Cataluña proclamó su independencia en 2017.

La percepción externa de España como un país normal y cohesionado contrasta con la realidad interna, marcada por el conflicto persistente entre dos naciones: Castilla, junto a los territorios que ha asimilado, y la parte de Cataluña integrada en España, cuya capital es Barcelona (hay otra parte de Cataluña en Francia, con capital en Perpinyà, así como territorios hermanos donde también se habla catalán, como el País Valencià y las Illes Balears).

Castilla y Cataluña poseen identidades nacionales distintas, diferentes lenguas y modos de vida. Si ambas naciones formaran parte de estados independientes, como una vez lo fueron, tal situación sería considerada más realista. También hay otras realidades menores que no se sienten completamente integradas en España: el País Vasco y Galicia.

El Estado español no ha conseguido fomentar un sentimiento común, dado que las diferencias históricas y la actitud impositiva de Castilla han prevalecido. Cataluña nunca aceptó esta anexión forzada. A pesar de los intentos de disimular sus imposiciones, Castilla ha tenido que reprimir violentamente las revueltas y aspiraciones independentistas de Cataluña, un fenómeno que se ha repetido cada 50 años durante los últimos tres siglos. La penúltima ola de represión tuvo lugar durante la Guerra Civil española y la dictadura franquista (1936-1975), y la última desde 2017 hasta hoy, ante la represión del actual movimiento independentista.

Entre 2010 y 2017, Cataluña buscó negociar un referéndum consensuado, pero la constante negativa de Madrid llevó a que el pueblo catalán organizara, en 2017, un referéndum unilateral de autodeterminación. Debido a la firme determinación del pueblo, a pesar de que Madrid envió 10,000 policías para sofocar la consulta, votaron 2.3 millones de personas, resultando en un 90% a favor de la independencia. Por ello, el 27 de octubre de 2017, el Parlamento catalán declaró solemnemente la independencia de Cataluña, que permanece vigente políticamente. La única razón por la que no se ejecutó fue la imposición de España mediante fuerza legislativa, policial y la amenaza de intervención militar.

Ocho años después, España sigue aplicando la represión y no ha propuesto ninguna solución. Madrid ha ignorado la voluntad catalana, centrando sus esfuerzos en pacificar lo que consideran una revuelta en la colonia y normalizar la situación según sus intereses. Están diluyendo el hecho diferencial catalán que ha perdurado desde la fundación del Estado español.

Para conmemorar la declaración de independencia de Cataluña, un grupo de activistas recorrió durante 15 días los 215 km desde Salses (en la parte francesa de Cataluña) hasta Barcelona el 27 de octubre, reiterando que la voluntad de no ser gobernados por otros sigue firme.

Esto ocurre mientras Junts, el partido independentista catalán liderado por Carles Puigdemont (ex Presidente de Cataluña en 2017), acaba de retirar su apoyo crucial al gobierno de Pedro Sánchez, lo que deja al gobierno sin mayoría parlamentaria. Aunque Junts había apoyado al gobierno esperando negociaciones sobre la persecución judicial, la depredación económica de Cataluña, la oficialidad del catalán en la UE, el reconocimiento del conflicto político y una salida democrática para el ejercicio de la autodeterminación, finalmente su apoyo fue revocado.

Sánchez ha hecho varias promesas, pero ha implementado medidas con cautela, asegurándose de que no haya avances significativos. Por esto, Junts se ha visto obligado a retirar su apoyo, dejando a Sánchez sin una mayoría efectiva, a pesar de que ha manifestado su intención de no disolver el gobierno ni convocar elecciones, tratando de mantenerse en el poder.

Por lo tanto, este gobierno podría caer en cualquier momento. Su único argumento para perpetuarse en el poder, a pesar de su insostenible fragilidad, es el temor a que la alternativa sea un gobierno de extrema derecha (PP y VOX). Sin embargo, el gobierno de Sánchez también evita afrontar el problema estructural que representa ignorar la determinación catalana de dejar de ser un pueblo subordinado y poder gobernarse como cualquier otra nación europea.

Con Información de www.elperiodista.cl

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