Carrera armamentista a nivel global.

Es evidente que estamos en medio de una carrera armamentista a nivel global. Detrás de esta realidad hay intereses específicos y alarmantes que impulsan a los países a aumentar su arsenal.

No podemos aceptar que conflictos bélicos significativos, que ocasionan pérdidas humanas devastadoras y graves destrucciones, no se suspendan por el sentido humanitario que debería prevalecer en el mundo. Nos indigna el genocidio que está ocurriendo, “en vivo y en directo”, en la Franja de Gaza. Sentimos el dolor de Palestina, que buscan borrar del mapa a sangre y fuego. Y también nos duele Ucrania, que enfrenta una invasión rusa con el claro objetivo de apoderarse de sus territorios.

Es alarmante que perdamos de vista que hay otros 54 conflictos armados activos en el mundo, representando la cifra más alta desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Resulta desgarrador y sorprendente conocer las estadísticas sobre la violencia armada, tanto en conflictos internacionales como en acciones dentro de los estados, muchas de las cuales son causadas por cárteles de droga o bandas criminales organizadas.

Lo más preocupante es que esta situación es fomentada por líderes corruptos, políticos sin escrúpulos y empresarios de la industria armamentista, quienes buscan enriquecerse de manera rápida y a costa del sufrimiento ajeno. Es un círculo vicioso orquestado por organizaciones inmorales vinculadas al capital oscuro.

La violencia es tan extendida que las armas circulan libremente, a la vista de todos, mientras nadie parece estar dispuesto a cuestionar moralmente estas acciones.

Escandalizado por lo que está sucediendo, escribo estas líneas con la intención de abrir los ojos de quienes leen este tipo de artículos. Considero urgente y necesario denunciar esta escalada de violencia y llamar a la movilización de las personas sensatas para enfrentar estos hechos que oprimen a la sociedad.

La población debe defenderse de esta lacra, apoyándose mutuamente y brindando ayuda a las víctimas con la determinación que merecen. Además, debemos alzarnos contra los responsables de tanta ignominia y exigir a los gobernantes de cada nación que implementen medidas contundentes para aislar y combatir a quienes no respetan una convivencia pacífica.

Apelamos al sentido común frente a las cifras que reflejan lo que percibo como una carrera armamentista. De acuerdo con las estadísticas más recientes de Global Firepower, una importante organización especializada, los países con mayor poderío militar son, en primer lugar, Estados Unidos, seguido de Rusia, China e India, mientras que Chile ocupa el puesto 47.

Los datos sobre la capacidad bélica de Estados Unidos son impactantes: en la actualidad, cuenta con un total de 13,209 aeronaves, que incluyen alrededor de 1,854 aviones de combate, 2,648 aviones de entrenamiento, 5,737 helicópteros, 1,000 helis de ataque, 695 aviones para misiones especiales y 606 aviones cisterna. En cuanto a su poder naval, posee un total de 472 buques, entre los que hay aproximadamente 75 destructores, 11 portaaviones, 64 submarinos, 23 corbetas, 9 portahelicópteros, 8 buques de guerra contra minas y 5 buques de patrulla. En el ámbito terrestre, las tropas estadounidenses cuentan con alrededor de 4,657 tanques, 1,595 unidades de artillería autopropulsada, 1,267 unidades de artillería remolcada, y 694 lanzacohetes múltiples, autopropulsados y blindados.

Con estos datos sobre la mesa, se entiende mejor por qué la fuerza está ganando terreno en el mundo. La industria bélica se moderniza constantemente, creando laboratorios para desarrollar nuevos armamentos y fábricas para producirlos. Esto genera enormes beneficios económicos.

Y ahora, nos presionan a adquirir sus productos.

Sinceramente, creo que no deberíamos hacer caso a las “órdenes” de los poderosos. Los recursos deben destinarse a resolver los problemas de los más vulnerables y a buscar sistemas que ofrezcan bienestar a la población, algo que hemos necesitado durante mucho tiempo.

Con Información de desenfoque.cl

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