El Impacto de la Parálisis en la Sociedad Actual

La Gran Parálisis: Cómo el exceso de progresismo alimentó el monstruo del autoritarismo traumatizado

Hacia una Política del Cuidado Radical como Puente entre Justicia Material y Reconocimiento


La victoria de un proyecto que se basa en el orden coercitivo y la simplificación brutal no es un accidente, sino un indicativo de una crisis política mayor: el colapso autoinmune de una izquierda que, al intentar abarcar todos los dolores del mundo, perdió la capacidad de sanar alguno.

Mientras el progresismo se quedaba atrapado en un debate interno interminable sobre dilemas irresolubles –seguridad contra derechos, ecología contra empleo, universalismo contra identidad–, se desatendió el espacio crítico de la experiencia cotidiana: el miedo, la incertidumbre material y el deseo de protección. Ese vacío fue ocupada por una derecha que, entendiendo que la política premia la certeza sobre la complejidad, ofreció un calmante tóxico: la promesa de restaurar un orden patriarcal y vertical mediante la fuerza, que es la causa misma del trauma histórico de la sociedad.

El cortocircuito definitivo

Este es el cortocircuito definitivo. Un país herido por la colonialidad, la desigualdad extrema y la violencia estructural, opera con su «cerebro emocional» colectivo en estado de shock. La amígdala social, saturada de miedo y rabia, ha desactivado la corteza prefrontal de la deliberación y el pensamiento a largo plazo. La política se ha convertido en un duelo de acusaciones, donde triunfó quien mejor explotó ese pánico, no quien propuso restablecer conexiones.

La izquierda, en su versión hegemónica e integradora, fracasó no por carecer de causas justas, sino por tener demasiadas. Su discurso se transformó en un compendio de urgencias inpriorizables, una cacofonía de buenas intenciones que sonaba a un lujo inalcanzable para un público sumido en la precariedad. Cada ambivalencia se volvió munición para el adversario, y cada tensión interna, evidencia de debilidad.

La coherencia performativa de la derecha

A diferencia de la izquierda, la derecha aprendió que no se le exige coherencia filosófica, sino coherencia en la práctica. No necesita resolver la contradicción entre su modelo económico extractivista y el bienestar social, ni entre su discurso de orden y su complicidad con la delincuencia de élite. Su éxito radica en ocultar esas contradicciones tras una narrativa simplificada: la del «cerrojo», la mano dura, y la restauración de un pasado idealizado.

Su victoria es la victoria de la inconsistencia aparente, que alivia la ansiedad traumática ofreciendo la familiaridad cruel del autoritarismo patriarcal. Sin embargo, es una victoria pírrica, ya que agrava la herida que presume sanar, dejándonos ciegos ante la verdadera crisis de nuestra época: la reconfiguración geopolítica global, en la que grandes potencias definen el futuro de los recursos naturales, mientras nosotros nos distraemos con símbolos y acusaciones.

Más allá del divorcio: La política del cuidado radical

En este contexto, la salida no puede ser un simple «divorcio amistoso» entre las dos vertientes de la izquierda –la material y la identitaria–, aunque reconocer su incompatibilidad sea un paso realista inicial.

Una izquierda que se enfoque solo en la redistribución ignorará las luchas por el reconocimiento y será culturalmente inhóspita. Por otro lado, una izquierda que se centre únicamente en la identidad, sin tomar en cuenta las urgencias de la seguridad material, será vista como una élite desconectada. La separación es necesaria para recuperar coherencia discursiva, pero si es definitiva, consagrará la derrota de ambas.

Por ello, el vínculo posible y necesario no es una nueva fusión, sino un principio de acción conjunta: la Política del Cuidado Radical. Este concepto puede actuar como el mínimo común múltiplo para proyectos distintos, ofreciendo la base para acuerdos estratégicos sin desdibujar identidades.

Para la izquierda materialista

El Cuidado Radical se traduce en seguridad ontológica: la generación, a través de la redistribución de poder y riqueza, de certezas básicas –vivienda, salud, pensiones dignas, seguridad pública comunitaria– que disminuyan la ansiedad social y fortalezcan el vínculo colectivo. Este es el fundamento para un proyecto soberano.

Para la izquierda cultural e identitaria

El Cuidado Radical implica reparación histórica: reconocimiento y justicia para aquellos cuerpos y comunidades agredidas por el patriarcado, el colonialismo y el Estado; validación de la diferencia en una esfera pública que promueva la democracia y el diálogo.

El punto de convergencia

Ambas agendas deben converger en la urgente necesidad de sanar el cerebro social traumatizado. Un país en constante estado de shock es incapaz de proyectar un futuro común y se convierte en un blanco fácil para la manipulación.

Las divergencias pueden y deben existir en tácticas y prioridades inmediatas, pero hay que unir esfuerzos en torno a grandes objetivos de cuidado:

  • Un sistema de cuidados universal, financiado a través de una reforma tributaria equitativa
  • Una política de seguridad que aborde el cortocircuito emocional por medio de la comunidad, no de la violencia
  • Una estrategia geopolítica que utilice los recursos naturales para mejorar nuestra sociedad en lugar de perpetuar el extractivismo patriarcal

El desafío final

El reto es monumental. Implica dejar de lado el deseo de ser la conciencia moral absoluta del mundo y transformarse en la fuerza serena y capaz que sana heridas, proporciona certezas y, a partir de esa base, lucha por el sentido común.

Frente al calmante autoritario que ofrece la derecha –una falsa sensación de seguridad que enferma–, solo una oferta de cuidado sólida y comunitaria puede desactivar el cortocircuito traumático. Solo así se puede construir una fuerza política capaz de aceptar la complejidad, al haber anclado su proyecto en la necesidad humana más profunda: ser protegido, reconocido y construir un futuro compartido.

El tiempo del diagnóstico ha concluido. Ahora debemos elegir entre la espiral del trauma o el arduo, y necesariamente dual, camino de la sanación.


Humberto Del Pozo López
Magíster en Ciencias Económicas y Sociales, Universidad Católica de Lovaina
Magíster en Psicología, Universidad Nacional Autónoma de México

Con Información de desenfoque.cl

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