Liliana Cortés, Directora Social Nacional del Hogar de Cristo:
El 3 de julio, en La Moneda, se presentaron las propuestas de modificación a la Encuesta Nacional de Caracterización Socioeconómica (CASEN) al Presidente Gabriel Boric. Esta encuesta es instrumental para medir la pobreza en Chile y para guiar de manera precisa y efectiva las políticas públicas.
El informe de 130 páginas incorpora el trabajo ad honorem de un grupo de expertos convocados por el gobierno, un esfuerzo que se realiza cada diez años. Juan Cristóbal Romero, director ejecutivo del Hogar de Cristo, fue parte de este comité que trabajó durante 15 meses en esta tarea seria y significativa, actualizando la medición en función de cambios sociales recientes y sus consecuencias: estallido social, pandemia, crisis habitacional, fenómeno migratorio, inseguridad y violencia en las calles.
Este es un comité asesor, no vinculante, por lo que no necesariamente se incorporarán todas las propuestas, aunque esperamos que así sea.
Los medios encabezaron sus titulares con la cuestión más impactante: según los nuevos parámetros, la última medición, que nos situaba por encima de Canadá y Estados Unidos en la reducción de la pobreza, pasaría de un alentador 6,5% a un 22,3%. Este nuevo dato tiene mucho más sentido para quienes trabajamos diariamente con “los pies en el barro”, como decía Alberto Hurtado.
En el Hogar de Cristo atendemos a un número limitado de personas, alrededor de 38 mil en 2024, que enfrentan carencias acumuladas durante décadas. Además de déficits en salud, vivienda, empleo y educación, también padecen problemas de ingresos, salud mental, drogadicción, discapacidad, abandono y analfabetismo. Se trata de una pobreza extrema o crónica, como debatió la comisión.
Finalmente, se decidió usar el término “pobreza severa”, que se define técnicamente como la intersección entre los hogares que viven en pobreza por ingresos y aquellos que sufren pobreza multidimensional.
Este grupo poblacional no ha recibido la atención que merece, a pesar de que debería ser priorizado por las políticas públicas. Los más pobres entre los pobres deberían ser el foco no solo del Hogar de Cristo y otras organizaciones que trabajamos para ayudarlos, sino de todos: el Estado, el sector privado, la academia, la sociedad civil organizada y la ciudadanía en general. Instalar esta idea y atender sus necesidades sería un gran avance.
La comisión sugiere modificaciones evidentes y necesarias en los indicadores de pobreza, tanto por ingresos como multidimensional. Propone, por ejemplo, reemplazar el criterio de 2.000 calorías diarias con una canasta alimentaria saludable, y eliminar el alquiler imputado, introduciendo dos líneas de pobreza: una para propietarios de vivienda y otra para inquilinos. También se añaden y actualizan nuevos indicadores para la pobreza multidimensional, pasando de 15 a 20, incluyendo la educación preescolar, la dependencia funcional, el cuidado y la asequibilidad de la vivienda. Las cinco dimensiones de la pobreza se mantienen, pero con igual peso.
Sin duda, es relevante incorporar dos propuestas que brindan una visión más clara del problema: la vulnerabilidad, que mide la probabilidad de caer en pobreza, y la necesidad de conocer la cantidad de personas que viven en pobreza severa. Ambos extremos son cruciales para entender la situación. A esto apunta la comisión asesora con su propuesta para la CASEN.
Amartya Sen, Premio Nobel de Economía, que acuñó el concepto, ha mencionado: “La pobreza severa no es solo la falta de ingresos, sino una forma radical de exclusión”. Se trata de una vida en la que no puedes decidir qué comer por falta de recursos; donde no puedes cuidar tu salud porque la atención médica es inaccesible; donde no tienes posibilidades de estudiar, calefacción o un hogar digno. En Chile, esta pobreza se manifiesta en la proliferación de viviendas precarias, pero también se oculta en casas mal aisladas, en adultos mayores solos y en madres que luchan entre las drogas, la violencia y la precariedad. Combatir esta pobreza requiere políticas públicas que fomenten el desarrollo de capacidades: educación, salud, redes de apoyo y respeto.
Con Información de www.lanacion.cl