Esta noche se enfrentarán ocho candidatos presidenciales. Ocho aspirantes que intentarán captar la atención de un electorado escéptico, exigente y, en muchos casos, desencantado.
Tres provendrán de la izquierda, otros tres de la derecha, mientras que los dos restantes —a menudo etiquetados como “centro”— buscarán posicionarse como el equilibro en un país que, a pesar de la convulsión de la última década, anhela estabilidad, legalidad y una especie de pureza institucional que parece cada vez más inalcanzable.
Chile, que se enorgullece de la imparcialidad gubernamental en los procesos electorales y de seguir ciertas reglas de juego, se enfrenta a una nueva instancia democrática. Sin embargo, lo hace en un contexto donde el espectáculo amenaza con eclipsar el contenido. Cada candidato intentará consolidarse en su propio ámbito ideológico para asegurar su lugar en la segunda vuelta. Habrá guiños a los sectores leales, frases virales para las redes sociales y tal vez algún gesto disruptivo para atraer a los indecisos. Lo que seguramente faltará, como es habitual, es profundidad.
Asistiremos una vez más al mismo espectáculo de siempre: insinuaciones, ironías superficiales y estadísticas lanzadas sin contexto que las respalde. Faltará audacia real: esa que propone ideas desafiantes, que cuestionan el estatus quo y que se atreven a vislumbrar un país diferente y mejor. No es que no haya espacio para un debate real; es que escasea la voluntad de llevarlo a cabo.
La centroizquierda intentará presentarse como una opción viable y moderada, a pesar de que la candidata sea del PC, mientras que la derecha se atacará sutilmente tratando de demostrar quién es más dura con Jara y el gobierno de Boric. Los extremos buscarán movilizar con convicciones firmes, mientras que el centro —si es que aún existe— intentará ser la opción sensata en medio de la polarización. Quizás la gran novedad, dado que todos son rostros conocidos, sea cómo se desempeñará Harold Mayne-Nicholls, quien podría aprovechar este debate para ganar protagonismo.
Pero en medio de esta distribución de roles, lo que Chile realmente necesita no es otro debate predecible y rígido. Se requiere que alguien hable de salud, pensiones, cambio climático y educación pública con visión de futuro. Que se aborde el narcotráfico, no solo para alarmar, sino para proponer soluciones. Que se trate la migración desde una perspectiva de derechos humanos y no solamente como una amenaza. Que se discuta la desigualdad, que nos fractura como sociedad y nos recuerda que no somos tan “puros” ni tan “íntegros” como a veces creemos. Se necesitan propuestas audaces y bien fundamentadas, no más de lo mismo ni críticas vacías sobre lo que no se ha hecho, sin centrarse en lo que se puede lograr.
Quizás esta noche en Chilevisión alguno de los ocho logre romper el esquema establecido. Tal vez alguien se atreva a dirigirse al país en su totalidad, y no simplemente a su base de seguidores. Ojalá. Porque Chile necesita más que candidatos: necesita líderes. Y necesita ideas.
Con Información de www.elperiodista.cl