Chile se prepara para un importante proceso electoral.

Desde Madrid

La campaña electoral en Chile se encuentra en su etapa final, con el cierre programado para el 13 de noviembre, y la elección presidencial en primera vuelta —junto con las parlamentarias— el 16 de noviembre. En esta ocasión, se renovarán los 155 escaños de la Cámara de Diputados y cerca de la mitad de los 50 senadores, siendo 23 los senadores que representarán a las siete circunscripciones que están en juego.

Hay ocho candidatos a la presidencia: tres independientes de izquierda, uno del bloque progresista de centro-izquierda, uno del sector populista de centro, otro de la derecha tradicional y dos más de la extrema derecha. Debido a la clara división entre las distintas candidaturas, es probable que ningún candidato consiga la mayoría absoluta, lo que sugiere que habrá una segunda vuelta con los dos candidatos más votados, prevista para el 14 de diciembre.

Según datos oficiales, de más de 19.5 millones de habitantes, hay 15,779,102 votantes mayores de 18 años oficialmente inscritos. El voto es obligatorio y aquellos que no cumplan sin una justificación válida enfrentarán multas que oscilan entre 34,000 y 102,000 pesos.

Es relevante notar que Chile es uno de los países más flexibles en cuanto al derecho al voto para extranjeros residentes. Si bien deben votar (con sanciones para quienes no lo hagan) los mayores de 18 años que hayan vivido en el país más de cinco años, una modificación prevista que exigirá diez años de permanencia no entrará en vigor hasta el próximo año.

Este tema no es menor, dado que en Chile hay más de 850,000 extranjeros con derecho a voto, lo que representa alrededor del 5.6% del electorado. Según estudios de la Universidad del Desarrollo, cerca del 70% de ellos votará por candidatos de derecha, lo que podría influir significativamente en el resultado electoral.

El derecho de los extranjeros a votar en Chile está consagrado en la Constitución desde 1980, durante la dictadura de Augusto Pinochet. Sin embargo, el mayor aumento de la inmigración se ha registrado en los últimos siete años.

El ambiente electoral chileno está cargado de tensiones y sometido a una fuerte presión mediática. Las campañas de los candidatos generan a menudo un clima de tensión, exacerbado por la circulación de “fake news” a través de redes sociales sin control. Existen casos documentados en los que medios tradicionales basan sus informes en noticias de estas plataformas sin verificar su veracidad.

Además, muchos candidatos intentan desacreditar a sus oponentes con mentiras, utilizando herramientas tecnológicas que carecen de regulación. Aunque ha habido denuncias públicas de algunas candidaturas, estas rara vez llegan a los tribunales debido a presiones externas o intereses particulares, lo que socava la confianza ciudadana y el funcionamiento de la democracia.

Chile se encuentra inmerso en este proceso electoral, y las campañas giran en torno a el modelo a seguir. Algunos candidatos promueven el fortalecimiento del Estado como garante de los beneficios sociales, mientras que otros proponen enfoques distintos. Esta divergencia refleja un proceso de cambio significativo, especialmente en la distribución de la riqueza en un país que enfrenta una desigualdad notable, a pesar de los significativos avances en su economía a nivel global.

Con Información de desenfoque.cl

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