En un mundo altamente interconectado, aunque también marcado por narrativas parciales, prejuicios, noticias falsas y polarización, siempre deberíamos preguntarnos: ¿a quién servimos en el periodismo? ¿Al poder? ¿A la ideología? ¿O a la verdad, a la ciudadanía y a la justicia?
Dakhla, una ciudad ubicada al sur de Marruecos y entrada al Sáhara, fue el marco perfecto para un encuentro crucial para quienes defendemos un periodismo ético, bien informado y crítico. Periodistas de África, América Latina, Europa y Asia nos concentramos en discutir los desafíos globales que enfrenta nuestra profesión. La desinformación, la manipulación en redes sociales, la precarización del trabajo periodístico y los conflictos geopolíticos fueron algunos de los temas abordados, lo que adquirió un valor adicional al desarrollarse en el lugar mismo. Ser testigos del crecimiento de Dakhla, escuchar su historia y conocer sus tensiones y proyectos fue una lección de humildad y un ejercicio periodístico en sí mismo.
Durante los debates sobre ética, libertad de expresión y multilateralismo, reflexioné sobre cómo estos temas se interrelacionan con la realidad de Chile. Nuestro país, a menudo ensimismado entre mar y cordillera, tiende a enfocarse en su propia realidad. Estamos en una democracia joven y convulsa, en tensión constante entre el desencanto ciudadano y la aparición de liderazgos populistas. Sin embargo, nos falta una visión externa sostenida, una conciencia de que formamos parte de un mundo que condiciona tanto nuestras crisis como nuestras oportunidades.
Por ello, desde Punta Arenas hasta Arica, es urgente ampliar nuestra perspectiva. Lo que sucede en el Magreb, el Sahel o Gaza nos repercute. Las estrategias de lucha contra la desinformación en Europa y América Latina ofrecen lecciones que son igualmente válidas en Santiago como en Puerto Williams. La concentración de medios, la violencia hacia periodistas, y el uso de algoritmos para manipular audiencias son fenómenos interconectados que forman parte de una misma tormenta global, demandando redes de cooperación y un pensamiento estratégico.
En Dakhla, se reiteró la importancia de que el periodista resista a la lógica del algoritmo y abrace la complejidad. Debe «contar desde el terreno», como lo expresó el español Javier Fernández Arribas y reafirmó el peruano Ricardo Sánchez Serra. Solo a través de la escucha, el respeto a las culturas y la observación directa se puede realmente comprender la magnitud de los procesos que cubrimos.
Llevar esa reflexión a Chile —donde, como mencioné en mi intervención, el periodismo a menudo se practica con la idea de que el mundo se limita a la cordillera— es vital. Solo si tenemos el coraje de mirar más allá, de salir de nuestra burbuja, podremos atender a una ciudadanía que exige más que titulares: busca profundidad, conexión y propósito.
El periodismo regional también tiene un papel importante aquí. Medios como El Pingüino en Magallanes, que celebra 17 años de compromiso con su comunidad, demuestran que es posible informar con cercanía y rigor, conectando lo local con lo global. Desde el fin del mundo, se puede emitir una voz que resuene en el planeta.
Dakhla nos recordó algo fundamental: el futuro del periodismo no radica en la viralización, sino en la verificación; no en el ruido, sino en la escucha; no en el control, sino en el compromiso. Para lograrlo, necesitamos abrir ventanas, cruzar fronteras y, sobre todo, expandir nuestra mirada. Solo así seremos capaces de narrar adecuadamente esta compleja época y hacerlo con humanidad, valentía y verdad.
Con Información de www.elperiodista.cl