca. “El miedo es la emoción que más fácilmente puede manipular a las personas”, afirma Bernal. Esta emoción activa mecanismos de defensa en el cerebro, liberando cortisol y situando al votante en un estado de alerta. Esto explica por qué los mensajes que apelan a la inseguridad y la incertidumbre resultan más persuasivos que aquellos basados en datos o propuestas técnicas.
La neurociencia respalda esta perspectiva. Investigaciones muestran que el miedo activa la amígdala cerebral, provocando respuestas automáticas de defensa. Además, las emociones no solo se comunican a través de palabras; gestos, símbolos y colores desempeñan un rol esencial en cómo es percibido el mensaje por el electorado. “El lenguaje corporal comunica más que las palabras. La gesticulación y la postura crean conexión a través de las ‘neuronas espejo’”, destaca el académico.
Este aspecto no verbal se complementa con códigos visuales, donde el uso del color es fundamental. Los colores evocan emociones específicas que, cuando se combinan con narrativas emotivas, resultan ser más efectivas que extensas explicaciones programáticas en las campañas políticas contemporáneas.
Por último, el académico subraya la delgada línea que separa la persuasión legítima de la manipulación: “La diferencia radica en la intención. Persuadir es conectar con emociones; manipular es aprovecharse de ellas”. En un ámbito político donde lo racional pierde relevancia, el neuromarketing recuerda que los votantes son, ante todo, seres humanos que sienten.
Con Información de factos.cl