Claro, aquí tienes el contenido reescrito:
La visión predominante acerca del Estado ha limitado lo público a una función burocrática y subsidiaria.
Esto ha permitido la creación de una narrativa que justifica la exclusión social como un resultado del “mérito personal”, sin tener en cuenta las condiciones estructurales que dificultan el acceso a una vida digna y segura. Como consecuencia, hemos visto una sociedad fragmentada, un Estado y una política que no responden a las demandas reales de la ciudadanía, todo ello en medio de nuevos desafíos que se presentan ante nosotros.
Los dos intentos fallidos de reforma constitucional, que abordaron de diferentes maneras el papel del Estado en la economía y la sociedad, han dejado el camino abierto para el debate sobre el Estado, el cual gana relevancia en este contexto electoral. Por un lado, se destaca la propuesta rescatable de un Estado social democrático de derecho que surgió en la Convención; por el otro, la propuesta de la derecha a partir del Consejo Constitucional, que aboga por radicalizar el actual Estado subsidiario instaurado desde la dictadura.
Estas son visiones en conflicto y profundamente distintas. A pesar de ello, los recientes procesos constitucionales no han modificado las condiciones que propiciaron los conflictos sociales, ni los elementos estructurales que obstaculizan el crecimiento económico y fomentan el crimen organizado, lo que sugiere que continuaremos en un camino incierto, sin importar quién gane las próximas elecciones presidenciales.
En este escenario electoral abierto, las distintas narrativas de la derecha compiten para demostrar quién es más firme frente a las contradicciones estructurales no resueltas, la anomia social hacia la democracia y el descrédito de la política. Esto va acompañado de una postura predominante en ciertos sectores políticos y empresariales que prefieren abordar los problemas mediante enfoques autoritarios, reduciendo el gasto social, suprimiendo derechos civiles y políticos fundamentales, gobernando por decreto y debilitando la solidaridad en el sistema de pensiones, entre otras medidas.
Por lo tanto, se busca alejarse de soluciones universales y solidarias necesarias para promover la cohesión social, que es el camino más seguro para fortalecer la democracia y avanzar hacia la igualdad. Se intenta, en cambio, reforzar un modelo neoliberal que menoscaba los pequeños avances alcanzados en derechos básicos en las últimas décadas, como salud, educación, trabajo digno, vivienda y sistemas de pensiones solidarios.
Sin embargo, hay evidencia de que universalizar el acceso a estos servicios, mejorando su calidad y cobertura, puede ayudar a disminuir desigualdades y reconstruir la confianza en el Estado, lo que otorga sentido a la vida comunitaria, que en nuestro país muestra alarmantes niveles de fragmentación. Las medidas para llevar a cabo este tipo de soluciones son claras: aumentar la recaudación de quienes más tienen, combatir la evasión fiscal y eliminar privilegios regresivos. Además, es crucial fortalecer las instituciones públicas, profesionalizar el aparato estatal y proteger ciertas políticas sociales frente a los vaivenes políticos.
El éxito de tales transformaciones depende en gran medida de su legitimidad social. Por ello, deben ir acompañadas de amplios mecanismos de participación y diálogo. No se trata solo de diseñar políticas desde las altas esferas del poder; también implica escuchar, explicar, fundamentar, deliberar y aprender de los aportes de la sociedad, algo que en nuestro contexto elitista parece casi una utopía.
Avanzar en esta dirección significa resignificar el papel del Estado, siendo su forma social y democrática la manifestación más clara y avanzada. Sin embargo, esta concepción de Estado no encontrará aceptación entre las mayorías sociales a menos que las fuerzas políticas que buscan mayor justicia y equidad la conviertan en un pilar fundamental de su acción, reflexionen sobre ello y recojan las experiencias y reflexiones documentadas por Piketty en *Capital e Ideología*.
La forma social del Estado se presenta como la mejor salida política estratégica para Chile. Aun así, es necesario contextualizarlo en nuestra realidad e historia. En el proceso de constitución del Estado-nación en países como el nuestro y el resto de América Latina, el modelo europeo importado generó particularidades en sectores específicos de la sociedad, acentuadas por el predominio del capitalismo neoliberal que ha favorecido la disolución de los lazos sociales.
¿Cómo se relaciona esto con el contexto de una campaña electoral? Se relaciona porque, aunque es comprensible que el camino hacia un Estado social pueda avanzar en etapas debido a diversas correlaciones de fuerza, es vital tener una visión estratégica que integre todas estas partes. De lo contrario, se corre el riesgo de perder la perspectiva general.
Esto se conecta además, porque tras una primaria rica en contenido, que reflejaba la acumulación política e ideológica de las “dos almas” del bloque oficialista, ha habido un giro abrupto hacia disputas intrascendentes, cediendo terreno en el único ámbito donde es posible desafiar a la derecha: una visión de futuro que trasciende el crecimiento económico y las preocupaciones de seguridad.
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