Rectora de la Universidad Católica de Temuco y Vicepresidenta de AUR
La historia de Chile, al igual que la de muchos países, revela una evolución progresiva en la forma en que entendemos y valoramos la diversidad que forma parte de nuestra vida social. Durante años, las representaciones públicas eran bastante homogéneas. No obstante, con el paso del tiempo, gracias a los cambios culturales, las políticas públicas y el trabajo de numerosas instituciones, esa perspectiva ha comenzado a expandirse y enriquecerse.
A lo largo de este proceso, también se han ampliado las oportunidades para que más mujeres puedan desarrollar sus talentos en diferentes áreas. La creación de instituciones orientadas a promover la equidad ha sido clave para fortalecer este camino y fomentar nuevas formas de participación. Hoy en día, el ámbito universitario refleja esta evolución: las mujeres son mayoría en la matrícula y ocupan múltiples espacios de liderazgo académico y administrativo. La Agrupación de Universidades Regionales (AUR) ha respaldado este progreso al impulsar unidades, protocolos y políticas que fomentan comunidades respetuosas y seguras para todos.
Un proceso similar ha ocurrido con los pueblos originarios. Durante mucho tiempo, sus culturas, idiomas y conocimientos no fueron plenamente reconocidos. Sin embargo, el país ha avanzado en la valoración de su aporte y en el fortalecimiento de su desarrollo. La creación de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI) y otras políticas públicas han establecido un marco que reconoce su identidad y legado.
En muchas regiones del país, las comunidades indígenas son un elemento dinámico del territorio. Las universidades regionales han asumido este vínculo con firmeza, integrando sus realidades en la formación, investigando desde sus necesidades y trabajando de manera colaborativa con las comunidades. Este compromiso es fundamental en su misión.
Un aspecto crucial de la diversidad se refiere a las personas con discapacidad, un grupo que ha estado fuera del debate social durante años. Según el III Estudio Nacional de la Discapacidad (SENADIS, 2010), una parte considerable de la población presenta algún nivel de limitación funcional. De hecho, cerca de una quinta parte de la población vive con algún tipo de discapacidad, lo que nos lleva a profundizar en políticas de apoyo y acompañamiento.
Las universidades de la AUR abordan estos desafíos de inclusión y diversidad desde varios frentes. Forman profesionales que contribuyen a una educación inclusiva, generan estudios que orientan políticas públicas y desarrollan proyectos en colaboración con organizaciones locales. Además, han promovido la inclusión activa de estudiantes, trabajadores y académicos con discapacidad, un reto que requiere ajustes institucionales, infraestructurales y culturales que las universidades abrazan como parte de su misión.
Este trabajo colaborativo ha facilitado el intercambio de aprendizajes y experiencias entre instituciones. Un resultado de este esfuerzo será el “Manual de Reclutamiento, Selección de Personas y Buenas Prácticas Inclusivas”, que se publicará en 2026 y que tiene como objetivo orientar la inclusión laboral de personas con discapacidad en las universidades regionales.
Los avances logrados en temas como género, pueblos originarios y discapacidad no solo fortalecen nuestras comunidades universitarias. También contribuyen a iluminar políticas públicas y a establecer referentes para otras instituciones que trabajan en pos de la igualdad, la dignidad y el bienestar en nuestras regiones.
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