Banco Central: Limitaciones de la técnica en la gestión financiera



Hay una solución práctica para resolver la controversia generada por el Banco Central en relación al aumento del sueldo mínimo propuesto por el Gobierno del Presidente Boric, así como la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales: que los grandes empresarios de Chile ofrezcan salarios dignos a sus empleados y que sus aliados en el Congreso dejen de obstaculizar las iniciativas que buscan reducir las desigualdades sociales y económicas en el país.

Si la banca proporcionara el financiamiento necesario para que las PYMES operen sin las dificultades y angustias diarias actuales, contribuiría significativamente a la cohesión social. Esto conduciría a un crecimiento económico más robusto y a la creación de más empleos, justificando así la responsabilidad social tan mencionada.

No obstante, esto no sucederá, ya que los grandes empresarios han optado por apoyar a candidatos de derecha, lo que significa que, de obtener la victoria, las desigualdades seguirán aumentando. Hoy se habla de recortar el gasto fiscal y de reducir el tamaño del Estado, otorgando más poder al empresariado para que impongan unilateralmente las condiciones económicas.

En este contexto electoral, la candidata Matthei propone dividir los 6.000 millones de USD que Kast quiere recortar, distribuyéndolos durante los cuatro años de su mandato. Mientras tanto, el candidato Kaiser dejaría todo a merced del mercado, retrocediendo las conquistas sociales logradas durante gobiernos democráticos.

Los resultados de los gobiernos de ultraderecha en la región y el mundo son elocuentes. Milei en Argentina, quien sufrió una derrota en las elecciones parlamentarias en Buenos Aires, fue pionero en implementar drásticos recortes a los presupuestos de gasto social, llevando a muchos jubilados a la pobreza y a decenas de miles de empleados públicos al desempleo.

Sin embargo, el panorama que antes se percibía como inmutable comienza a mostrar fisuras, algunas impulsadas por protestas sociales, como en Argentina, y otras por acciones de las instituciones democráticas, como el reciente juicio en Brasil que declaró culpable a Bolsonaro por incitar un golpe de Estado.

La hiperconcentración de poder y riqueza en Chile puede ser abordada desde dos perspectivas clave: mediante sindicatos que negocien según la rama de producción y a través de la participación activa de los trabajadores en los directorios de empresas, con el poder de decisión y representación equitativa.

Esto es esencial, junto con la existencia de sindicatos que puedan definir los términos de la relación laboral en las empresas y sectores productivos. Sin embargo, si la izquierda y progresistas no adoptan las causas que les otorgan identidad y relevancia social y política, será difícil que sean reconocidos por aquellos a quienes intentan representar.

El gran empresariado es consciente de esto. Siempre que se mencione la participación de trabajadores en directorios empresariales, se argumenta que es un planteamiento irreal, que no se aplica en ninguna parte del mundo, a pesar de que en varios países europeos, como Alemania, Noruega, Suecia y Dinamarca, esta participación es una realidad válida. En esos países, la proporción de representantes de trabajadores en los consejos de administración oscila entre un tercio, permitiendo a la fuerza laboral involucrarse en decisiones cruciales como capacitación, objetivos empresariales y salarios. Esta cogestión ha contribuido a una mayor cohesión social y reducción de desigualdades.

Aunque no prevalezca en todos los sectores ni alcance los mismos niveles de representación que en Europa, en Chile existen ejemplos en empresas estatales como Codelco, Ferrocarriles del Estado, TVN, BancoEstado y puertos estatales. Es fundamental fortalecer y expandir este modelo para lograr una distribución democrática del poder dentro de las empresas. La democracia debe ser política, social y económica, o de lo contrario, se convierte en un mero cascarón vacío.

La controversia desatada por el Banco Central también ha sacado a la luz una crítica importante sobre la tendencia casi inexorable del pensamiento económico neoliberal, que tiende a tratar la economía como la única variable en la complejidad de las sociedades modernas.

Sin embargo, esta perspectiva reduccionista es desmentida por la realidad, ya que los fenómenos económicos ocurren en contextos sociales influenciados por instituciones, culturas y relaciones de poder. La integración de enfoques de disciplinas como sociología, política, historia y antropología puede evitar reduccionismos técnicos y desarrollar políticas que aseguren, además de eficiencia, equidad y cohesión social.

Solo desde una perspectiva interdisciplinaria la economía puede desempeñar un papel verdaderamente transformador y sostenible en el tiempo.

Con Información de pagina19.cl

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